Cristina Fernandez de Kirchner, durante una sesión del Senado el pasado 22 de agosto - Reuters

«Los nueve millones del convento eran de Cristina Kirchner»

López, el ex secretario de Estado sorprendido cuando intentaba ocultar el botín de los sobornos en el monasterio, confiesa que el dinero era de la expresidenta

Corresponsal en Buenos AiresActualizado:

El cerco sobre Cristina Fernández se estrecha. El fiscal Carlos Stornelli y el juez federal Claudio Bonadío cosechan cada día nuevas declaraciones de testigos «arrepentidos» y pruebas que colocan a la expresidenta a un paso de su desafuero y su detención. El último en señalar con el dedo acusador a la viuda de Néstor Kirchner es José López, el ex secretario de Estado descubierto mientras trataba de ocultar en un monasterio (pseudoconvento) casi nueve millones de dólares que ahora le adjudica a su exjefa.

López le confesó a Bonadío que el dinero y las joyas (relojes, pendientes, etc) incautadas, pertenecían a Cristina Fernández y él únicamente cumplía órdenes. En el caso de aquella noche insólita, (registrada en vídeo), a través de Fabián Gutiérrez, secretario personal de la actual senadora e intermediario recurrente en los asuntos turbios de la viuda de Kirchner.

Los detalles de aquella operación, modelo la serie «Breaking Bad» los publica en «La Nación» el columnista Joaquín Morales Solá. Las declaraciones de López confirman parte de los contenidos volcados en los llamados «Cuadernos de la corrupción», escritos por Óscar Centeno, chófer de Roberto Barata (extaxista y vendedor de quinielas convertido en número dos del Ministerio de Planificación) que describió con minuciosidad el sistema de recepción de pago de sobornos al matrimonio Kirchner así como a secretarios suyos y ministros como Julio de Vido, actualmente en prisión.

López le habría confirmado al juez federal que hubo «un paréntesis», como dijo el chófer, en la recolección de coimas (mordidas) tras la muerte del expresidente el 27 de octubre del 2010. De acuerdo al testimonio del hoy preso arrepentido (en paradero desconocido para la población), los hombres que formaban parte de la organización criminal para recaudar a los empresarios extorsionados (o no) no se atrevían a solicitar instrucciones a la por entonces presidente de Argentina. No estaban seguros de que ella supiera de aquellas maniobras. «Nadie quería ser el primero en describirle que, durante los cinco años anteriores el Gobierno había sido sobornados por importantes empresarios», reproduce Moralés Solá.

Todos guardaron silencio hasta que la viuda de Kirchner tomó las riendas de los negocios oscuros del poder y convocó a su despacho de la Casa Rosada a López, «un día a mediados del 2011». Fue entonces cuando «le mostró el cuaderno de Néstor Kirchner, una descripción tan obsesiva como la de Centeno del dinero que entraba en la familia por los negocios espurios». Bastaron unos minutos y Cristina le lanzó a López una pregunta directa e inesperada: «¿Vas a ser parte de la solución o del problema?». Fue entonces cuando López le explicó el modus operandi de la organización. Había empezado el fin del paréntesis de la corrupción. Todo volvería a funcionar como en los buenos tiempos de Néstor.

Los cerca de nueve millones que terminaron en el monasterio, donde dormían varias monjas, los recibiría López de manos de Fabián Gutiérrez. El ex secretario de Estado inicialmente dijo: «El dinero de los bolsos no es mío, era de personas de la política». Lo hizo en el tribunal oral federal TOF, pero ahora, con su confesión, añadió nombres propios.

La noche del convento

El del secretario fue determinante, ya que le advirtió de que «había que mover la plata», la misma que le llevaría personalmente, según su testimonio, el 13 de junio de 2016. Por la noche, cuando trataba de ocultarla en el monasterio que frecuentaban y hacían jugosas donaciones los ministros del Gobierno de Cristina Fernández, fue sorprendido con una mano en los bolsos y otras con un fusil Sig Sauer 522LR.

José López, en prisión desde hace más dos años, fue condenado a 19 meses de prisión por portación ilegal de armas de fuego durante aquella noche del convento de General Rodríguez. Permanece entre rejas, con prisión preventiva, por enriquecimiento ilícito pero ningún kirchnerista ni nadie, salvo los hombres de Bonadío, saben dónde está.

La Cámara Alta, hasta ahora, evitó suspender los fueros de la senadora Fernández. El argumento recurrente es que una primera instancia resulta insuficiente para ponerla a los pies de los caballos de la justicia. Bonadío no quiere tropezarse de nuevo con el mismo muro y esperará, observa Morales Solá, a que la Cámara Federal ratifique su decisión. Es decir, que haya una resolución judicial común en doble instancia. Ese día, el Senado tendrá difícil decir no a la retirada de fueros.