Una niña siria sonríe desde un camión en un puesto de control en Líbano
Una niña siria sonríe desde un camión en un puesto de control en Líbano - Afp

Líbano y Rusia negocian repatriar a 900.000 refugiados sirios

Moscú asegura que el gobierno de Al Assad no tomará represalias para quienes retornen a su país

Corresponsal en BeirutActualizado:

Preocupación en torno a la iniciativa rusa para repatriar a cerca de 900.000 refugiados sirios a su país sin garantías de seguridad. El controvertido plan fue presentado este jueves en Beirut por el enviado de la delegación rusa para Siria, Alexander Lavrentiev, en presencia del presidente libanés, Michel Aoun; el jefe del Parlamento, Nabih Berri, y el primer ministro, Saad Hariri.

El presidente Aoun se mostró satisfecho ante una medida que supondría un alivio para la estancada economía libanesa –según el Gobierno, un millón y medio de sirios viven en el país– y comunicó que su gabinete formará un comité de seguimiento con los rusos para examinar los detalles técnicos de dicha repatriación.

Medios de comunicación libaneses afirman que Moscú ha propuesto la creación de grupos de trabajo en Líbano y Jordania, este último país con una cifra oficial de 667.000 refugiados, aunque el reino hachemita habla del doble.

Después de reunirse el miércoles con el presidente sirio Bashar al Assad, Lavrentiev ha pedido a la comunidad internacional que contribuya en este proceso e insiste en que los sirios que regresen no sufrirán represalias por parte del presidente o de su aparato de seguridad.

Temor a la persecución

De acuerdo con el diplomático ruso, Assad está listo para «dar la bienvenida a todos los habitantes de Siria». Sus declaraciones han sido recogidas con escepticismo por muchos refugiados en Líbano y Jordania, quienes todavía temen la persecución del Gobierno si vuelven a sus casas.

El enviado ruso ha reconocido la inquietud de los desplazados y recordado que, sin embargo, se producen retornos diarios de población a territorios que se hallan bajo control del Gobierno. Igualmente, ha señalado que el régimen sirio no se halla en condiciones de suministrar ayuda financiera a los retornados por lo que urgió a otros países a realizar donaciones.

De acuerdo con Efe, Rusia todavía no ha especificado las líneas maestras de su plan. Se desconoce cuándo tendría lugar la repatriación de los refugiados y la forma en que ésta se haría, mientras los rusos permanecen a la espera de una respuesta a su proposición por parte de Estados Unidos, los países europeos y las Naciones Unidas.

Los medios libaneses citan, por su parte, a oficiales rusos afirmando que 890.000 refugiados podrían volver a Siria desde Líbano, 300.000 desde Turquía y 200.000 desde países de la Unión Europea. Alrededor de 5,6 millones de sirios se han registrado como refugiados en la región.

Los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de Estados Unidos, Donald Trump, plantearon recientemente el espinoso tema en una cumbre en Helsinki, pero la ONU, en primera línea en este asunto a través de su agencia para los refugiados, Acnur, admite «no haber estado involucrada en las conversaciones».

Tanto Naciones Unidas como diferentes ONG de derechos humanos han advertido repetidamente contra los retornos forzosos de los refugiados sirios a un país devastado por la guerra y en el que los combates siguen todavía activos en ciertas áreas del norte y el este.

El movimiento ruso es visto por los analistas como un intento de ayudar a Assad a recuperar el control del territorio de manos de los extremistas después de siete años de conflicto.

Para el Gobierno del Líbano, la presencia de refugiados ha supuesto una amenaza existencial en un país de apenas cuatro millones de habitantes y escasos recursos, y se ha pedido en numerosas ocasiones el retorno voluntario de los sirios a zonas seguras.

Las autoridades libanesas trabajan desde hace semanas con Damasco para devolver a refugiados sirios a su país de origen y, hasta el momento, cientos de ellos han dejado el Líbano.

A principios de junio, el Ministerio de Relaciones Exteriores libanés acusó a Acnur de obstruir intencionadamente el regreso de los refugiados, ordenando, a modo de protesta, la congelación de los permisos de residencia para el personal internacional de la agencia de la ONU.