Moscú no es Rusia
Turistas en verano junto a la Plaza Roja - ap

Moscú no es Rusia

Las diferencias entre la capital rusa y el resto del país son cada día más insalvables

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Moscú sigue escalando puestos entre las ciudades más ricas y rutilantes del planeta. Es la urbe con más multimillonarios del mundo y su aspecto mejora a ojos vista cada día. Según las autoridades municipales, su parque automovilístico supera los cuatro millones de vehículos, el mayor para una capital europea, teniendo una población de doce millones de habitantes. Toca un coche a cada tres moscovitas.

Todo el centro está lleno de boutiques de lujo, concesionarios de las marcas más caras de automóviles, hoteles de cinco estrellas y restaurantes exclusivos. Nada que ver con San Petersburgo, la segunda ciudad del país, que aunque históricamente bella y con mejoras tangibles en los últimos años, se mantiene bastante rezagada con respecto al centro administrativo y económico del país. Las diferencias con respecto a otras poblaciones importantes de Rusia, que también han experimentado indiscutibles avances en la última década, son prácticamente insalvables.

Y es que Moscú, cuya población constituye el 8,5% del total de Rusia, concentra más del 80% de los recursos financieros. Casi todo el dinero de la venta de materias primas va a parar a la capital. Por eso atrae gran cantidad de inmigrantes, ricos de otras provincias rusas, que vienen para comprar inmuebles, y turismo interno. También es un poderoso imán para nacionales de otras antiguas repúblicas soviéticas.

Tiene una gran cantidad de comercios y restaurantes que funcionan las 24 horas del día y mercados de abastos con los productos más exóticos que nadie pueda imaginar traídos de casi todos los continentes. La noche moscovita es una de las más movidas y glamurosas del mundo. El wi-fi está disponible en cualquier cafetería, en aeropuertos, estaciones de ferrocarril, en la línea circular del metro y hasta en los parques.

Los grandes espacios verdes, precisamente, según contaba recientemente a este periódico el vicealcalde de Moscú, Andréi Sharónov, son los que mayores cambios han sufrido desde la época soviética. Según sus palabras, “queremos que los parques no sean exclusivamente zonas boscosas a donde ir a hacer barbacoas, sino también lugares bien equipados para el deporte y las actividades culturales”.

El número de calles peatonales ha pasado de cuatro a once desde 2005, es decir, casi se han triplicado y aún se proyecta cerrar al tráfico en muchas otras más. Y no sólo en el centro sino también en áreas industriales que se están siendo transformadas, en parques tecnológicos, centros de negocios, galerías de exposiciones y zonas de ocio. Tras Artplay, Garazh, Vinzavod, y Krasni Oktiabr, ahora la toca el turno a la enorme superficie ocupada por la que fue la gran factoría de vehículos para la nomenklatura soviética ZIL, en la parte sur del casco viejo de Moscú.

Los carriles para bicicletas o patinadores proliferan por todas partes, especialmente en los parques (Gorki, Sokólniki, Filí, Pobiedi y Vorobiovi Gori) y en las ciudades deportivas, como Luzhnikí. La navegación fluvial de recreo es cada vez más abundante.

La capital rusa, fría, gris e inhóspita durante los años 80, decayó aún más después de la desintegración de la URSS. Pero se fue recuperando durante los 90 y, tras la lluvia de petrodólares de la década pasada, ha alcanzado un esplendor sin precedentes en su historia. Los moscovitas se sienten orgullosos de que su ciudad se haya convertido en un gran escaparate, aunque no refleja en absoluto la realidad del conjunto del país.

Pese a su fulgor y prosperidad, Moscú tiene todavía muchas zonas de sombra. El inmenso tráfico y la contaminación la ahogan, es una de las ciudades más caras del mundo para un nivel de ingresos medios muy por debajo del existente en la Unión Europea, y las obras urbanas son omnipresentes durante todo el año, ya que constituyen una importante fuente de ingresos para los funcionarios corruptos. La mala calidad de los trabajos hace que las aceras se inunden cuando llueve, se formen socavones y las tuberías se atasquen e incluso revienten.

Navalni prometió mejorar la capital

Se echan también de menos las pequeñas tiendas de alimentación, peluquerías, zapaterías o librerías. Todo son supermercados, boutiques y grandes centros comerciales. Salvo el metro, que funciona de maravilla, el resto de transporte urbano es insuficiente para una ciudad tan descomunal como es Moscú. Todo estos males los han denunciado el bloguero anticorrupción, Alexéi Navalni, durante su reciente campaña electoral y prometió subsanarlos si era elegido alcalde. Pero, pese a su buen resultado, los moscovitas se han pronunciado mayoritariamente a favor del candidato del Kremlin, Serguéi Sobianin. Éste ha asegurado que se invertirá más dinero en los próximos años y Moscú seguirá en progresión ascendente.