«Cuando escuchan el aplauso, ya nadie les puede decir que no valen para nada»

Acción Social por la Música logra que los niños en situación de vulnerabilidad tengan aspiraciones en su vida y restauren sus lazos con la sociedad

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María Guerrero llevaba una exitosa carrera profesional en un prestigioso despacho de abogados cuando una inesperada reunión de amigos le hizo cambiar por completo toda su trayectoria laboral. «Me invitaron a ver la presentación de un documental del maestro José Antonio Abreu, creador en Venezuela de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y la Fundación del Estado que ha logrado una red de orquestas infantiles, juveniles y coros que involucra a cerca de un millón de músicos, jovenes todos ellos que vivían en situación de vulnerabilidad y que han visto cómo la música les ha cambiado y dado sentido a su vida».

Explica que quedó atrapada por la excelente labor de este músico y pensó que esta iniciativa tenía que estar presente también en España. Se puso manos a la obra dejando atrás su profesión de abogada. Fue así como nació en Madrid Acción Social por la Música. «Aprender a tocar un instrumento y crear música tiene un poder enorme para construir valores humanos y que los niños más vulnerables —por estar en riesgo de exclusión social por los bajos recursos de sus padres, por discapacidad, etc.— puedan elevar sus propósitos en la sociedad y salir de su difícil situación».

Insiste en que este sistema de aprendizaje masivo que aspira a la excelencia artística —presente en la actualidad en más de 60 países—empodera a los niños y les ayuda a restaurar sus lazos con la sociedad, recuperar su dignidad y crear nuevas oportunidades en su futuro.

Para ello, esta organización acude a centros educativos con alumnos que viven situaciones muy complejas, asesorados por Servicios Sociales y alguna Ong, y allí les ofrecen el aprendizaje de la música como una actividad extraescolar gratuita. Imparten cuatro horas a la semana y los viernes cuatro horas en las que reunen a casi 200 niños. «Al ser una actividad masiva se logra un gran impacto en ellos cuando escuchan sus instrumentos al unísono. Lo viven casi como un pequeño trance que disfrutan enormemente», matiza María Guerrero.

Cada día es un pequeño milagro

La creadora de Acción Social por la Música explica con gran entusiasmo que está demostrado que estos niños mejoran su rendimiento académico, su capacidad de concentración, su motivación, sus aspiraciones, su orgullo y su autoestima. «Cuando van a los numerosos conciertos que organizamos, una vez que escuchan el aplauso, ya nadie les puede decir que no valen para nada. Esa satisfacción personal la llevan a casa y repercute también en la autoestima de la propia familia, que ve un reconocimiento en la labor que realiza su hijo.

Esta organización cuenta, además, con un programa en el Teatro Real de Madrid al que acuden 50 niños con síndrome de Down y autismo para cantar, bailar y aprender música. «Las personas con discapacidad intelectual son muy vergonzosas y se sienten marginadas por su condición. Actuar de forma conjunta al unísono les ayuda a perder esa timidez y miedo y contribuye a que se sientan integrados en el grupo. Además, mejoran la memoria, la comunicación, la expresividad... Hemos tenido chicos autistas que no hablaban, pero que se ponían a cantar y, después, han comenzado a hablar. Otros sufrían bloqueos que les dejaban inmóviles y con la música han comenzado a caminar. Cada día es como un pequeño milagro», confiesa a ABC María Guerrero con gran emoción.

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