Diez razones por las que no es una buena idea que el gobierno nos espíe
Un cartel en apoyo del «topo» Edward Snowden, frente a la sede de la NSA en Nueva York - afp

Diez razones por las que no es una buena idea que el gobierno nos espíe

Del «oigo todo lo dices» de Rubalcaba a la filtración del empleado de la CIA Snowden

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Cuando en 2009 el ministro del Interior Rubalcaba espetó al parlamentario del PP Carlos Floriano «veo todo lo que haces y oigo todo lo que dices», ningún ciudadano de a pie dudó de que el dirigente socialista se refería al sistema de escuchas secretas de Sitel. Y tampoco de que era un asunto que concernía, casi sólo, al afán socialista de controlar al partido rival y a la lucha por el poder.

En el escándalo de las escuchas masivas de la National Security Agency (NSA), desvelado por el exempleado de la CIA Edward Snowden, la situación ha cobrado una dimensión nueva y realmente inquietante. El espionaje se lleva a cabo con todos los ciudadanos porque la tecnología ya lo permite.

Usted siempre puede alegar: «¿Y a mí en el fondo qué me importa que el gobierno me espíe? Yo no tengo nada que ocultar».

En el portal de noticias norteamericano «Dvorak», Marc Perkel esgrime diez argumentos para demostrarle que sí le debe importar:

1. Porque es ilegal. La nueva ley surgida del 11-S (Patriot Act, Ley Patriota) ha dado origen en EE.UU. a un tribunal secreto, el FISA, que puede ordenar la recolección de datos de cualquier ciudadano del mundo y tomar decisiones que ningún otro tribunal de justicia transparente puede revocar.

2. Adiós a la libertad de Prensa. Pongamos que usted descubre el escándalo del Watergate, o los abusos en la prisión de Abu Graib. Si quiere denunciarlo a un periodista debe saber que su conversación está siendo escuchada por el gobierno afectado, y que éste actuará «por razones de seguridad nacional». Si se cita con el periodista en un parque o en un centro comercial, no dude de que otros acudirán a la cita.

3. Toma y daca. Si un país, Estados Unidos en este caso, puede espiar las conversaciones telefónicas del resto del mundo, es evidente que hay licencia para que todos hagan lo mismo con los norteamericanos.

4. Racismo. Algo en nuestro interior nos dice que nosotros somos los buenos, y que sólo espiaremos a los países hostiles. Una actitud que denota arrogancia y racismo, y que además es falsa porque el espionaje se ha realizado con los propios ciudadanos norteamericanos.

5. Paternalismo. Las agencias de espionaje, pilladas «in fraganti», admiten que han mentido a la gente, pero que lo hacen por su bien, «por su seguridad». ¿Pretenden que les creamos?

6. El efecto «Stasi». La idea de que alguien, en un cubículo, está escuchando nuestras conversaciones íntimas o viendo las fotos familiares que pasamos por la red, no es ya sólo un efecto dramático de películas como «La vida de los otros» o «Homeland».

7. Alienta el odio. El gobierno de EE.UU. está dando a sus enemigos otra razón para que detesten su sistema. Con las escuchas secretas indiscriminadas se pueden abortar algunos complots terroristas, pero se alientan otros.

8. Carburante para las mafias. En su alegato de defensa, el topo Edward Snowden afirma que podía haber vendido las filtraciones a China o a la mafia rusa. No duden de que otros de sus miles de colegas lo han intentado o lo intentarán.

9. El sueño de Hitler. ¿Se imaginan qué hubiese hecho Hitler de tener la actual tecnología de escuchas y espionaje de todos los ciudadanos? No habría, para empezar, historias heroicas de europeos que escondieron a judíos en sus buhardillas.

10. «Sabemos que tiene un arma». El gobierno va a saber siempre en qué gasta su dinero cuando hace uso de la tarjeta de crédito. Por ejemplo, en qué Walmart o armería compró la pistola, y cuándo la utiliza. Cualquier actividad «sospechosa» le va a crear un bonito problema.