Irán emerge como una potencia temida en Oriente Próximo
Un equipo de la ONU investiga una planta nuclear iraní, ayer en Natanz - efe

Irán emerge como una potencia temida en Oriente Próximo

El freno al programa de enriquecimiento nuclear, factor clave en el impulso del papel mediador de Teherán

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El mismo día en el que entró en vigor el plan de acción por el que durante seis meses la república islámica limitará sus actividades nucleares a cambio del levantamiento parcial de las sanciones internacionales, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, sorprendió al invitar formalmente a Teherán a la cumbre sobre Siria. Un movimiento que puso al borde del precipicio la celebración de la esperada cumbre después de casi tres años de guerra, y que finalmente llevó a Ban Ki-moon a retirar la invitación anoche.

Ban había justificado esta maniobra en que los iraníes «se comprometen a desempeñar un papel constructivo» en el diálogo. Pero su decisión causó profundo malestar en el Consejo Nacional Sirio (CNS), principal órgano de la oposición que, al enterarse, lanzó un ultimátum a la ONU para que eligiera entre ellos o los iraníes. Con no menos contundencia, los aliados de la oposición siria, entre ellos Estados Unidos y Arabia Saudí, exigieron la retirada inmediata de la invitación.

La negativa a que Irán participe en la conferencia de paz se basa en que la república islámica no es firmante del acuerdo alcanzado en Ginebra hace 18 meses, que será la base para la próxima negociación y que establece la formación de un gobierno de transición en Siria como uno de los primeros puntos de la hoja de ruta. Pero lo cierto también es que la creciente influencia de Irán, la potencia chií de Oriente Próximo, comienza a asustar a una oposición siria mayoritariamente suní y a sus protectores de Arabia Saudí. Aunque Irán no acuda a Ginebra, su peso nuevo en la escena mundial es envidente.

Cambio de rumbo

La negociación nuclear, primero, y la posterior invitación para esta conferencia de paz confirman el cambio de rumbo en la política exterior de Irán, un país que desde 2001 estaba vetado en los más importantes foros internacionales. El nuevo Irán de Hassan Rohani, clérigo moderado que llegó a la presidencia en verano en sustitución del más turbulento Mahmoud Ahmadineyad, mostró su intención de asistir «sin condiciones previas» a Ginebra.

Pese a que los dos enviados de la ONU a Siria desde el estallido de la crisis en marzo de 2011, Kofi Annan y Lajdar Brahimi, han apostado siempre por contar con Teherán, las fuertes presiones de Occidente y la negativa rotunda del Consejo Nacional Sirio podrían dejar a la potencia chií fuera de esta primera ronda negociadora que trata de buscar una salida a un conflicto que ya ha dejado más de 130.000 muertos.

La conferencia de paz para Siria se desarrollará en doble sesión entre Montreux y Ginebra, ciudad en la que el 24 de noviembre la república islámica alcanzó un acuerdo nuclear histórico con el «5+1», grupo formado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y China) junto a Alemania, y que ayer entró en vigor.

Freno al programa

Un acuerdo histórico que ayer comenzó a ser realidad. A primera hora de la mañana, el director general para la Organización de la Energía Atómica Iraní, Mohamad Amiri, declaró a la agencia Irna que «Irán ha suspendido la producción de uranio enriquecido al veinte por ciento en las instalaciones de Natanz y Fordo». El alto cargo iraní agregó que «el proceso de disolución y de transformación de la reserva de 196 kilos de uranio al veinte por ciento en óxido también ha comenzado». Se cumplían así dos de las condiciones principales firmadas por el equipo negociador iraní para ganarse la confianza de Occidente.

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó el anuncio realizado por la república islámica, que pone en marcha el plazo de seis meses en los que el OIEA tiene la misión de comprobar si, como aseguran las autoridades iraníes, la naturaleza del programa nuclear es solo civil y no militar. Hasta que no tenga pruebas más fehacientes, Occidente mantendrá la sospecha de que Irán podría perseguir la fabricación de una bomba atómica.

La llegada de Hassan Rohani ha dado un giro radical a la imagen externa del país. Pese a las advertencias de Israel, que califica al presidente iraní de «lobo con piel de cordero», el clérigo prometió mejorar la situación económica del país, y para ello la prioridad ha sido intentar acabar con unas sanciones que afectan al sistema financiero y al petróleo, principal fuente de recursos del país. Desde ahora y durante los próximos seis meses los iraníes no enriquecerán uranio más allá del 5 por ciento y a cambio Europea y EE.UU. levantarán durante medio año una parte de las sanciones económicas equivalente a unos 5.000 millones de euros.