Jurgen Kantner, un turista alemán secuestrado por los islamistas filipinos, y su esposa, Sabine Merz
Jurgen Kantner, un turista alemán secuestrado por los islamistas filipinos, y su esposa, Sabine Merz - AFP

Expira el ultimátum lanzado por Abu Sayyaf sobre el rehén alemán en su poder

Jurgen Kantner fue secuestrado el pasado año por la milicia filipina

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Este domingo ha expirado el ultimátum lanzado por la milicia filipina de Abu Sayyaf sobre la suerte del turista alemán Jurgen Kantner, secuestrado el pasado año.

Sabine Merz, de 59 años, y su marido, Kantner, de 70 años, navegaban por aguas de Malasia a comienzos de noviembre cuando fueron abordados por miembros del grupo rebelde. Merz murió en el ataque. Su cuerpo fue hallado posteriormente en una embarcación abandonada en la provincia de Sulu, tan solo un día después de que Abu Sayyaf hiciera público el secuestro de su compañero. En una reciente grabación, el grupo armado amenazaba con acabar con la vida de Kantner si no recibía el pago de un rescate antes de las 15.00 horas de este domingo, hora local.

La organización islamista Abu Sayyaf nació en 1991 como una escisión del Frente Moro de Liberación Nacional. Su fundador, Abdurajak Abubakar Janjalani, era un clérigo que luchó en Afganistán, donde (asegura) conoció a Osama bin Laden y sintió la llamada a una yihad global.

Desde su nacimiento, hace ahora un cuarto de siglo, el grupo ha sufrido una notable vuelta de tuerca interna, con numerosas muertes en su liderazgo. Entre las principales obras de su legado de terror se encuentra el atentado con explosivos contra un ferry en la bahía de Manila en febrero de 2004, donde al menos 116 personas perdieron la vida.

Ya en julio de 2014, su líder, Isnilon Totoni Hapilon, juraba lealtad a la red terrorista Daesh.

Ahora, el grupo armado ha convertido la extorsión en su seña de identidad: a finales del pasado, John Ridsdel, un turista canadiense capturado siete meses antes por los radicales junto con los tres rehenes actuales, era ejecutado tras expirar el plazo de sus captores, que exigían 20 millones de euros por su entrega.

Posteriormente, los terroristas emitirían un ultimátum sobre la suerte de tres de los rehenes capturados junto con Ridsdel -el canadiense Robert Hall, el noruego Kjartan Sekkingstad y la filipina Marites Flor. El primero de ellos sería decapitado tras expirar el chantaje islamista, mientras que Sekkingstad y Flor acabarían siendo liberados.