Berezovski murió con una bufanda junto a su cuerpo y sin dejar una nota de suicidio
Imagen de la mansión en Ascot, propiedad de su exmujer, donde apareció muerto Berezovski - reuters
caso abierto

Berezovski murió con una bufanda junto a su cuerpo y sin dejar una nota de suicidio

La policía no encuentra pruebas de la intervención de terceras personas en la muerte del exoligarca ruso, pero su entorno alimenta la hipótesis de un posible asesinato

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La policía del Thames Valley no ha encontrado pruebas del posible papel de «terceras personas» en la extraña muerte de Boris Berezovski, el oligarca ruso venido a menos que apareció muerto el sábado en el baño de su casa en Ascot (Berkshire), en una mansión que era en realidad propiedad de su ex mujer, Galina. Su cuerpo fue encontrado, con ropa y sin sangre o señales de violencia, por uno de sus guardaespaldas, la única persona que ocupaba la casa además del histórico opositor a Putin, que había visto su fortuna menguar en los últimos años por culpa de onerosos divorcios y derrotas judiciales.

Según ha trascendido, el escolta encontró hacia las tres de la tarde del sábado el teléfono móvil del empresario con varias llamadas perdidas, algunas desde las 11 de la mañana. Hacía 17 horas que no veía a su jefe, y dedujo que algo iba mal. Tras desatascar la puerta del baño, descubrió el cuerpo inmóvil de Berezovski, que había cumplido 67 años el mes de enero. Junto a su cadáver encontró una bufanda.

Un escolta sospechó al ver llamadas perdidas en el móvil del ex oligarca ruso

La policía se centra ahora en «reconstruir la fotografía de sus últimos días de vida, hablando con sus amigos íntimos y sus familiares para obtener una idea más completa de su estado de ánimo», según recoge « The Guardian». Pero parte del entorno de Berezovski se resiste a dar el caso por cerrado, especialmente –según informaba este sábado « The New York Times»– ante la ausencia de una nota de despedida, habitual en casos de suicidio.

«Boris ha sido estrangulado»

«Boris ha sido estrangulado, y lo hizo él mismo o con ayuda de alguien, pero no creo que fue un suicidio, esto no es una muerte normal». Así se dirigió Nikolai Glushkov, uno de los mejores amigos de Berezovski, a su ex mujer Galina cuando esta se personó en el lugar de los hechos, la mansión que «heredó» de su ex marido como parte del sonado acuerdo de divorcio en 2010 con Berezovski, que le pagó 120 millones. Glushkov fue el número dos de la aerolínea rusa Aeroflot y ayudó a Berezovski a escapar de Rusia en 2000. El ex oligarca ascendió de la nada ganándose la amistad del ex presidente Boris Yeltsin, que le abrió la puerta a suculentos contratos de privatización en los años de la demolición de la economía estatal rusa en los noventa.

Berezovski, enemistado más tarde con Vladimir Putin, que llegó al poder en 2000, logró huir de Rusia con gran parte de una fortuna valorada en 3.000 millones en el bolsillo. Y en 2001 compró a precio de «ganga» (15 millones de euros) una mansión de 215 acres en Surrey tras un maratón de alcohol con el propietario. «Sería un error especular con las causas de su muerte», insiste la policía local, responsable del caso. «Estamos en los momentos iniciales de la investigación y mantenemos una predisposición abierta a medida que avanzamos», explica un portavoz a «The Guardian».

Pero muchos se resisten a aceptar la hipótesis que la prensa rusa da por hecho, la del suicidio. Lord Bell, asesor de relaciones públicas y amigo de Berezovski, con quien había almorzado hacía solo dos semanas, reconoce que estaba «muy triste y abatido» desde la derrota judicial contra Roman Abramovich el año pasado. «Pero nunca le vi como una persona que se quitaría la vida, era una persona que amaba la vida y que peleaba las cosas», explica a « The Daily Telegraph».

Berezovski llevó a juicio en Londres a su antiguo amigo y protegido, Abramovich –el dueño del Chelsea que arrebató a su mentor los galones de oligarca ruso de mayor pedrigrí en la corte de Isabel II–, a quien reclamaba 6.000 millones en un juicio que, entre 2008 y 2012, escenificó en el sistema judicial inglés las ondas expansivas de las guerras de los oligarcas. El juez no solo desestimó los argumentos de Berezovski y le dejó una factura en costas judiciales y minutas de abogados cercana a los los 100 millones, sino que le tildó en la sentencia de «testigo poco impresionante» y de «inherentemente de ninguna confianza».

Las dudas de la viuda de Litvinenko

Un duro golpe moral y financiero para el empresario, padre de seis hijos, acostumbrado a un tren de vida que se vio obligado a desmantelar con la venta de su mansión en Surrey, su lujosa oficina en Mayfair, un cuadro de Picasso y otro de Warhol, y la hipoteca de sus dos codiciadas mansiones en la costa azul francesa. Berezovski, que debía participar como testigo en el próximo juicio en Londres por el asesinato de su amigo Alexander Litvinenko, confesaba recientemente a la viuda del ex agente del KGB envenenado con Polonio que ya no tenía dinero para pagar a sus abogados.

«Desde mi punto de vista no es probable que se suicidara», explica Marina Litvinenko al «Daily Telegraph». «Tenía muchos enemigos, decía las cosas claras y nunca escondía lo que pensaba», cree. Sin embargo, también se ha conocido que Berezovski concedió una entrevista 24 horas antes de morir a la edición rusa de Forbes en la que confesaba que ya «mi vida no tiene sentido, no quiero meterme más en política, no sé lo que hacer, tengo 67 años y ya no sé lo que hacer a partir de ahora».

«Mi vida no tiene sentido», habría dicho a Forbes Rusia 24 horas antes de morir

El oligarca fallecido tenía problemas cardiacos, y había caído en una fuerte depresión tras encajar varias derrotas sucesivas ante la vida. Así lo resume otro de sus amigos, el escritor Yuli Dubov, que se personó en su casa horas después de que apareciera el cuerpo: «Pudo haber sido un derrame cerebral, un ataque al corazón o incluso pudo haberse suicidado, pero lo que está claro para mi es que a Boris le mataron todos estos años de presión y de infundios lanzados contra él por las autoridades rusas».

Berezovski, que durante un tiempo encarnaba la única opisición fáctica al ahora todopoderoso Putin en Rusia, era hacía tiempo un cadáver político, y su opulento tren de vida había terminado. «No veo ninguna razón por la que Moscú se tomaría la molestia, ya habían logrado destrozarle», explica su gran amigo británico, Lord Bell. «Seguro que preferían verle en estado de miseria, y estarán furiosos de que haya logrado escapar», concluye. En medio de estas especulaciones en su entorno amigo y enemigo, la policía británica prosigue sus pesquisas.