Proveedor colombiano de droga al cartel de Sinaloa. Varias operaciones estéticas han desfigurado su rostro - AFP | Vídeo: ¿En qué gastaba su fortuna el Chapo Guzmán?

Los secuaces del Chapo retratan al líder de los narcos

El macrojuicio a Joaquín Guzmán permite conocer de cerca a los protagonistas del universo sórdido de la droga

CORRESPONSAL EN NUEVA YORKActualizado:

Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, «el Chapo», asiste cada día impertérrito al desfile de testimonios y pruebas en su juicio en Brooklyn. El presunto narco, considerado uno de los líderes del cartel de Sinaloa, mantiene una expresión fría mientras la fiscalía desmenuza sus actividades criminales: la introducción de miles de kilos de cocaína de México a EE.UU. durante décadas, con la violencia y el fraude habituales del negocio.

La estrategia de su defensa es convencer al jurado de que el Chapo era un segundón en el narcotráfico, un tipo con ínfulas, convertido en mito por sus fugas de cárceles mexicanas. En realidad, los capos son otros y el énfasis en el Chapo conviene para protegerlos, aseguran. Si esta descripción de sus abogados es real, el acusado debe irse muchas noches a dormir irritado en su celda. Porque quienes se están comiendo el protagonismo son algunos de quienes fueron sus secuaces. Personajes como el Rey, el Gordo o el Chupeta -narcos que ahora cooperan con la justicia- han ofrecido horas de testimonio que componen un retrato detallado de las andanzas del Chapo.

Su paso por el juzgado es una demostración de que las cuatro temporadas de la serie «Narcos» y el aluvión de series y documentales dedicados al Chapo y a los cárteles mexicanos y colombianos se quedan cortos. Si no fuera por la muerte y el dolor que han provocado, sería para abrir una bolsa de palomitas cada mañana en el juzgado de Brooklyn.

«Rey» Zambada, el contable

Según el relato de su defensa, Ismael «Mayo» Zambada es el gran capo del narcotráfico mexicano, un fugitivo que nunca ha sido capturado porque tiene la protección de las autoridades, incluyendo a los presidentes de México. Uno de sus hermanos, Jesús «el Rey» Zambada, fue el primer testigo estrella. El Rey aseguró que el Chapo y su hermano eran los «líderes principales» del cartel de Sinaloa y, para desgracia del acusado, dio todo lujo de detalles sobre cómo estaba montado el negocio de la droga y sobre la participación del Chapo. Nadie mejor que él, que fue el contable del cartel, lo sabe. El Rey explicó cómo se movía la cocaína desde Colombia a México con lanchas rápidas, pesqueros y aviones. También repasó algunos de los episodios más sangrientos, como la guerra entre su cártel y el de Tijuana, liderado por los hermanos Arellano Félix. «Si algo le dio gusto, fue matar a Arellano», dijo el Rey sobre el Chapo tras el asesinato de su rival. El Chapo, sin embargo, no fue la única víctima de su prolijo testimonio. El Rey desgranó la extensa y tupida red de sobornos que permitía trabajar a los narcos, desde la policía local a la Interpol. Citó entre otros a altos cargos como Genaro García Luna, exministro de Seguridad, y a Gabriel Regino, que fue responsable de seguridad de la Ciudad de México cuando Andrés Manuel López Obrador, desde ayer presidente de México, era el alcalde de la capital federal.

«El Gordo» Martínez, el piloto promocionado

La relación entre el Gordo y el Chapo daría para una película. Empezó a trabajar como piloto y acabó como administrador de los negocios del narco y como conexión con los productores colombianos. El Chapo fue el padrino de sus hijos y ahora, según el Gordo, solo busca su muerte. Desde que fue detenido, los sicarios del acusado trataron de matarle cuatro veces, según relató en un testimonio apasionante. Tres veces a cuchillazos en la cárcel y una cuarta con dos granadas lanzadas a su celda.

El Gordo lleva años en Estados Unidos, donde es testigo protegido, pero su peligro no se ha esfumado. El juez no permitió que los dibujantes de juzgado retrataran su rostro, para no dar pistas a los sicarios. El Gordo apareció en el juicio envejecido, calvo y con bigote y dio detalles jugosos de la vida de su jefe, desde la construcción de túneles en Arizona para pasar droga o el uso de cargamentos de jalapeños para esconder la coca, hasta la vida de lujo del Chapo, sus jets, mansiones, fincas y viajes a Macao o Las Vegas para uno de sus vicios: el juego.

El Chupeta, el proveedor colombiano

El apodo del Chapo es por su baja estatura. Pero tuvo otros: el ingeniero, el doctor, el arquitecto y, sobre todo, el rápido. Lo sabe bien Juan Carlos «el Chupeta» Ramírez Abadía, el narco colombiano que fue el proveedor de cientos de toneladas de coca al cártel de Sinaloa. Aunque el Chapo se quedaba con un porcentaje más alto que otros narcos, hacía llegar la droga a Estados Unidos con gran celeridad y eficacia.

El Chupeta fue una presencia inquietante en el juzgado de Brooklyn. Tiene el rostro desfigurado por las operaciones quirúrgicas que se hizo para cambiar su apariencia, con la piel estirada y el mentón y los pómulos hinchados. Pero también por su relato de violencia: dijo que ordenó la muerte de 150 personas y detalló cómo acabó con un enemigo de un disparo en la cara. Este lunes proseguirá su testimonio.