Obama, cinco años en el poder: ¿qué fue del «Yes We Can»?

Obama, cinco años en el poder: ¿qué fue del «Yes We Can»?

Este mes de noviembre se cumple un año desde que Obama revalidara su segundo mandato, ¿qué ha cambiado desde 2008?

laura riestra
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Barack Obama hizo historia el 5 de noviembre de 2008 y volvió a hacerla cuatro años después, el 7 de noviembre de 2012. Ahora, un año después de que revalidara por segunda vez la que fue una de las victorias más mediáticas de la historia política de Estados Unidos, el primer presidente negro del país -definición que ya le acompañará para siempre- se ha visto obligado a cambiar en muchos aspectos, incluyendo algunos de los que más criticó con la intención de distanciarse de su predecesor, George W. Bush.

Aspectos determinantes en el país tales como la crisis económica, el paro, la inmigración o la lucha por igualdad de derechos siguen condicionando su presidencia. Superados otros como el «enemigo número 1 de Estados Unidos», Osama Bin Laden, o las guerras de Irak y Afganistán, Obama tiene que hacer frente a nuevos conflictos como el sirio, a crisis diplomáticas como la que se ha generado a raíz de las filtraciones de Edward Snowden, y, además, luchar para mantener la que es su gran propuesta: la reforma sanitaria. Así las cosas, ¿qué fue de su famoso «Yes We Can»?

«Obama se encontró con lo que se define como ´Realpolitik´»«Es un candidato que levanta tantas pasiones que es capaz de atraer la atención no sólo del pueblo americano, sino también de millones de personas de todo el mundo. De pronto se da cuenta de que su mandato no va a ser un camino de rosas. Básicamente, Obama se encontró con lo que se define como «Realpolitik», una visión mucho más pragmática de lo que tenía que ser su presidencia. Las promesas en campaña electoral, y más en EE.UU. donde el candidato elegido ni tan siquiera sabe si contará con el Legislativo para desarrollar su agenda política, han sido muy difíciles de mantener», explica a ABC.es el director del Instituto Franklin-UAH, Julio Cañero.

Consciente de los retos que suponía ser reelegido, en noviembre de 2012 vimos a un Obama no sólo mucho más canoso, sino también más sumergido en la política de su país y determinado a luchar contra las divisiones, que, paradójicamente, le han sumergido recientemente en una crisis clave como ha sido el denominado «shutdown». Eso sí, lo que entonces trató de mantener, igual que a día de hoy, es su magia: «Creo que podemos ver ese futuro juntos, no hay estados azules o rojos (por el color de ambos partidos), sino los Estados Unidos de América, la nación más grande de la tierra», proclamó en 2012.

«A pesar de los problemas que su presidencia se está encontrando, Obama tiene un carisma personal, un magnetismo, quizás por su cercanía con el pueblo, por su empatía, que le mantiene con un apoyo de más del 42%. Fuera del país, y tras las supuestas escuchas, quizá la popularidad de Obama como presidente haya decaído, explica Cañero.

Los próximos tres años

Guantánamo, la inyección de dinero público para salvar el capital de los bancos, el «secuestro económico» por parte del Congreso para reducir el techo de gasto, la capacidad de endeudamiento, la utilización de los drones, el caso sirio o el espionaje son puntos que se pueden recriminar a su presidencia aunque, tal y como expone el director del Instituto Franklin-UAH, hay cosas de su mandato hasta ahora que merece la pena destacar: «El país sale lentamente de una recesión económica, se han eliminado las ventajas fiscales para los más ricos en favor de la clase media, se ha puesto en marcha la reforma del sistema sanitario, nombró a Sonia Sotomayor como miembro del Tribunal Supremo, se ha intervenido en Libia, hay posibilidades de retomar el diálogo con Irán...».

Con todo, lo que ha buscado Obama desde el primer momento ha sido un distanciamiento con George W. Bush, algo que a día de hoy tiene más complicado que nunca. Si bien aseguró que su política antiterrorista se diferenciaría de la heredada a raíz del 11-S -la muerte de Bin Laden fue expuesta por el como el final de una era- las filtraciones de Snowden y su justificación del espionaje en aras de la «seguridad nacional» han dejado en evidencia una postura muy diferenciada de la que defendió cuando aún era sólo un candidato en 2007. De hecho, al conocerse su sistema de espionaje, el nombre de «George W. Obama» tomó fuerza entre sus más críticos que, de otro lado, censuraron también su falta de determinación en Siria.

«Mi duda es si se tiene más liderazgo por enviar soldados a una guerra o por evitarla. Las escuchas son un tema espinoso, sí, pero es algo que se puede intuir en política internacional. El espionaje entre aliados y enemigos, ha existido siempre y seguirá existiendo. En Siria el presidente ha sido prudente, pues no está seguro de que al entregar armas a los insurgentes no se acabe con con los talibanes en el Afganistán de los ochenta», expone Cañero.

Con todo, Obama tiene ahora ante sí tres años en los que le queda mucho por trabajar y luchar. A partir de enero continuarán los conflictos con el Tea Party porque «muchos de sus miembros de la Cámara de Representantes entran en campaña electoral y tratarán de ganar votos entre los que más rechazan las políticas de Obama», tal y como explica Cañero. Clave será también cómo queden configuradas las Cámaras tras las elecciones de 2014: si recuperan el Congreso y aumentan sus senadores, de cara a impulsar la reforma estrella del presidente: la sanitaria. «El «Obamacare», pedir al Congreso que apruebe la reforma migratoria, crear empleo y estimular la economía serán sus grandes retos estos tres años», añade el director del Instituto Franklin-UAH.

Ahora falta, por tanto, ver cómo pasa a la historia Obama más allá de ser el primer presidente negro de EE.UU. Por su parte, Cañero, cree que hay una cosa que ya podemos saber: «Será percibido como el presidente que revolucionó las campañas electorales. Todos aquellos que se dediquen al mundo de la comunicación o estrategia política, verán un antes y un después tras la irrupción de Obama».