Un joven camina cerca de la Sala Bataclan donde murieron 89 personas que asistían a un concierto de hard rock
Un joven camina cerca de la Sala Bataclan donde murieron 89 personas que asistían a un concierto de hard rock - AFP

Generación Bataclan: «No tiene sentido tener miedo, si quieren matarme, no puedo hacer nada»

Jóvenes franceses cuentan cómo se sienten después de haber vivido los terribles ataques del pasado viernes. Pertenecen a la misma generación y a la misma ciudad que los asesinos. Hoy, optan por salir adelante, hacerle frente al miedo y tener una vida normal

MadridActualizado:

«Just terror» (solo es terror) dice el título de portada del último número de Dabiq, la revista de Daesh. Un mensaje corto, directo pero sobre todo, tremendamente cínico. «Solo es terror». ¿Vendrá algo más? ¿Hay algo más abominable que banalizar la vida de un ser humano?

Desde París, Pierre Lacombe, un joven francés ingeniero de 24 años que trabaja en una «startup» y perdió a compañeros de universidad y a hermanos de amigos en la sala Bataclan, no deja de repetir al teléfono: «Terrible», «terrible»... al recordar el ataque terrorista del pasado viernes en su ciudad.

«Terror», un sustantivo en boca del asesino y «terrible», un adjetivo en la de una víctima. Una es usada con fines cínicos, incluso, abominablemente sarcásticos. La otra, usada como expresión de lamento, aturdimiento, aunque no resignación.

Pero no todo son diferencias. Por muy imposible de creer que parezca, entre los asesinos y las víctimas existen similitudes. Los asesinos no superan la treintena, al igual que la mayoría de las personas que murieron aquel fatídico viernes 13, sobre todo en la sala de conciertos Bataclan. Además, los terroristas, por lo menos los identificados hasta ahora, son en su mayoría europeos, concretamente franceses, como las víctimas.

La generación Bataclan, como ha apodado el diario Libération a una juventud que ha vivido y está viviendo el terror en su propia casa, tiene la misma edad y comparte ciudad con aquellos que dispararon y murieron al accionar sus cinturones explosivos.

«El objetivo de estos ataques era la gente joven, que iba a un concierto a divertirse, a pasarlo bien, a tomar una copa y bailar. Yo no estaba lejos de la sala Bataclan, también había salido con mis amigos cuando, de repente, notamos la situación de pánico y la cantidad de policías y fuerzas especiales que había en la calle. Tratamos de salir corriendo a casa lo más rápido posible», narra Pierre casi sin respirar, dando la sensación de que sus pensamientos y sobre todo, las imágenes se suceden en su cabeza mucho más rápido que sus palabras.

Pierre Lacombe
Pierre Lacombe - ABC

«En blanco y negro»

«Parece una pesadilla, como cuando te tapas los ojos en una película. No reconoces tu ciudad, es terrible. Los atacantes tenían entre 20 y 30 años y algunos eran franceses y es muy soreprendente que encima los ataques se hayan organizado en Bélgica. Es terrible», lamenta. Sin embargo, y con lógica, Pierre no siente con ellos lazos en común e intenta buscar explicaciones. «Creo que tengo suerte de haber crecido en un ambiente seguro, en una casa llena de amor y conocimiento, he viajado mucho. Pero esta gente cree que el mundo es en blanco y negro», sentencia.

La generación de Pierre está viviendo por primera vez un ataque de Daesh en territorio europeo. Las bombas ya no se oyen en los telediarios, sino al lado de sus casas. El presidente Hollande, aseguró, contundente el pasado lunes en Versalles, que el país está en guerra. Ya no son los relatos de sus abuelos, ya no es la televisión, ya no son kilómetros de distancia. El país de la llamada «Generación Bataclan» está en guerra.

A juicio de Pierre, es una guerra en la que está inmersa Francia pero también el resto del continente. «Es un conflicto de todos, ya que toda Europa también se siente atacada». «Pero no tengo miedo y es importante no tenerlo. Porque ese es el objetivo de Daesh».

«Volverán a hacerlo»

La casa de Pierre está a solo diez minutos de Bataclan. Dice que ve gente rezando, devastada. Aún así, reconoce la entereza del pueblo francés. «Veo determinación en las miradas de la gente, no quieren tener miedo, hay que enfrentar esto con fuerza y coraje, simplemente, hay que continuar».

Deseo de continuar muestra Sophie Halliot, una joven francesa de 26 años que trabaja desarrollando aplicaciones móviles y que conoce muy bien algunas de las zonas de los ataques. «Si es que hace apenas unas semanas celebrábamos en la cafetería La Belle Equipe el cumpleaños de mi mejor amiga», lamenta.

Sophie habla con firmeza y dice sin titubear que «nos van a volver a atacar». Pese a sus afirmaciones, es difícil percibir en su mirada resignación: «Da igual que nos protejamos, volverán a hacerlo», repite una y otra vez.

Ha decidido hacer vida normal aunque también es plenamente consciente de que sin llegar a la treintena el paisaje de su ciudad no es el que quisiera. «Pensábamos que esta era una época de paz pero no es así. Jamás olvidaremos este día, quedará marcado para siempre». Aún así, y en la misma línea que Pierre, asegura: «Tenemos que ser valientes».

Sarah Lou-Lepers
Sarah Lou-Lepers - ABC

Sarah Lou-Lepers es periodista. Móvil en mano y con la cámara del Skype encendida camina por la calle Francois 1st, en el distrito 8, con tranquilidad mientras cuenta su impresión. «Míralo, la gente está tranquila, sale a la calle, hay coches que van y vienen, incluso se ven turistas», dice. Sarah ha estado sumergida en el trabajo, en una radio de París todos estos días. «No lo he visto directamente, necesito ir a los sitios de los ataques, todavía no me lo creo», asegura. Cuenta que hay diferentes reacciones entre sus amigos. «Una amiga se fue unas semanas de París porque tiene miedo; otra me contó que el día de la estampida pensó aterrorizada que moriría, que era un objetivo seguro por el hecho de llevar una cacheta de un rojo chillón. Pero también hay otros que hacen vida normal. Se creó en Twitter el hashtag #JeSuisEnTerrasse (algo así como: estoy fuera, en una terraza) para demostrar que podemos seguir saliendo, que no tenemos miedo».

«Tenemos que vivir»

Cree que sus «compatriotas» asesinos no han recibido buena educación, que se criaron en ambientes diferentes, con menos oportunidades y que, pese a que muchos de los familiares de los atacantes reconozcan avergonzarse de ellos, cree que no han tenido contactos con sus familias y que todo ello ha podido ejercer algún tipo de influencia en estos terribles ataques.

Sarah reconoce que incluso la presencia policial también le da tranquilidad, aunque opta por no temer, sencillamente, porque para ella, no tiene sentido. «No tiene sentido tener miedo, si quieren matarme, no puedo hacer nada», dice tajante.

Esta joven periodista parece dormir tranquila, su generación también. Y aunque sabe todo el mundo se da la vuelta en la calle al escuchar algún sonido extraño insiste en la necesidad de seguir adelante. «Tenemos que vivir», sentencia.