Alan Gross, en el avión de vuelta a Estados Unidos
Alan Gross, en el avión de vuelta a Estados Unidos - REUTERS

Una Europa dividida negocia con Cuba a paso de tortuga

Las dos rondas que se han celebrado hasta ahora no han logrado grandes avances

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Con todas las distancias entre un caso y otro, la Unión Europea decidió esta primavera emprender un camino parecido al de EE.UU. para la normalización de relaciones con Cuba, ofreciendo a La Habana la negociación de un acuerdo de asociación. De la aprobación de la «posición común» en 1996 y su endurecimiento como respuesta a una ola de detenciones arbitrarias de disidentes políticos pacíficos se pasó a la actual negociación a paso de tortuga. La UE ha probado todas las fórmulas posibles para conciliar tanto las distintas sensibilidades de los países miembros como los continuos vaivenes del régimen cubano para acomodar a la isla en su política exterior.

En todo caso, la postura española, por razones evidentes, ha tenido siempre un papel determinante en el diseño de esa política, por lo que ha cambiado mucho desde que José María Aznar estaba en el Gobierno a la estrategia del último Gobierno socialista y de su ministro Miguel Angel Moratinos, que intentó una apertura unilateral que tampoco funcionó.

En este caso, los portavoces del Servicio de Acción Exterior, que dirige ahora la italiana Federica Mogherini, no confirmaron la existencia de ninguna coordinación formal con la UE por parte de Estados Unidos a la hora de anunciar su decisión de normalizar sus relaciones con la isla.

Aparte de la inspiración española, las relaciones de la UE con Cuba son diversas y cada uno de los 28 países tiene su propia política bilateral. Bélgica fue el primero en renegar de la posición común con la peculiaridad de que el que era entonces su ministro de Exteriores, Louis Michel, se convirtió en 2004 en comisario europeo de ayuda al desarrollo, puesto desde el que impulsó su propia visión de las relaciones con la dictadura. Eso dió pié a una carrera por parte de varias capitales para demostrar quien era más proactivo en sus simpatías con el régimen. Excepto países como Alemania, cuya canciller conoce bien la situación puesto que creció en la dictadura comunista, la República Checa o Suecia, todos los demás se precipitaron para enviar ministros a La Habana con el fin de no perder posiciones.

De hecho, la UE como tal nunca ha interrumpido su política de cooperación con la isla, a pesar de su escaso éxito en la defensa y promoción de los principios democráticos. Sin embargo, el Parlamento Europeo ha mantenido una postura más consecuente y ha galardonado a varios disidentes con el premio Sajarov a la libertad de conciencia: en 2002 a Oswaldo Payá, en 2005 a las Damas de Blanco y en 2010 a Guillermo Fariñas.

Acuerdo bilateral

El Gobierno de Mariano Rajoy optó por no imponer un nuevo giro de 180 grados en las relaciones con Cuba y desde el principio el ministro García-Margallo apostó por dejar las puertas abiertas a una normalización. Por ello, en abril de 2014 la entonces Alta Representante, Catherine Ashton, puso en marcha un delicado proceso de negociación con el objetivo de lograr un acuerdo bilateral de cooperación y diálogo político con el único país de la zona con el que la UE no lo tiene. Pero hasta ahora solo se han celebrado dos rondas de negociación sin ningún resultado espectacular. La primera en La Habana a finales de abril y la segunda en agosto en Bruselas. Está prevista una tercera ronda el próximo mes de enero.