Carrie Lam, durante la rueda de prensa - Reuters / Vídeo: Atlas

La jefa del Gobierno de Hong Kong asegura que la ley de extradición a China «está muerta»

Forzada por la última gran protesta del domingo, Carrie Lam insiste en que no se tramitará, pero no aclara si la retirará totalmente, como le exigen los manifestantes

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Cuando se cumple un mes exacto del inicio de las protestas en Hong Kong contra la ley de extradición a China, la jefa del Gobierno local, Carrie Lam, ha asegurado que esta controvertida moción «está muerta» y que la confianza ciudadana en su gestión es “frágil”. Según informa el periódico «South China Morning Post», así lo ha declarado este martes a la Prensa antes de la reunión del Consejo Ejecutivo, que por fin ha vuelto a su sede gubernamental tras celebrarse la semana pasada en la residencia oficial de Lam y suspenderse las dos semanas anteriores por la fuerte movilización popular.

Con estas palabras, la jefa del Gobierno cambia su discurso anterior, cuando aseguró que el proyecto de ley «morirá» al no tramitarse ante el Parlamento local antes del final de la legislatura en julio del próximo año. Pero Lam no ha aclarado todavía si el Gobierno retirará esta polémica ley, que ha revolucionado a la ciudad desde hace justo un mes.

El domingo 9 de junio, Hong Kong se echó a la calle en masa para mostrar su rechazo a dicha iniciativa, que permitiría la extradición a China continental para los reclamados por ciertos delitos. Las autoridades aseguran que las extradiciones serían solo para delitos de sangre y violentos penados con más de siete años de cárcel, como crímenes y violaciones. Pero la mayoría de los hongkoneses teme que dicha ley les merme sus libertades, mayores que en el resto del país, y su independencia judicial, reconocida por el modelo de «un país, dos sistemas» establecido tras la devolución a China por parte del Reino Unido en 1997. Además, a los hongkoneses les espanta la mera idea de ser juzgados en los tribunales de China, que están al servicio del autoritario régimen del Partido Comunista y donde el 99,92 por ciento de los casos acaba en condena. Movilizándose contra dicha posibilidad, ese día se manifestaron más de un millón de personas, según los organizadores, mientras que la Policía redujo la asistencia a 240.000.

Manifestaciones históricas

Para impedir la tramitación de la ley, decenas de miles de personas, la mayoría jóvenes y adolescentes, bloquearon el Parlamento el miércoles 12 de junio, cuando la Policía los dispersó con gases lacrimógenos, espray de pimienta y alguna que otra pelota de goma. La contundente actuación policial, poco habitual en una ciudad tan apacible y cívica como Hong Kong, provocó una ola de indignación ciudadana que se sumó al rechazo a la ley de extradición y al control cada vez mayor de Pekín.

Forzada por las protestas, Lam anunció la suspensión «sine die» de la ley el sábado 15 de junio. Pero no fue suficiente. Al día siguiente, Hong Kong vivió la mayor manifestación de su historia, que congregó a casi dos millones de personas, según sus organizadores, y 338.000 a tenor de la Policía.

Con marchas, concentraciones y hasta ocupaciones de edificios públicos, como el violento asalto al Parlamento del domingo 1 de julio, la agitación social y política está siendo constante en Hong Kong, que se enfrenta a una gravísima crisis que ya ha salpicado a Pekín. En plena guerra comercial con Estados Unidos, al presidente chino, Xi Jinping, le sacaron los colores en la reciente cumbre del G-20 en Osaka, donde otros líderes mundiales, como el primer ministro japonés, Shinzo Abe, y el presidente estadounidense, Donald Trump, le recordaron las protestas pro-democráticas de Hong Kong.

Contra Pekín

Con la sociedad levantada en pie de guerra, otra masiva manifestación volvió a tomar las calles el domingo. Convocada en la zona de Kowloon, apuntó directamente al régimen de Pekín al pasar por las calles comerciales que frecuentan los turistas venidos de China y acabar en la estación del tren de alta velocidad que comunica con el continente, cerrada para evitar incidentes y blindada por la Policía. Mientras los organizadores anunciaron 230.000 personas, las autoridades rebajaron la asistencia a 56.000.

Al margen de la cifra, fue una nueva demostración de fuerza de los manifestantes, que han prometido seguir movilizándose hasta que el Gobierno acepte sus demandas. Además de la retirada total de la ley de extradición, reclaman la dimisión de Carrie Lam, una investigación a la Policía por lo que consideran un «uso excesivo de la fuerza» y que las autoridades no presenten cargos contra los manifestantes detenidos cargos por «disturbios», que conllevan penas de hasta diez años de cárcel. Unas exigencias difíciles de aceptar para la jefa del Gobierno, Carrie Lam, quien ha ofrecido una reunión a puerta cerrada a los estudiantes que han dirigido estas manifestaciones. Pero estos la han rechazado porque piden un encuentro abierto y que se exonere a los detenidos.

Un mes después de empezar, la crisis sigue enquistada en Hong Kong, que se enfrenta a su verano más caliente.