El hermano de la joven italiana desaparecida en 1983 Emanuela Orlandi, Pietro Orlandi, participa en un programa de la televisión italiana en Roma
El hermano de la joven italiana desaparecida en 1983 Emanuela Orlandi, Pietro Orlandi, participa en un programa de la televisión italiana en Roma - EFE

El Vaticano no cree que los huesos hallados en la nunciatura resuelvan el caso Orlandi

En los años 60 la mujer del guarda de la nunciatura de Roma desapareció y nunca fue encontrada

Corresponsal en RomaActualizado:

Se mantiene el gran misterio sobre los restos óseos encontrados el pasado lunes en la Nunciatura Apostólica de la Santa Sede ante el gobierno italiano, cuando se realizaba una reforma del pavimento. El hecho causó revuelo y de inmediato surgieron especulaciones sobre la posibilidad de que tales fragmentos de huesos fueran de Emanuela Orlandi, la joven de 15 años, hija de un empleado vaticano, desaparecida el 22 de junio 1983. Desde entonces el caso de Emanuela Orlandi, una ciudadana vaticana, ha sido uno de los misterios más oscuros de las últimas décadas en Italia, con gran repercusión también internacional. Pero en el Vaticano descartan en principio que ese hallazgo tenga relación con Emanuela Orlandi. En un primer examen de los huesos, en particular tras el análisis de la pelvis de un esqueleto que se descubrió casi intacto, se especificó que se trataba de una mujer joven.

El hallazgo lo realizaron cuatro obreros que trabajaban para reformar el pavimento de la casa del guarda de la nunciatura apostólica, un palacio conocido como «Villa Giorgina», situado en Via Po 27, en el barrio romano de Parioli. En otro punto distinto de ese aposento se encontraron otros restos óseos. De ahí que se pensara en que los huesos pertenecieran a dos personas. Pasará una semana para conocer el resultado de todos los análisis y comprobar si esos fragmentos óseos son compatibles con el ADN de los familiares de Emanuela Orlandi. Se debe comparar también con el ADN de la familia de Mirella Gregori, otra joven de 15 años, que desapareció el 7 de mayo 1983, una desaparición que se suele unir o relacionar con la de Emanuela Orlandi, porque estuvo próxima en la modalidad y en el tiempo –se produjo 45 días antes-.

Escepticismo en el Vaticano

En una entrevista al diario Repubblica, el obispo Gianfranco Girotti, regente emérito de la Penitenciaria Apostólica, destaca que en el Vaticano nadie cree que el hallazgo permita aclarar el misterio del caso Orlandi: «En el Vaticano todos piensan que los nombres de Emanuela Orlandi y Mirella Gregori no tienen nada que ver con el descubrimiento de los huesos bajo el pavimento de la Nunciatura Apostólica». Se impone, por tanto, la prudencia y cautela, pues ya en otras ocasiones se han encontrado restos humanos en edificios antiguos de propiedad de la Santa Sede. Así lo resalta también monseñor Girotti: «No es infrecuente encontrar fragmentos óseos humanos bajo iglesias o zonas extraterritoriales (propiedad de la Santa Sede). Creo que estos restos ahora encontrados no tienen nada que ver con Orlandi y Gregori. Puedo equivocarme, pero es lo que pienso».

Nueva pista

Además de interrogar a los cuatro obreros que descubrieron los huesos, la policía está entrevistando a otras personas que han vivido o tenido relación con ese palacio, cuyo propietario era un judío que lo dejó en herencia al papa Pio XII en el año 1949. Examinando la gente que habitó allí, surgen otros misterios. Uno de ellos se refiere a un guarda del edificio, que vivió allí en los años 60, y que da origen a una posible pista alternativa que está siendo verificada por la policía. El guarda vivía en unos aposentos con su mujer, pero su matrimonio era muy conflictivo, con peleas y continuas discusiones, hasta que la mujer desapareció en extrañas y misteriosas circunstancias. Ninguno tuvo posteriormente noticias de ella. Jamás fue encontrada. El marido justificó su ausencia diciendo que su mujer lo había abandonado de forma imprevista, precisamente porque estaban en completo desacuerdo. Ahora, con el descubrimiento del esqueleto de una mujer, se recuerda la vieja historia del guarda del edificio de la Nunciatura.