Dominic Raab asiste a una conferencia de prensa con el jefe negociador del Brexit de la UE
Dominic Raab asiste a una conferencia de prensa con el jefe negociador del Brexit de la UE - Reuters

Londres y Bruselas pasan a la negociación permanente para tratar de evitar la ruptura

La noticia ha ayudado a un cierto repunte de optimismo en los mercados financieros británicos

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La Unión Europea y el Reino Unido han decidido que a partir de ahora las negociaciones sobre su divorcio se llevarán a cabo de forma continuada, es decir, sin esperar los periodos de cuatro semanas que se habían establecido al inicio del proceso, como un último intento para evitar una ruptura desordenada. Ayer concluyó el último de estos periodos regulares, de modo que los dos jefes negociadores, el europeo Michel Barnier y, el ministro británico para el Brexit Dominic Raab, se volverán a reunir la semana que viene en Bruselas, bajo esta nueva fórmula de trabajo.

A consecuencia de ello, la libra esterlina alcanzó ayer su nivel más alto en dos semanas gracias en parte al optimismo cauteloso sobre el resultado de las negociaciones. No hay datos concretos sobre el desarrollo de las negocaiciones y de hecho no se ha informado de los eventuales resultados de la ronda de esta semana, pero esta actitud de los negociadores ha suscitado un cierto aroma de optimismo en ciertos medios. Este optimismo no contradice los análisis que siguen insistiendo en el hecho de que las empresas han reducido sustancialmente su nivel de inversiones, ante la incertidumbre que sigue afectando al resultado de las negociaciones. La libra ha perdido el 20% de su valor respecto al euro y al dolar en los últimos tres años.

El verdadero punto clave está ahora en octubre, cuando se calcula que tiene que haberse llegado a un acuerdo para tener tiempo de traducirlo y ratificarlo en todos los parlamentos de los países miembros. Los 18 y 19 de octubre se celebrará un Consejo Europeo que debería bendecir el acuerdo. Desde fuentes comunitarias se señala también que si no fuera así y en octubre no se hubiera alcanzado un resultado satisfactorio, probablemente sería necesario celebrar una cumbre extraordinaria en noviembre para hacer frente a la situación.

Barnier y Raab han decidido que la negociación entre las dos partes se va a llevar a cabo de forma «continuada» de aquí a octubre y que ellos mismos se reunirán regularmente para impulsar políticamente el proceso. Los equipos de negociadores se han reunidos hasta ahora dejando tiempos para preparar primero y analizar después las rondas de discusiones directas. Sin embargo, los británicos han consumido gran parte de estas reuniones dando vueltas a la situación, sin entrar en el grueso de los grandes asuntos, ante las tremendas divisiones internas en el seno del Gobierno británico.

Tres aspectos claves

Los medios de prensa de Londres le siguen reprochando a Barnier lo que consideran como una evidente falta de flexibilidad, lo que a su juicio está haciendo imposible el acuerdo. El propio Barnier rechazó tajantemente estas insinuaciones diciendo que «la UE no se va a dejar impresionar por el juego de echarle las culpas». Algunos diarios británicos han empezado a decir también que el político francés no puede permitirse fracasar en las negociaciones del Brexit, porque ello cegaría todas sus ambiciones de convertirse en el nuevo presidente de la Comisión y suceder a Jean-Claude Juncker el año que viene. Es cierto que la de Barnier es una de las candidaturas más importantes, al menos para ser el candidato del Partido Popular Europeo, al que pertenece. Pero esa interpretación del «Telegraph» es cuando menos ilusoria.

En su última comparecencia Barnier dijo que la posibilidad de que el Reino Unido salga de la UE de modo «caótico» porque no se ha llegado a un acuerdo, sería «la forma más costosa del Brexit» y que por ello, la parte europea no está trabajando con este objetivo. Su colega británico Raab dijo, sin embargo, que prepararse para esa eventualidad sería «una forma de actuar con responsabilidad».

Por ahora, las negociaciones siguen centradas en los tres aspectos esenciales. El más superficial de todos es el de las indicaciones geográficas que es donde los británicos están siendo inflexibles a pesar de que conocen el peso de este concepto en el mercado europeo. Los otros dos, la frontera entre Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte y la definición política de la futura relación que tendrá el Reino Unido con la UE están claramente vinculados, porque solo pueden encontrar un acomodo sencillo si Londres aceptase mantenerse al menos en el mercado único o en una unión aduanera. La única parte en la que las cosas van como la seda, al menos desde el punto de vista político, es en la cooperación en materia de seguridad y defensa.

En caso de que se llegase al día fatídico del 29 de marzo de 2019 sin un acuerdo, el reino Unido se encontraría fuera de la UE sin ningún paraguas legal para mantener actividades tan vitales como la navegación aérea. La idea de un segundo referéndum no ha sido descartada del todo, pero parece altamente improbable en estos momentos. Y por si acaso, el principal impulsor del Brexit, el eurodiputado nacional populista Nigel Farage se ha propuesto iniciar una nueva campaña de propaganda para recabar apoyos a sus tesis rupturistas, a base de seguir engañando a los electores diciéndoles que la ruptura que predica no tendría consecuencias.