La Fiscalía alemana confirma que el alcalde Lübcke fue asesinado por la extrema derecha

Stephan E. vivía en una bonita casa unifamiliar en las afueras de Kassel, en un vecindario tranquilo donde nadie sospechaba que tuviera ideas racistas o que militase en la extrema derecha

Corresponsal en BerlínActualizado:

Con 20 años ya colocó una bomba en un albergue de refugiados. Este mes de junio, ya cumplidos los 45, ha asesinado con un tiro en la cabeza Walter Lübcke, durante más de 10 años popular alcalde cristianodemócrata cuyo único crimen fue defender en 2015, en el momento más duro de la crisis de los refugiados, la construcción de un hogar de refugiados en su ciudad. La fiscalía federal alemana, competente en materia de terrorismo, ha confirmado que el asesinato tuvo una motivación de «extrema derecha» y con ello regresa a Alemania el fantasma de una violencia política olvidada desde la II Guerra Mundial y que florece ahora alentada por movimientos sociales como Pegida (Patriotas contra la islamización de occidente) y partidos políticos como Alternativa para Alemania (AfD), cuyo discurso conduce a la justificación de estos actos. Así ha quedado constatado en las redes sociales, en las que círculos de la extrema derecha han jaleado y celebrado el asesinato de Lübcke.

Junto con su mujer y sus dos hijos, Stephan E. vivía en una bonita casa unifamiliar en las afueras de Kassel, en un vecindario tranquilo donde nadie sospechaba que tuviera ideas racistas o que militase en la extrema derecha. No hablaba a nadie de su pertenencia al club de tiro 1952 Sandershausen ni sobre sus conexiones con el grupo armado neonazi «Combat 18».

Las autoridades, sin embargo, sí conocían al asesino por otros anteriores «delitos penales violentos peligrosos». Además de varios incendios a centros de refugiados, recién cumplida la mayoría de edad hirió a un hombre en el baño de la estación central de Wiesbaden con un cuchillo, poniendo en peligro su vida, por el mero hecho de tratarse de un extranjero. Sólo un año después, Stephan E. depositó una bomba en un tubo frente al hogar de un solicitante de asilo en Hohenstein-Steckenroth, Hesse, que afortunadamente no llegó a explotar. Fue condenado a prisión sin libertad condicional.

Más tarde su nombre aparecería en la investigación sobre la célula terrorista de extrema derecha NSU, que durante una década asesinó a extranjeros en diversas ciudades alemanas. En 2004, presuntamente cometió un homicidio con un cuchillo. Así fue como su huella genética terminó en la base de datos de la policía. En el mismo año, fue expulsado del partido neonazi NPD porque no había pagado sus contribuciones, según la formación política. Aún no está claro si toda esta red neonazi alrededor de Stephan E. tiene algo que ver con el asesinato. La Oficina del Fiscal Federal sigue buscando pruebas. En los interrogatorios policiales, se ha negado a declarar. «En el estado actual de las investigaciones, partimos de la base que nos enfrentamos con un vínculo con la extrema derecha» que explica la motivación del asesinato de Walter Lübcke, ha reconocido la fiscalía en un comunicado, en el que habla de un «atentado político».

La Fiscalía Federal de Karlsruhe, que se especializa en casos de terrorismo o de delincuencia organizada, se apoya para sostener su hipótesis en el historial del sospechoso y en el hallazgo de su ADN en el cuerpo de la víctima, que sugiere que hubo al menos un forcejeo la noche en la que Lübcke fue asesinado en el jardín de su casa. Los investigadores intentan precisar ahora si hubo cómplices, pero por el momento «ningún elemento muestra que el sospechoso haya podido» actuar en el marco de un «grupúsculo organizado de extra derecha y formado con ese objetivo», dice la Fiscalía. Lübcke, de 65 años, fue encontrado por uno de sus hijos muerto el 2 de junio en la terraza de su casa en Wolfhagen, un suburbio de Kassel. Le habían disparado a corta distancia a la altura de la oreja derecha y yacía en un charco de sangre.

Ese mismo día, el sospechoso había salido de su casa temprano, con ropa de faena y con dirección a su trabajo por turnos, pero no regresó hasta bien entrada la noche. A pesar de que los equipos sanitarios alteraron gravemente la escena del crimen, en sus vanos intentos de reanimar a la víctima, su rastro de ADN fue rápidamente detectado por la policía científica y su domicilio fue registrado apenas 24 horas después del asesinato, pero la fiscalía ha tardado más de dos semanas en confirmar que se trata de un crimen de motivación política. Mucho antes de que la fiscalía lo vinculase a la extrema derecha, varios medios de comunicación alemanes ya habían señalado que el detenido prevenía de ese sector. Los homenajes y artículos dedicados a su muerte han provocado una avalancha de comentarios en las redes sociales, muchos de ellos congratulándose por el asesinato. Un internauta se alegró de la muerte de «este traidor», otro advirtió: «esto es lo que les pasará a Merkel y a los demás». «Lo preocupante es que detrás de este asesinato pueda existir una red organizada de violencia de extrema derecha», advierte Thomas Holl, del Frankfurter Allgemeeine Zeitung, «por eso es muy importante que se aclare si se trata de un hecho aislado o si está amparado por una estructura».