Renzi espera a Barroso antes de la reunión de ambos en Roma el viernes
Renzi espera a Barroso antes de la reunión de ambos en Roma el viernes - reuters

Renzi promete una revolución en Italia y Europa en mil días

El «premier» italiano asegura que en seis meses empezara a cambiar la UE

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El primer ministro italiano, Matteo Renzi, promete «cambiar radicalmente» Italia en mil días y Europa en seis meses. Este dirigente político fuera de toda norma quiere ser un tifón de las reformas, convencido de que puede hacer que los ciudadanos europeos recuperen su entusiasmo por la UE y que Italia vuelva a estar «en el liderazgo de Europa».

En su lucha por convencer a sus socios europeos de que está dispuesto a hacer las reformas que el país tiene pendientes desde hace décadas, Renzi celebró junto al presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, el inicio del semestre de presidencia italiana con la aseveración de que su objetivo «es devolver la esperanza, la pasión y el entusiasmo a los ciudadanos europeos». Renzi habla ya de «una revolución en Italia», la tercera economía de la eurozona, que sea capaz también de cambiar las cosas en Europa.

En su comparecencia después de la reunión conjunta de los ejecutivos italiano y europeo en la romana «Villa Madama», Renzi rechazó la idea de que haya una polémica con los dirigentes alemanes sobre la aplicación de las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que obliga a limitar el déficit público y a controlar la deuda, pero lanzó un serio mensaje contra el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, que le había acusado de intentar ganar tiempo anunciando reformas que nunca se cumplen: «No creo que el mandato del Bundesbank sea inmiscuirse en el debate político italiano. Y yo tampoco me meto con lo que pasa con las cajas de ahorros regionales en Alemania».

Esta polémica con Weidmann y otros dirigentes alemanes, como el actual presidente del grupo popular del Parlamento Europeo, Manfred Weber, que el miércoles le acusó en Estrasburgo de intentar incumplir las reglas del pacto de estabilidad, es en realidad su frente de batalla para lograr un cambio de rumbo en la aplicación de las reglas de la gestión de la economía, con el sueño de que de tanto mencionar la palabra «crecimiento» se consiga reavivar la economía.

«Hay que cambiar Europa, hacerla más cercana a los sueños de los ciudadanos, y que Italia muestre finalmente de lo que es capaz, viendo su propio cambio administrativo», dice el primer ministro italiano, siempre con un tono que desborda entusiasmo y convicción, pero con pocas propuestas concretas.

Según se mire

Las cifras italianas tienen muchas facetas. El déficit público está controlado, pero el país arrastra un nivel de deuda pública peligrosísimo, por encima del 130% y subiendo. Pero lo que más le hace falta a Italia es un buen baño de modernidad que refresque su espíritu de pueblo cansado. Renzi se jacta de haber logrado ya metas como la supresión de las provincias («con más de 3.000 políticos que se han ido a su casa») y promete que pronto empezará a renovar el resto de la Administración «para que sea más simple y eficaz». En general se considera que su objetivo es convencer –a base de cambios vistosos en Italia– de que acabará cumpliendo con los objetivos marcados por Bruselas. Todos, en Europa y en Italia, dan por hecho que necesitará más tiempo, porque como afirman en el ministerio de Finanzas italiano «si uno lanza hoy una reforma laboral, los efectos no se verán hasta dentro de tres años».

Esta y muchas otras reformas prometidas forman parte del denominado programa de los «Mil Días», que empieza el 1 de septiembre próximo (es decir, antes de nada las vacaciones) y debe concluir el 28 de mayo de 2017. Los italianos creen que la determinación es total y en el Gobierno insisten en que Renzi «está absolutamente comprometido a cambiar Italia; y si Italia cambia, puede que también lo haga Europa».

Al líder del Partido Democrático no le faltan razones para enarbolar ese entusiasmo hacia Europa, sabiendo que ha sido la fuerza más votada en términos absolutos y en todos los países en las pasadas elecciones europeas. El análisis de Renzi es que ha sido la sólida percepción de la sociedad italiana de que hace falta una cura de reformas lo que le ha llevado a obtener este resultado tan contundente.

Garantías de seriedad

Para tranquilizar a sus socios europeos, no deja de insistir que no quiere cambiar el Pacto de Estabilidad, sino solo acordar «una interpretación más flexible» de las reglas. La definición de «flexibilidad» sigue siendo de lo más difusa cuando se pregunta a cualquiera de los miembros de su gobierno o al propio Renzi, pero nadie niega que se trata esencialmente de lograr un mayor margen de tiempo y un criterio más abierto sobre qué se considera déficit o no. A cambio, el fogoso italiano ofrece esta «revolución» en mil días como garantía de que habla en serio y de que al final se cumplirán los objetivos. La receta, según fuentes del Ministerio de Finanzas es «más integración, más inversión y más innovación». Con esta fórmula se quiere reactivar la maquinaria económica y se recupera el crecimiento, que en Italia está todavía en números rojos (-0,1%).