Militares estadounidenses en en la base Kun San en Seúl
Militares estadounidenses en en la base Kun San en Seúl - AP

Seúl «blinda» la presencia militar norteamericana en Corea del Sur

El presidente surcoreano corrige a su asesor y afirma que los militares de EE.UU. seguirán, al margen del acuerdo de paz con el Norte

CORRESPONSAL EN PEKÍNActualizado:

La reconciliación entre las dos Coreas, que puede acabar en un tratado de paz que ponga fin a la guerra que libraron entre 1950 y 1953, no significará la retirada de las tropas de Estados Unidos que permanecen acantonadas desde entonces en el Sur. Según informa la agencia Yonhap, así de claro lo dejó hoy el presidente surcoreano, Moon Jae-in, desmintiendo precisamente a uno de sus asesores, que había sugerido todo lo contrario.

Compuestas por 28.500 soldados, dichas fuerzas son «un asunto de la alianza entre Corea del Sur y EE.UU.» que «no tiene nada que ver con la firma de un tratado de paz», zanjó la cuestión Moon, según explicó su portavoz, Kim Eui-kyeom. De esta forma tan contundente, el presidente surcoreano salía al paso de los comentarios de su consejero especial Moon Chung-in. En un artículo en la revista «Foreign Affairs», este antiguo profesor de la Universidad de Yonsei planteaba la salida del Ejército estadounidense si acababa la tensión en la Península Coreana. «¿Qué pasará con las tropas de EE.UU. en Corea del Sur si se firma un tratado de paz? Será difícil justificar la continuidad de su presencia», escribió Moon Chung-in.

En pleno acercamiento al régimen del joven dictador Kim Jong-un, quien se reunirá a finales de este mes o principios del próximo con Donald Trump, sus palabras han alarmado a la Casa Azul, sede de la presidencia surcoreana. Con el presidente Moon Jae-in haciendo malabarismos políticos para convencer a Kim Jong-un de que abandone sus armas atómicas y a Trump para que apoye este proceso, la propuesta de su asesor enturbia sus hasta ahora impecables gestiones diplomáticas.

Por ese motivo, el Gobierno surcoreano ha cortado la polémica de raíz. «Nuestra postura es que las Fuerzas de EE.UU. en Corea están jugando el papel de mediador con otras grandes potencias de alrededor, como China y Japón. Dichas tropas son necesarias», aseguró un funcionario de la Casa Azul que prefirió no desvelar su identidad, a tenor de Yonhap.

Además, restó importancia a la opinión del consejero Moon Chung-in, que tildó de meramente personal. «El asesor especial Moon es un consejero por un lado, pero, por otra parte, es un profesor que disfruta de libertad de pensamiento y expresión. El presidente lo nombró como consejero especial para beneficiarse de tan amplia visión política a la hora de establecer el curso de sus directrices», justificó el funcionario.

Asesor díscolo

Por si no basta con la palabra del presidente, la Casa Azul también ha encomendado a su jefe de Gabiente, Im Jong-seok, que meta en cintura al asesor díscolo. «Además, el jefe de Gabinete Im ha llamado al consejero especial Moon para transmitirle las observaciones del presidente y pedirle que no cause más confusión», anunció el portavoz de la Casa Azul en una rueda de prensa, informa Yonhap.

La presencia de las tropas estadounidenses es uno de los asuntos más sensibles en el deshielo entre las dos Coreas, que celebraron el viernes pasado una cumbre histórica en el puesto fronterizo de Panmunjom. Allí, en pleno Paralelo 38 que separa a ambos países hermanos desde hace más de siete décadas, Kim Jong-un y Moon Jae-in se comprometieron a avanzar hacia la desnuclearización y la firma de un tratado de paz. Oficialmente, Seúl y Pyongyang siguen en armas porque lo que puso fin a la guerra de Corea fue solo un armisticio, no un tratado de paz.

Dicho tratado, que debería ser suscrito por EE.UU. y China como contendientes en el conflicto, es una de las claves para que Kim Jong-un se deshaga de su arsenal nuclear, o al menos de parte de él. De hecho, el tratado de paz es para el régimen comunista de Pyongyang más importante que las bases estadounidenses en suelo surcoreano. Aunque su retirada había sido hasta hace poco una condición indispensable para reabrir el diálogo, Kim Jong-un ya habría retirado dicha demanda y estaría dispuesto a coexistir con las tropas de Trump. Al menos, así se lo habría dicho Kim Jong-un al Ejecutivo surcoreano, según desveló la semana pasada el presidente Moon.

Tras apuntarse el tanto de su histórica reunión con Kim Jong-un, Moon informará a sus vecinos, China y Japón, en la cumbre trilateral prevista para la próxima semana en Tokio. Suspendida durante los tres últimos años por sus disputas territoriales, dicha cumbre reunirá a Moon Jae-in con el primer ministro nipón, Shinzo Abe, y el chino, Li Keqiang. Sobre la mesa estará la desnuclearización del régimen de Kim Jong-un, en la que ambos países quieren implicarse para garantizar la seguridad y la estabilidad en el nordeste de Asia. Junto a la distensión con Pyongyang, esta trilateral certificará la mejora de las relaciones entre los tres países vecinos, ya que hace siete años que los dirigentes surcoreanos y chinos no visitan Tokio.

Estadounidenses presos

Preparándose para la esperada cumbre de Trump y Kim Jong-un, la primera de dos mandatarios en activos de sus respectivos países, Corea del Norte ha trasladado de un campo de trabajos a un hotel de Pyongyang a los tres estadounidenses que tiene presos. Así se lo ha revelado a Yonhap el responsable de una organización que lucha por conocer el paradero de los surcoreanos secuestrados por Pyongyang tras la guerra, Choi Sun-yong. Condenados por «actos hostiles» contra el régimen, los tren podrían ser liberados antes o durante el encuentro de Trump con Kim Jong-un. Este gesto de buena voluntad mitigaría en parte el doloroso recuerdo por la muerte de Otto Warmbier, el joven estadounidense condenado por robar un póster de la propaganda que se pasó más de un año en coma hasta que Corea del Norte lo devolvió a su familia, con la que pudo morir en paz. Una paz que tanto buscan ahora las dos Coreas.