El expresidente Juan Manuel Santos, durante la entrevista co ABC en la Casa de América
El expresidente Juan Manuel Santos, durante la entrevista co ABC en la Casa de América - Maya Balanya
ENTREVISTA

Juan Manuel Santos: «Para que Maduro deje el poder hay que negociar y darle una salida digna»

El expresidente colombiano y Nobel de la Paz presentó este martes en Madrid su libro «La batalla por la paz» en el que relata el proceso de los acuerdos de paz con las FARC

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Al expresidente colombiano y Premio Nobel de la Paza, Juan Manuel Santos, han debido de sonarle los oídos durante todo este fin de semana. El motivo: la repercusión en las redes sociales de su nuevo libro «La batalla por la paz» (Editorial Península), en el que hace un pormenorizado relato de cómo fue el proceso hasta lograr firmar los históricos acuerdos de paz con las FARC, en 2016. En él dedica amplios capítulos tanto a aquellos que soplaron a favor del acuerdo -principalmente actores y organismos internacionales- como de aquellos que intentaron frenarlo y abortarlo -procedentes del interior de Colombia-. Ese fue el caso de su antecesor en el cargo, el expresidente Álvaro Uribe, de quien dice en el libro ejerció una «persistente y obstinada oposición» para que no tuvieran éxito.

Portada del libro
Portada del libro

El texto, de casi 600 páginas y con prólogo del expresidente Felipe González, es también una especie de memorias del exmandatario colombiano que giran en torno a la gran obsesión en que se convirtió para él alcanzar la paz en Colombia después de 50 años de conflicto, que comenzó «cuando yo tenía 12 años». Una obsesión que dio sus primeros pasos en los años 90, durante el Gobierno de Samper, y que culminó con la firma de los acuerdos en 2016. Este empeño, en el que otros antes que él fracasaron -como los presidentes Belisario Betancur, César Gaviria y Andrés Pastrana-, le granjeó acusaciones como la de «conspirador» o la de «traidor», palabra esta última que ha vuelto a emerger, tras la publicación de libro, en las redes sociales transformada en hashtag.

Héroe, para unos; villano, para otros, Santos es un hombre de paz, que no ha dudado en hacer uso de sofisticadas operaciones militares -que relata pormenorizadamente en el texto-, desde su cargo como ministro de Defensa durante la presidencia de Uribe, para neutralizar a los principales cabecillas de la guerrilla. Santos justifica su Premio Nobel por «haber hecho la guerra para lograr la paz contra las FARC».

Tampoco evita hablar de temas espinosos, como sus relaciones y acercamientos a los regímenes bolivarianos, liderados por Hugo Chávez -«mi nuevo mejor amigo», llegó a bromear-, primero, y después por Nicolás Maduro, en Venezuela; así como al presidente ecuatoriano Rafael Correa. Una medida estratégica tomada, a pesar de sus diferencias ideológicas, como subraya de manera reiterada en el libro, con el fin de contar con su apoyo regional y mediación en las conversaciones que tuvieron lugar en La Habana durante cuatro años. Decisiones estas que le han granjeado numerosas críticas.

Santos recaló ayer en Madrid, en la Casa de América, para presentar «La batalla por la paz» con media campaña de promoción hecha por sus enemigos desde las redes sociales. No parece incomodarle la tormenta provocada por su libro. Se sonríe cuando se lo mencionamos. Asegura que apenas sigue las redes sociales. «Muy poco. Son mis hijos quienes me lo cuentan». Y también le defienden desde ellas.

¿Cuál era el objetivo de este libro?

El objetivo es múltiple. Primero, como decía Churchill, si uno no escribe la historia, se la escriben. Y generalmente se la escriben mal. Entonces había que narrar lo que sucedió, con la mayor objetividad posible, algo que habiendo sido protagonista es difícil. Por otro lado, el proceso de paz fue muy sui géneris, pues tiene aspectos novedosos y útiles para la solución de otros conflictos, por eso quise extraer también las lecciones que aprendimos durante el proceso. Y, tercero, quería contar anécdotas, tanto personales como políticas, que no son conocidas y que tienen relevancia en un proceso como este. Creo que es importante que la gente las conozca.

¿Cree que la información que aquí se expone, revelando muchos detalles internos del proceso, convecerá a algunos de sus críticos y terminará aplaudiendo estos acuerdos de paz?

Lo que este libro hace es poner los puntos sobre las íes, y contar lo que realmente sucedió. No lo que mucha gente, de forma deliberada, quiso decir que iba a suceder. Además los hechos han demostrado que no era cierto que estaba entregnado el poder a las FARC, que no era cierto que iba a desaparecer la Policía o el Ejército, que le íbamos a quitar los recursos a los pensionados, que no era cierto que yo era un comunista infiltrado... Las grandes mentiras que se dijeron quedaron desvirtuadas por los hechos. En procesos como estos, a la larga salen a relucir.

«Las grandes mentiras que se dijeron sobre lo que iba a suceder tras firmar los acuerdos de paz han sido desvirtuadas por los hechos»

¿Cuál fue la decisión más difícil que tuvo que tomar durante la negociación de los acuerdos de paz?

Cuando me informaron que tenían localizado al cabecilla (Alfonso Cano) de las FARC, con quien yo había iniciado, indirectamente, comunicación. Y me preguntaron si autorizaba la operación contra él. Era difícil porque sabía que eso podía poner en tela de juicio el proceso. Aunque me sentí, por otro lado, tranquilo porque esas eran las reglas del juego. Yo les dije a las FARC que la guerra continuaba y que íbamos a hablar en medio de la guerra. "Ustedes pueden atentar perfectamente contra mi vida. Eso es parte de la guerra, pero no esperen ningún tipo de contemplación por mi parte". Creo que a la larga me respetaron más por eso, por respetar las reglas del juego que habíamos establecido.

Si bien Uribe siempre se ha manifestado contra el proceso de paz con las FARC desde que usted lo anunció en 2010, se puede decir que la mano dura que empleó durante su gobierno (2002-2010), del que usted fue ministro de Defensa, facilitó la posterior negociación pues situó al Estado en una posición de fuerza, que no tenía durante el mandato de Pastrana...

Sin duda. Para comenzar, nadie había tocado nunca, en 40 años de conflicto, a ningún miembro del secretariado (junta directiva de la guerrilla). Cuando fui ministro de Defensa me empeñé en llegar hasta ellos. Una de las condiciones más importantes era convencer también a los comandantes que para ellos era mejor negociar la paz que continuar la guerra. Y eso se hizo durante el Gobierno de Uribe y mi ministerio de Defensa.

Mientras terminaba con el conflicto de las FARC se abrió otra la guerra, la suya con el expresidente Álvaro Uribe, que le acusó de traición por emprender el proceso de paz...

La paz nunca ha sido fácil de hacer. Hay múltiples ejemplos. Mire lo que le pasó a Isaac Rabin. Abrió una guerra con su propio partido y después le costó la vida. Siempre hay opositores en procesos como este, pero a la larga, si uno cree que lo que hace es correcto, en este caso negociar la paz lo era, las cosa finalmente salen a relucir y funcionan.

Dedica mucho espacio a retratar la posición de Uribe y las actuaciones de este frente a los acuerdos y frente a usted, hasta el punto de revelar incluso el contenido de encuentros privados con el Papa. ¿Era necesaria tanta información? ¿Es un ajuste de cuentas contra él?

Traté, en la medida de lo posible, que esto no fuera un ajuste de cuentas con mis opositores, porque no solamente está Uribe. Hay muchos opositores. Y tampoco quise que esto fuera una acumulación de elogios hacia los que me apoyaron. Quise ceñirme a la verdad, a los hechos y a las lecciones. Creo que, aunque a alguno no le guste, ese equilibrio lo encontrarán en el libro.

Reconoce en el libro que convocar el plebiscito para que el pueblo colombiano refrendara los acuerdos de paz, y que este rechazó para sorprensa de muchos, incluido usted, fue un error. Error que no volvería a repetir ¿Pecó de optimismo o de arrogancia al plantearlo?

De todo. De arrogancia, de soberbia, de optimismo y de ingenuidad. Nunca pensé que todas esas mentiras que se dijeron alrededor del plebiscito sobre el proceso la gente las iba a creer, pero muchos lo hicieron.

«Al convocar el plebiscito pequé de optimismo, arrogancia, soberbia e ingenuidad»

¿Los acuerdos de paz fueron una víctima más de las Fake news?

Sí, lo fueron. Y le voy a dar un ejemplo: nosotros negociamos un capítulo de género con las FARC, porque las mujeres son las más víctimas de las víctimas. Y este acuerdo colocó, por primera vez, a las víctimas en el centro de la solución del conflicto. Ese capítulo de género los enemigos del proceso lo interpretaron malévolamente como una forma escondida de colocar en nuestra Constitución la teoría de la ideología de género, que no tiene nada que ver con una política a favor de la mujer. Tiene que ver con la creencia de que nacemos sin ser hombres ni mujeres, que nos vamos formando a lo largo de la vida. Y eso, por supuesto, es anatema para todas las religiones. Eso empezó a correr, e incluso el propio procurador general de la nación lo dijo. Y todos los pastores cristianos y sacerdotes dijeron que se votara No. Me di cuenta de eso cuando faltaba una semana para el plebiscito. Nunca imaginé que tuviera tal efecto. Después hicimos una encuesta para ver cuál fue el motivo de que se rechazara el acuerdo, y el 35% de los votos negativos fue por ese motivo. Reuní a los pastores para modificar el acuerdo respecto a ese punto, y entonces me confesaron que no habían leído el acuerdo. Que se habían guiado por lo que había dicho el procurador general.

Uno de los puntos más controvertidos son las penas que deberán pagar los exguerrilleros por los crímenes cometidos. Laxas para muchos, que critican que estos acuerdos permiten la impunidad frente a años de violencia y asesinatos. ¿Cuándo van a comenzar a ser juzgados?

La Justicia Especial para la Paz (JEP) está diseñada precisamente para que no haya impunidad, pero no es la típica de barrotes. Es más restaurativa a las víctimas. Está comenzando a funcionar. Ya están rindiendo testimonio los más responsables de los crímenes de la humanidad, y van a ser juzgados y sancionados. No va a haber impunidad.

En el libro da cierto margen a su sucesor en la presidencia, Iván Duque, a la hora de que respete los acuerdos de paz y los implemente durante su mandato. Sin embargo, Duque anunció que haría cambios en los acueros antes de asumir el cargo, y hace unos días desveló su intención de modificar varios artículos de la JEP. ¿Le preocupa que esto pueda perjudicar a los acuerdos de paz en el futuro?

Me preocupa que no cumpla lo que está diciendo que va a hacer. Iván Duque ha dicho a la comunidad internacional que va a cumplir con los acuerdos. Y que sus mandos medios puedan demorar el cumplimiento de puntos del acuerdo. Pero no me preocupa que vaya a echar al traste el acuerdo porque es irreversible. No puede aprobar reformas que vayan contra ellos porque la propia Corte Constitucional estableció muy claramente que ningún Ejecutivo, en los próximos tres gobiernos, pudiera tomar medidas que fueran contrarias al cumplimiento de los acuerdos.

«No me preocupa que Iván Duque vaya a echar al traste los acuerdos de paz porque son irreversibles»

Usted ha llevado la paz a Colombia, ¿si le ofrecieran ahora ser mediador en algún conflicto o crisis, como las de Venezuela o Nicaragua, aceptaría?

Depende de las circunstancias y las condiciones para poder mediar. El Premio Nobel de la Paz me impone unas responsabilidades para buscar la paz en el mundo, por las cuáles no podría decir que no.

¿Cómo ve la situación que atraviesa actualmente Venezuela? ¿Hay todavía espacio para el diálogo?

Si no hay negociación en Venezuela no veo cómo se puede encontrar una solución que sea pacífica. Lo peor que puede pasar ahora es que Venezuela se incendie en violencia y en algún conflicto interno. Por la situación tan deteriorada que existe eso puede durar muchos años o décadas. Por eso la negociación, no solo en Venezuela sino en cualquier conflicto, es el camino más efectivo para poder teminar con él.

Usted que conoce a Nicolás Maduro, ¿le ve capaz de abandonar el poder en Venezuela?

Claro que sí. Todo ser humano está interesado en sobrevivir. A Maduro hay que darle una salida digna. Los que pretenden que Maduro simple y llanamente vaya a dejar el poder están muy equivocados. Maduro, ni ninguna persona, se va a ir a la cárcel y acabar su vida, como le sucedió a Noriega, sin defenderse hasta la muerte. Por eso es tan importante encontrar una salida negociada.