Jesse James, criminal, forajido e icono estadounidense
Jesse James, criminal, forajido e icono estadounidense

El cobarde asesinato del forajido Jesse James: la gran conspiración del salvaje Oeste

El 3 de abril de 1882, los hermanos Ford, amigos del forajido, acabaron con él para cobrar los 10.000 dólares de recompensa. Tan solo obtuvieron 500

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Que sí, amigos y lectores, que el refrán confirma que aquel que roba a un ladrón tiene cien años de perdón y que el que a hierro mata, a hierro muere. Y los dichos son sabios (o eso nos han inculcado desde hace siglos). Pero la muerte de Jesse James, el pistolero más famoso del lejano Oeste, no hay proverbio que la sustente. Ni sabiendo siquiera que su fama de «buen forajido» fue una falacia de proporciones similares al First National Bank de Northfield que intentó robar en 1876. La trampa que le tendieron los hermanos Ford -sus últimos colegas de armas en el triste mundo del bandolerismo- fue tan sucia como traicionera. Y si no, imagínense lo que es invitar a tus compadres a tu propia casa solo para que, minutos después, destruyan tu confianza con un tiro en la mollera. ¿Feo, verdad?

Jesse James
Jesse James

Pues eso es lo que ocurrió al no tan bueno de Jesse: que la suculenta suma que ofrecían por su cabeza (10.000 dólares, de las más altas del «far west») pesó más que la amistad. Aunque sus asesinos apenas cobraron 500... Y suerte que tuvieron de que no les hicieran un Viriato con aquello de «Roma no paga a traidores». En todo caso, lo que es innegable es que, aquel abril de 1882, cada uno obtuvo lo que se merecía. James, el disparo que se llevaba buscando desde que empezó su carrera como bandido tras haber combatido en el bando sudista. Los Ford, una puñalada trapera similar a la que ellos mismos habían dado. Aunque el mejor parado fue, curiosamente, el cadáver, pues morir bajo los auspicios del estado acrecentó la falsa leyenda que se había forjado de Robin Hood del siglo XIX.

Ya lo dijo el Evening Bulletin (de Maysville, Kansas) el 4 de mayo de ese mismo año: «El asesinato de Jesse James es uno de los crímenes más cobardes e innecesarios que se han perpetrado en los Estados Unidos. La única motivación fue el interés económico». Su muerte causó gran revuelo y consternación en el país. Aunque esas mismas gentes que se encogieron de dolor al conocer la partida del bandolero fueron las mismas que, durante meses, llenaron los espectáculos teatrales en los que los hermanos Ford representaron, una y otra vez, el fallecimiento del pistolero. El morbo, que suele adelantar por la derecha a la lógica. En todo caso, el mito ha perdurado hasta la actualidad. Quede como prueba que, allá por 2009 se estrenó la película «El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford». Tirando de tópico... no hay más preguntas, señoría.

Guerra y crimen

Pero vayamos por partes, pues entender a este bandolero requiere hablar de sus años mozos. Jesse nació en 1847 en Missouri. Hijo de un ministro baptista (como explica Gregorio Doval en «Breve historia del salvaje Oeste»), cuando sumaba diecisiete añitos se unió a la guerrilla confederada del cruento Bill Anderson. Razones tenía, todo hay que decirlo, pues las tropas federales se habían presentado poco antes en el rancho de su familia para pedir información y, de paso, intentar colgar a su padrastro (y digo intentar porque este sobrevivió). Nuestro protagonista demostró desde joven que su vida estaba destinada a la violencia ya que, junto al clan de los Younger, protagonizó todo tipo de tropelías durante la contienda. «Las actuaciones de esta guerrilla fueron tan atroces y despiadadas que todos sus miembros fueron excluidos expresamente de la amnistía decretada al acabar el conflicto», añade el autor en su obra.

«No sé lo que significa la palabra fracaso. No existe nada en este mundo que pueda influirme cuando sé que estoy haciendo lo debido»

Con este currículum no parece extraño que, al final la guerra civil estadounidense en 1865, Jesse, su hermano y los Younger tuvieran que dedicarse al latrocinio y al pistolerismo. El noble arte en el lejano Oeste. Como si su vida fuera un cliché del spaghetti western, la banda dedicó su vida a asaltar diligencias y trenes, robar tiendas y atracar bancos. Tampoco decían que no a los trabajos como asesinos a sueldo (ya se sabe, hay que reinventarse). Doval cifra las riquezas que consiguieron durante sus años de bonanza en «cientos de millones de dólares». Todo ello, para disgusto y frustración de los agentes de la Pinkerton, la misma agencia de cazadores de bandoleros que se enorgullecía de atrapar siempre a su presa. «No sé lo que significa la palabra fracaso. No existe nada en este mundo que pueda influirme cuando sé que estoy haciendo lo debido», solía decir su director. En el caso de James se tuvo que tragar la primera parte...

La brutalidad de los detectives de esta agencia (contratada por el estado) fue la que ayudó a Jesse James a convertirse en un héroe para los mismos sureños a los que todavía les escocía la derrota en la guerra. No hay más que conocer el ataque que protagonizaron los agentes contra la casa de su familia, en el que el hermanastro del bandido falleció y su madre perdió un brazo. También le ayudó la campaña de propaganda y leyenda blanca que algunos diarios como el Kansas City Times organizaron en torno a su persona. En el artículo «Was Jesse James a Southern Robin Hood?», el Abbeville Institute afirma que estos periódicos ayudaron al bandolero a forjarse una imagen de Robin Hood moderno. Todo ello, usando como base las cartas que el propio forajido les mandaba para defender sus acciones. Le fue bien y la sociedad empezó a ver al gobierno como un conspirador.

Allan Pinkerton
Allan Pinkerton

Quizá fue ese cariño el que le hizo confiarse y orquestar un atraco demasiado arriesgado: el del First National Bank de Northfield en 1876. La verdad es que no fue su mejor idea. El día del robo, el bandido se presentó en la sucursal a pesar de que sabía que los vecinos se habían armado tras haber sido alertados de un posible asalto. Todo salió más que mal. Jesse entró con el revólver por delante y amenazó al encargado. O abría la caja fuerte, o acabaría con un tiro en la sien. Pero aquel día el cajero se sentía valiente y se negó. La amenaza se hizo realidad y el forajido le disparó a la cabeza, pero no contaba con que, tras apretar el gatillo, iba a desatar un torrente de plomo de los ciudadanos que estaban fuera. Solo quedaba salir por piernas de allí. Y no les fue demasiado bien, pues todos los Younger fueron atrapados.

Cobarde asesinato

Con la banda virtualmente destruida, Jesse se escondió en Tennessee al abrigo de una identidad falsa. Quietecito habría estado bien, pero ese no era su estilo. Y eso que se había prometido a sí mismo dejar aquella vida para siempre. Al final, acudió poco después a la llamada del dinero fácil y volvió al mundo del bandolerismo con el exitoso asalto a un tren. Aquello le dio alas para descolgar el revólver. Robin Hood regresaba al Bosque de Sherwood. Pero... ¿de quién fiarse? «En 1882 solo le quedaron dos hombres en los que confiar: Charley y Bob Ford, hermanos de la novia de otro de los miembros del clan. Jesse les pidió a ambos que se instalaran en su casa de Saint Joseph para asegurarles a él y a su familia una mínima protección ante lo que pudiera pasar», añade Doval. Eran fiables y viejos conocidos; o eso creía nuestro protagonista.

Jesse James, junto a su asesino
Jesse James, junto a su asesino

Pero la realidad no tenía nada que ver con sus suposiciones. Los hermanos habían llegado a un acuerdo con el gobernador de Missouri y con el sheriff James Timberlake para entregar a James (vivo o muerto, como diría Hollywood) a cambio de 10.000 dólares. Tal y como explica Nick Vulich en su popular (y documentada) «History bytes», Bob había ofrecido la cabeza del forajido a cambio del dinero y de que le conmutaran una pena de prisión por asesinato. El problema es que no era sencillo cazar a su presa. «Los hermanos Ford jamás tuvieron la certeza de que se les fuera a presentar la oportunidad de asesinar a Jesse James, ya que siempre iba fuertemente armado y era imposible desenfundar un arma sin que él se percatara», desvela el autor en su obra.

El 3 de abril empezó la fiesta. Aquel día, después de desayunar y de cepillar a los caballos, Jesse y los Ford se dispusieron a entrar en el cuarto de estar de la casa. Existen varias versiones sobre lo que ocurrió entonces. Vulich y Doval son partidarios de que, tras quejarse por el calor, el bandido se quitó el abrigo y lo apoyó sobre una silla. «Dejaré las armas dentro, no querría que nadie las viera al salir del jardín», afirmó. Fue entonces cuando se desabrochó el cinturón en el que llevaba su Smith and Wesson del calibre 45 y su Colt y se aprestó a subirse a un taburete para enderezar un cuadro que se había torcido. Sus supuestos amigos aprovecharon su oportunidad. Así lo escribió el Evening Bulletin de Maysville, Kansas, poco después:

«Robert fue el más rápido de los dos. En un visto y no visto, se hizo con un arma larga cuyo cañón acercó a poco más de un metro de la cabeza de Jesse James [...] La bala penetró la base del cráneo y salió por la frente, un poco por encima del ojo izquierdo».

El cadáver de Jesse James
El cadáver de Jesse James

El disparo alertó a la esposa de James, que se presentó en la sala. «Ha sido un accidente», repitieron ellos como un mantra. Al parecer, su mujer hizo lo posible por cortar la hemorragia, pero fue imposible. Tras escapar del lugar, los hermanos acudieron a una oficina de telégrafos desde la que informaron al sheriff de su muerte. A continuación, se entregaron a las autoridades. Poco después, se confirmó lo sucedido. «El gobernador Crittenden confirma que el cadáver es el de Jesse James y que es fruto de un acuerdo entre las autoridades y Bob Ford», escribió el periódico Watchman and Southron. Su juicio, obligado, fue raudo. En el mismo día les condenaron a la horca y les indultaron. El diario publicó, posteriormente, lo siguiente:

«Los hermanos Ford declaran no ver inconveniente en reclamar la recompensa ofrecida por el gobernador Crittenden por capturar a Jesse James. De hecho, recientemente han mantenido varias reuniones en el hotel St. James de Kansas City. El gobernador estaba al tanto de sus planes y los aprobaba. Inmediatamente después de disparar a Jesse James, se entregaron a las autoridades».

Pero no cobraron toda la recompensa. El gobernador, aprovechando la exaltación que se produjo en la sociedad tras el suceso, apenas les entregó 500 dólares. La muerte fue para nada. Aunque ellos intentaron sacarle todos los réditos posibles y se dedicaron a representar funciones de teatro en las que, una y otra vez, mostraban cómo habían acabado con Jesse James. «El asesinato causó una gran sensación en todo el país. Los hermanos Ford no solo no ocultaron sus actos, sino que, incluso, alardearon de ellos Tiempo después se marcharon rápidamente del estado. Charley Ford se suicidó en mayo de 1884. Bob fue asesinado en 1892 de un disparo de escopeta en la garganta en el saloon que había abierto en la ciudad de Creede, Colorado», añade Doval.