El candidato al Supremo, Brett Kavanaugh
El candidato al Supremo, Brett Kavanaugh - REUTERS

El elegido de Trump para el Supremo abre la gran batalla política del año en EE.UU.

Con el juez Kavanaugh se cimentará la mayoría conservadora en la corte

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Todavía no había anunciado Donald Trump el nombre de su elegido para el Tribunal Supremo, y ya había manifestaciones el martes por la noche en todo EE.UU., de Nueva York a Los Ángeles. Ayer, las movilizaciones de grupos sociales y políticos a favor y en contra del nominado por el presidente de EE.UU. para sustituir al juez Anthony Kennedy, que anunció su retirada el mes pasado, se materializaban en anuncios televisivos, campañas en redes sociales y un aluvión de opiniones.

EE.UU. es consciente de que si la elección de Trump sale adelante, como es previsible, cimentará una mayoría conservadora en el Tribunal Supremo durante décadas que determinará aspectos clave de la democracia más antigua del mundo.

La «fumata blanca» fue a última hora del martes y el elegido resultó Brett Kavanaugh, un juez federal de amplia experiencia. Era uno de los cuatro integrantes de la lista final de candidatos de Trump. Su integración en el Tribunal reforzará la mayoría de 5-4 para posiciones conservadoras tanto en el plano ideológico -es más conservador que Kennedy- como en el temporal: solo tiene 53 años y el magistrado de más edad entre los conservadores es Clarence Thomas, con 70. Entre los cuatro jueces progresistas, Ruth Bader Ginsburg resiste como puede a sus 85 años, mientras que Stephen Breyer cumplirá 80 en agosto.

Kavanaugh es un juez conservador clásico, con una carrera jurídica sólida, que agradará al votante y al legislador republicano y que podría arañar algún apoyo entre los demócratas. Cumplió con el recorrido tradicional de la elite jurídica -estudió en Yale, fue asistente del mismo juez al que ahora sustituye, Kennedy, nada más acabar la carrera- y ha pasado doce años en el más alto nivel judicial -una corte federal- fuera del Supremo.

El nominado tiene, sin embargo, un perfil político innegable: formó parte de la investigación del fiscal Kenneth Starr al ex presidente Bill Clinton, formó parte del equipo legal que ayudó en el recuento ajustado de Florida que dio la victoria a George W. Bush en las elecciones de 2000 y fue alto cargo de este expresidente hasta que el propio Bush le nominó para su actual puesto de juez federal.

El propio Kavanaugh ha insistido siempre en que no hay lealtad al partido una vez que se viste la toga. «Deja tus alianzas políticas en la puerta cuando te conviertes en juez», aseguró en un discurso en 2015.

Perfil moderado

Dentro de las opciones conservadoras que manejaba Trump, Kavanaugh es uno de los más moderados. La nominación de la jueza Amy Barrett, por ejemplo, que ha mantenido posiciones muy fuertes contra el aborto o el matrimonio gay, hubiera supuesto un revolcón ideológico al Tribunal Supremo y una posibilidad inminente de decisiones revolucionarias. No se espera que Kavanaugh asuma el papel de juez bisagra que adquirió Kennedy –en ocasiones se alineó con la minoría conservadora en asuntos progresistas, como el matrimonio gay o la discriminación positiva de minorías raciales– pero tampoco que impulse cambios radicales en la doctrina del tribunal. En los últimos años, se ha visto como el Supremo no requiere de cambios radicales para afirmar un giro ideológico conservador: por ejemplo, no ha tumbado el derecho al aborto, pero sí ha permitido leyes que básicamente evitan que haya clínicas abortistas en un estado; no ha eliminado el matrimonio gay, pero sí permite que alguien no dé servicio a una pareja homosexual por motivos religiosos.

Kavanaugh prometió tras conocerse su nominación que «tendré la mente abierta en cada caso» y que «interpretará la ley, no la creará». En el pasado ha defendido una interpretación «textual» de la Constitución y no tocar asuntos en los que el Supremo ha dejado una doctrina establecida, como es el caso del aborto.

Todo esto no impedirá una batalla política encarnizada en su proceso de confirmación en el Senado. Lo fue cuando tuve que ser confirmado como juez federal en 2006 y lo será mucho más ahora, con un país polarizado por el ‘trumpismo’, en año de elecciones legislativas y con la amenaza al derecho al aborto en el centro del debate. El líder de la minoría demócrata en la cámara alta, Chuck Schumer, avisó nada más conocer la nominación que la peleará «con todo lo que tengo». La atención estará puesta en un puñado de senadores de ambos partidos. En el partido republicano, Susan Collins y Lisa Murkowski, dos moderadas que han defendido el derecho al aborto y que el año pasado contribuyeron a que naufragara el desmantelamiento del Obamacare. Collins ya avisado que no apoyará a un juez que sea «hostil» al aborto. Y la mayoría republicana en el Senado es tan exigua (51-49) que no se puede permitir apenas votos en contra. Sobre todo si John McCain, senador por Arizona, no puede acudir a votar por el cáncer de cerebro que padece. En ese caso, una sola defección podría imposibilitar la confirmación. Pero también es posible que los demócratas no sean un bloque. Hay varios senadores - que se juegan su escaño en noviembre y que pertenecen a estados de corte conservador, donde oponerse a Kavanaugh podría ir en su contra. Las organizaciones políticas de derechas y de izquierdas ya están inyectando millones en campaña para presionar a los legisladores en cuestión, en la que será la gran batalla política del año en EE.UU.