El presidente de Irak, Fouad Massoum, habla con los ministros de Exteriores de su país, Ibrahim al-Jaafari, y de Arabia Saudí, aud al-Faisal
El presidente de Irak, Fouad Massoum, habla con los ministros de Exteriores de su país, Ibrahim al-Jaafari, y de Arabia Saudí, aud al-Faisal - reuters

La Conferencia de París sienta las bases de una coalición contra el Estado Islámico

Una veintena de países occidentales y musulmanes, han confirmado ante Hollande su «determinación» de preservar la integridad de Irak

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La Conferencia internacional por la paz y la seguridad en Irak ha echado los cimientos de una coalición internacional a geometría variable, dispuesta a asegurar a Bagdad solidaridad militar, política y humanitaria.

Bajo el liderazgo de Washington, París y Londres, una veintena de países occidentales y medio orientales, han confirmado su «determinación» a preservar la integridad de Irak y su gobierno actual, avanzando un largo rosario de solidaridades, que cada cual presenta desde su propia óptica nacional.

Los EE. UU., Francia y el Reino Unido van a lanzar una campaña aérea con objetivos tácticos todavía imprecisos. El arma aérea francesa ha comenzado por realizar las primeras operaciones de reconocimiento, con el objetivo aparente de ultimar los blancos potenciales de una arco de crisis muy vasto, del sur de Siria a Bagdad.

Obama anunció una campaña aérea larga, que pudiera durar varios años. Hollande y Cameron han confirmado su solidaridad y participación militar en la nueva guerra de Irak, contra el Estado Islámico, dejando en suspenso los detalles concretos de un compromiso militar que todavía está por matizar.

El resto de los aliados europeos y musulmanes prefieren no participar muy activamente en ninguna operación militar directa. En su día, José María Aznar decidió participar en una de las guerras de Irak, con el envío de soldados españoles. Mariano Rajoy no contempla tal eventualidad. España enviará material militar. Y reclama un compromiso expreso de Naciones Unidas, como marco diplomático preciso de las acciones futuras de la coalición internacional contra el Estado Islámico.

Alemania, Italia y otros países europeos adoptan una posición muy semejante, con matices nacionales propios.

Entre los países musulmanes, Arabia Saudí ocupa un puesto muy particular, anunciando una contribución de 500 millones de dólares destinados a ayuda humanitaria, a través del Alto Comisariado de la ONU para los refugiados, con una posible participación militar todavía imprecisa. Fuentes oficiales del Departamento de Estado afirman que Arabia Saudí «pudiera contribuir» militarmente con aviones de combate que participarían en la campaña aérea contra el EI.

El resto de los aliados de la coalición contra el EI se limita a cubrir con su acompañamiento diplomático unos objetivos militares, políticos y humanitarios que todas las partes prefieren definir con cierta imprecisión.

La campaña aérea contra el EI será larga, costosa y de inciertos resultados. El gobierno de Irak ha pedido en varias ocasiones la intervención de unidades internacionales para combatir «en el terreno». Pero nadie desea comprometerse expresamente en una campaña terrestre. Nadie desea «morir por Irak».

La solidaridad política, por el contrario, es bastante unánime. Se trata de una gesticulación verbal sin costo económico tangible. En el terreno de la solidaridad humanitaria, Arabia Saudí y Kuwait correrán con el grueso de las ayudas a las víctimas y refugiados.

Muchos analistas esperaban que Irán fuese asociado, de alguna manera, a los trabajos de la Conferencia. Finalmente, ningún representante de Teherán participó directamente en los trabajos de la nueva alianza contra el EI, cuando comienza una nueva guerra contra el terrorismo que se anuncia larga y compleja.

Durante la presentación de los trabajos, François Hollande insistió en la necesidad de actuar «con urgencia» para «combatir, juntos, las filiales terroristas que siembran el odio en nuestros países».