La estrategia de Trump, hacer de Ocasio la «jefa» demócrata

Los mensajes racistas del presidente buscan dar más protagonismo a la izquierda radical

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Los mensajes de tono racista de Donald Trump -«volved de donde vinisteis»- contra cuatro diputadas demócratas -algunas nacidas fuera de EE.UU., otras simplemente de minorías raciales- y la resaca de reacciones que ha supuesto es el último revolcón que el presidente de EE.UU. da a la política del país.

Los analistas políticos han dedicado buena parte de la semana a comprender qué busca Trump con sus mensajes. Varios medios estadounidenses han asegurado que la batería de mensajes en Twitter fue una reacción intempestiva del presidente mientras veía un programa de política en su cadena favorita, Fox News, y justo antes de irse a jugar a golf. La polémica cumplió el ciclo habitual desde el ascenso de Trump al poder: reacción furibunda de los demócratas, silencio mayoritario de los republicanos, matizaciones del presidente sin dar marcha atrás…

Nada más publicar los tuits, la impresión era que Trump se había pasado de frenada. En su primera campaña y en las elecciones legislativas del pasado otoño, los mensajes de tono racista contra inmigrantes indocumentados fueron habituales. Ahora, sin embargo, los usaba contra inmigrantes legales o de una minoría racial, en un ataque que sacude los fundamentos del país. El credo republicano es que EE.UU. es un país de inmigrantes, pero legales, como lo fueron sus abuelos y bisabuelos. Más del 25% de la población es inmigrante o hijo de inmigrantes y casi cualquier estadounidense tiene abuelos o bisabuelos que nacieron fuera del país.

Tras romper ese jarrón -los asistentes a un mitin cantaron «mándalas de vuelta»-, la Casa Blanca y los republicanos trataron de recomponerlo, interpretando las palabras de Trump como una alusión a que si esas congresistas no «aman» EE.UU., deberían marcharse, y centrándose en tildarlas de «socialistas» o «comunistas».

Frente a quienes creen que la polémica tiene que ver con una improvisación, otros ven al mismo estratega que que llevó el debate a su terreno en 2016, un genio de los medios con gran olfato y que busca debilitar al partido demócrata y espolear a sus bases. Es imposible saber el nivel de sofisticación que tiene Trump, pero lo cierto es que un resultado de la polémica le conviene: coloca la voz de los demócratas en la corriente más izquierdista y puede incomodar más a independientes y moderados de ambos partidos. Es una estrategia que tiene continuidad: Trump lleva meses proclamando que «EE.UU. nunca será un país socialista», una forma de aprovechar la marejada en las primarias demócratas, en las que la facción izquierdista gana protagonismo.

Con la vista en las elecciones

Las diputadas Ilhan Omar, Rashida Tlaib, Ayanna Pressley y, sobre todo, Alexandria Ocasio-Cortez han gozado de mucho protagonismo desde su llegada al Congreso, mucho más del que normalmente tendrían legisladoras en su primer mandato. Ocasio-Cortez es una favorita de los medios y defiende posiciones sociales, económicas y políticas alejadas del centrismo. Nada conviene más a Trump que ellas -mujeres, musulmanas, latinas, negras, izquierdistas- se conviertan en la voz de los demócratas. Una encuesta interna de los demócratas, revelada por Axios, entre votantes blancos con poca educación -la base electoral de Trump- muestra que el 74% reconoce a Ocasio-Cortez y solo el 22% tienen una opinión favorable de ella; para Omar, 53% y 9%. El cálculo de Trump es sencillo: todo el protagonismo que consigan mejora sus posibilidades de reelección.