Moon Jae-in y Kim Jong-un
Moon Jae-in y Kim Jong-un - EFE

Kim Jong-un renuncia a sus misiles para dialogar con Trump

En la cumbre con el presidente surcoreano, promete cerrar su reactor nuclear dependiendo de la respuesta de EE.UU.

Corresponsal en PekínActualizado:

Tras la histórica cumbre de abril en el Paralelo 38 con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, y de junio en Singapur con el estadounidense, Donald Trump, el joven dictador Kim Jong-un sigue adelante con su deshielo. Con el fin de retomar el diálogo con Trump y que este le levante las sanciones que asfixian su economía, el caudillo norcoreano renunció este miércoles a sus misiles y, dependiendo de la respuesta de Estados Unidos, incluso estaría dispuesto a cerrar su reactor nuclear.

Así lo prometió en la declaración conjunta que firmó al término de su tercera cumbre con Moon Jae-in, que venía celebrando desde el martes en Pyongyang y concluye este jueves con una visita al monte Paektu, enclavado en la frontera del Norte con China y «sagrado» para los coreanos.

«Corea del Norte acuerda desmantelar permanentemente su base de pruebas de motores y lanzamiento de misiles de Dongchang-ri con la presencia de expertos de los países relacionados», reza el comunicado, traducido al inglés por la televisión KBS. De igual modo, el régimen comunista de Pyongyang «expresó su intención de dar pasos adicionales, incluyendo la clausura de las instalaciones nucleares de Yongbyon, si EE.UU. toma las medidas oportunas en línea con la declaración del 12 de junio», prometió refiriéndose a lo pactado ese día en la cumbre con Trump en Singapur.

«Por primera vez, hemos acordado pasos concretos hacia la desnuclearización», anunció Moon en una comparencia conjunta con Kim, quien aseguró que «las dos Coreas haremos de la península un lugar sin armas ni amenazas atómicas». Tras la rúbrica de la declaración en la residencia de invitados estatales de Paekhwawon, que fue emitida en directo por televisión en Corea del Sur, ambos coincidieron en «eliminar todas las fuentes de conflicto», lo que supone también una velada referencia a la presencia de los 28.000 soldados de Estados Unidos acantonados en la frontera entre ambos países a la altura del Paralelo 38.

«La declaración de septiembre abrirá un nivel más alto para la mejora de relaciones y traerá más cerca una era de paz y prosperidad», señaló Kim Jong-un. Pero el joven caudillo no dijo nada sobre entregar un inventario «completo y verificable» con sus armas atómicas e instalaciones nucleares, como le exige la Casa Blanca. Entre ellas destacan sus lanzaderas móviles y submarinos capaces de disparar misiles, así como sus centrifugadoras para enriquecer uranio.

Tal y como había avanzado antes de la cumbre, el presidente surcoreano confía en que estos gestos sirvan para reabrir el diálogo con Washington. Tras esta cumbre de Pyongyang, Moon Jae-in viajará a EE.UU., donde el martes se reunirá con el presidente estadounidense en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, informa Yonhap.

Junto a estos acuerdos, ambos dirigentes se comprometieron a estrechar las relaciones entre las dos Coreas, retomando sus conexiones por tren y carretera y estudiando la reapertura del polígono industrial de Kaesong, en pleno paralelo 38, y del complejo turístico del monte Kumgang «cuando se cumplan las condiciones oportunas». En dicho hotel, donde tienen lugar las reuniones de familias separadas por la guerra, se habilitarán unas instalaciones permanentes para que dichos reencuentros sean más frecuentes.

Como prueba de su buena sintonía, Kim Jong-un prometió visitar Seúl «en un futuro cercano», lo que sería el primer viaje de un dirigente norcoreano al Sur y podría tener lugar antes de final de año.

Demostrando su unidad, las dos Coreas incluso quieren organizar de forma conjunta las Olimpiadas de 2032, lo que supondría el final perfecto para este deshielo que empezó con los Juegos de Invierno celebrados en febrero en PyeongChang, en el Sur. Con Kim Yo-jong, la hermana del joven dictador, en el palco, las delegaciones de ambos países desfilaron juntas bajo una misma bandera y algunos equipos compitieron unidos.

Para reducir la tensión entre ambas partes, los ministros de Defensa del Norte, No Kwang-chol, y el Sur, Soon Young-moon, también suscribieron otro acuerdo que prevé suspender sus maniobras militares y navales a partir del 1 de noviembre, establecer una zona de exclusión aérea para evitar accidentes y eliminar once torretas de vigilancia en su frontera a finales de año.

Confiando en que esta tercera cumbre dé un impulso definitivo a las negociaciones de desarme nuclear abiertas con EE.UU., el presidente surcoreano declaró satisfecho que «se han plantado las semillas de un futuro en paz». Como broche final, Moon Jae-in asistió anoche a los Juegos de Gimnasia Masiva Arirang, un espectáculo con decenas de miles de personas haciendo acrobacias sincronizadas en el Estadio Primero de Mayo mientras en las gradas se dibujan carteles propagandísticos. Si antes los principales motivos eran bélicos contra «los imperialistas americanos», ahora son palomas de la paz.