Nicola Sturgeon, durante una sesión parlamentaria sobre el Brexit, este martes en Edimburgo
Nicola Sturgeon, durante una sesión parlamentaria sobre el Brexit, este martes en Edimburgo - Reuters

May se niega a que el Parlamento vote el acuerdo final del Brexit

La primera ministra escocesa vuelve a amenazar con la independencia si Escocia no se queda en el mercado único europeo

Corresponsal en LondresActualizado:

Pasados seis meses de la votación que dio la victoria al Brexit, las posiciones sobre el asunto empiezan a parecer el día de la marmota, como si visualizó este martes con las comparecencias para hablar del asunto de las primeras ministras del Reino Unido y Escocia.

Theresa May, que fue interrogada durante una hora en una comisión del parlamento, sigue sin detallar su plan, tal vez porque algo tan sencillo como que todavía no lo tiene, y se limitó a enfatizar que no permitirá que el Parlamento vete el acuerdo final del Brexit, porque dice no estar dispuesta a que la Cámara pueda revertir lo que decidieron los británicos con sus votos.

Según los cálculos de Sturgeon, el Brexit duro, por el que al principio parecía inclinarse May, costaría a Escocia 80.000 empleos

Por su parte, Nicola Sturgeon exigió a Londres que el acuerdo con la UE preserve el acceso de Escocia al mercado único. En caso de que no sea así, volvió a amenazar con su mantra habitual: un segundo referéndum de independencia, cuando lo cierto es que los separatistas fueron derrotados hace poco más de dos años y entonces dijeron que aquella consulta zanjaría el debate «para una generación».

May proclamó de modo bastante voluntarista que cree que en dos años el Reino Unido podrá estar fuera de la UE y con un nuevo acuerdo comercial ya firmado. Es un cálculo que nadie comparte, fuera de algunos ministros brexiters de su gabinete. Hace unos días, el embajador británico ante la UE, el experimentado sir Ivan Rogers, declaró que cerrar todos los flecos y completar la salida completa llevará al menos diez años. Por su parte, el francés Michel Barnier, que será el jefe del equipo negociador europeo, discrepa por completo del punto de May y cree que las leyes de la UE no permiten que se negocie un nuevo acuerdo comercial hasta que se haya cerrado por completo la salida del Reino Unido.

La primera ministra británica anunció también que a comienzos de año ofrecerá un discurso donde por fin concretará detalles sobre su modelo de Brexit.

Su meta de siempre

Por su parte su homóloga escocesa, Sturgeon, propuso como fórmula que el Reino Unido siga el modelo de Noruega y mantenga el acceso al mercado único sumándose al Área Económica Europea. Lo cierto es que si hacen eso los británicos seguirán contribuyendo al presupuesto europeo y tendrán que transigir con la libre circulación de comunitarios, dos principios que eran anatemas para la campaña del Leave. Como siempre, Sturgeon argumentó que en Escocia el «in» ganó 62%-38%, por lo que no puede verse arrastrada fuera de Europa por ingleses y galeses. Según sus cálculos el Brexit duro, por el que al principio parecía inclinarse May, costaría a Escocia 80.000 empleos.

La comparecencia de Sturgeon fue en realidad una alambicada propuesta para llegar a su meta de siempre: amenazar con un segundo referéndum de independencia.