Cuartel general del Mando cibernético de EE.UU. en Fort George Meade, en Maryland, en imagen de archivo
Cuartel general del Mando cibernético de EE.UU. en Fort George Meade, en Maryland, en imagen de archivo - US Navy

Los gigantes Amazon y Microsoft pelean por adjudicarse la «nube bélica» de EE.UU.

En juego, un contrato de 10.000 millones de dólares para cimentar el liderazgo de Washington

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

El ejército de Estados Unidos es con diferencia el más poderoso del mundo y quiere cimentar su liderazgo futuro con un contrato descomunal de 10.000 millones de dólares con una empresa privada. Quienes pelean por hacerse con ese negocio no son los proveedores de armamento, equipamiento o servicios habituales del ejército, como Lockheed Martin, Boeing o Raytheon. Lejos de los grandes nombres de la industria militar, quienes buscan ese contrato son empresas populares y con presencia en la vida cotidiana: Amazon y Microsoft, dos gigantes tecnológicos que quieren pegarle un buen bocado al descomunal presupuesto militar de EE.UU.

Ambas compañías son las finalistas para montar la primera «nube bélica» del ejército de EE.UU., un sistema informático de almacenamiento y procesamiento de cantidades ingentes de información con el que el Pentágono espera poder desarrollar su potencial bélico con tecnología punta, incluida la inteligencia artificial.

La «nube» alojará información del campo de batalla, de su inteligencia y material clasificado que podrá ser analizado y utilizado de una forma más efectiva, con un acceso y una conectividad tanto desde el frente como desde los despachos del Pentágono.

La «nube bélica», que EE.UU. busca conseguir desde 2017, fue bautizada como Iniciativa Conjunta de Infraestructura de Defensa (JEDI, en sus siglas en inglés) y debía estar adjudicada a una empresa privada el mes que viene.

Acusación de Oracle

Esos planes, sin embargo, están en peligro por la pelea entre varios gigantes tecnológicos por el contrato, incluidas acusaciones a Amazon de favoritismo por parte del Departamento de Defensa. Quien acusa es Oracle, otra de las grandes tecnológicas que luchaban por el pastel tecnológico-militar, y que fue eliminada en una anterior ronda, al igual que otra competidora, IBM.

Esta misma semana, un juzgado en EE.UU. debe considerar si ese favoritismo existió y cómo afecta al proceso de adjudicación del contrato. Amazon ha sido la favorita porque es una empresa puntera en la «nube» o almacenamiento y acceso de información en servidores informáticos. El multimillonario Jeff Bezos –acostumbrado a aparecer en el número uno de la lista de los más ricos, al menos hasta su divorcio este año de su mujer– fundó la empresa en los años noventa para vender libros por internet. Desde entonces, ha revolucionado el comercio electrónico y otros sectores, incluyendo la «nube». Amazon es la empresa que más ha crecido en la oferta de estos servicios a empresas. Además, ya proporciona una «nube» de alta seguridad a la CIA, una sólida credencial para ganarse el contrato.

Oracle protestó por la excesiva cercanía entre Amazon y el Pentágono, que habría diseñado la licitación para que beneficiara a la empresa de Bezos y basaba sus alegaciones en las actividades de un alto cargo del Departamento de Defensa que pasó a trabajar para el gigante tecnológico. El ruido sobre el favoritismo también llegó a los medios y al Congreso de EE.UU. La cadena Fox News apuntó a reuniones entre Bezos y el entonces secretario de Defensa, el general Jim Mattis, en 2017, y «The Wall Street Journal» reveló el pasado domingo otras comunicaciones entre el fundador de Amazon y el líder del Pentágono. Uno de los senadores republicanos con más peso, Chuck Grassley, llegó a pedir que se volviera a iniciar el proceso de licitación.

Una pesadilla

«Nadie parece denegar que hubiera conflictos de interés y que los involucrados trataran de ocultarlo», aseguró a la agencia AP Steven Schooner, profesor de la Universidad George Washington. El republicano Mark Meadows, diputado en la Cámara de Representantes, reclamó que se investiguen las acusaciones. Para las autoridades militares, eso sería una pesadilla. Dana Deasy, el director de información del Departamento de Defensa, aseguró el mes pasado que lo que no le dejaba «dormir por las noches» eran «nuevos retrasos» en el desarrollo de la «nube bélica». Varios proyectos clave del ejército –por ejemplo, en inteligencia artificial– dependen de su implementación. Meses antes, en marzo, otro alto cargo, el lugarteniente general Jack Shanahan, reconoció que «no es posible un impacto a gran escala de la inteligencia artificial» sin el JEDI.

Otros critican una licitación que pone la «nube bélica» en manos de una sola compañía. Entre ellos, IBM, uno de cuyos ejecutivos, Sam Gordy, aseguró el año pasado que esa opción «ofrecerá a los malos actores un solo objetivo en el que centrarse si quieren atacar la espina dorsal tecnológica del ejército».

Quien menos se ha pronunciado es Microsoft, que no contaba con muchas opciones ante una licitación que favorecía a Amazon, pero a quien el escándalo podría beneficiar. Durante cuatro décadas ha proporcionado el servicio de correo electrónico al ejército, y ahora podría hacerse con un negocio mucho más suculento.