Giorgio Armani: «Todo está listo para mi sucesión»

El estilista, de 83 años, afirma que cree en las personas que le rodean, pero es «el único en adoptar las decisiones finales»

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«El ochenta por ciento de lo que hago es disciplina, el resto es creatividad». Esta ha sido siempre la base del éxito del estilista Giorgio Armani, quien, a sus 83 años –los cumple el próximo 11 de julio-, sigue siendo un trabajador incansable, cuidando hasta los más mínimos detalles la gestión de una de las casas de moda de mayor éxito internacional. En realidad, desde que en 1975 fundó la empresa con el arquitecto Sergio Galleotti, su compañero de vida y de negocios (murió de sida a los 40 años, en 1985), Armani ha construido un imperio que hoy, además de ropa, abarca muebles, restaurantes, hoteles de cinco estrellas, un espléndido club nocturno en Milán, perfumes, relojes e incluso una línea de chocolates (la caja de regalo con 16 bombones cuesta 30 euros). Armani, cuya fortuna personal es de 7.500 millones de euros, según Forbes, no deja nada a la improvisación. Obviamente, tampoco la sucesión. Hablando con «How to spend it», semanario del Financial Times que le ha dedicado la última portada, cuando se le preguntó qué será de su imperio después de él, la respuesta de «rey Giorgio» -así es conocido habitualmente- reconoce que tiene todo listo: «¿Mi sucesión? Todo está bajo control, y lo que sucederá será dado a conocer en el momento oportuno».

La sucesión de Armani, tema al que ha dedicado mucho tiempo en los últimos años, suscita extraordinario interés, porque es el argumento más delicado de la maison, teniendo en cuenta la absoluta identificación que existe entre empresa, marca y fundador. En el 2016, el rey de la moda anunció la creación de una fundación, con la misión de mantener el grupo en línea con los principios del fundador: atención a la calidad y a la prudencia, sin repartir beneficios, sino utilizándolos para hacer crecer la sociedad y para fines institucionales. Y, por supuesto, con atención a un estilo al que Giorgio Armani ha sido siempre fiel: el gusto por una elegancia con sencillez. «El estilo es un estado de ánimo que se puede aplicar a todo. Nunca he pensado que si algo es nuevo, es automáticamente justo. Tengo mi propia visión e ideas y no tengo miedo a ir contracorriente», afirma Armani, a quien cierta exhibición de la moda de hoy no le entusiasma: «Pienso que la mayor parte de lo que vemos hoy en las pasarelas es demasiado fantasiosa».

Proyectos de expansión

Por el momento, en el puesto de mando de su imperio solo figura él. «Creo en las personas que me rodean, pero soy el único en adoptar las decisiones finales», explica Armani, quien admite ser obsesivo con los detalles: «No se puede pasar por alto o subestimar el más mínimo detalle». Su firma tiene 2.983 puntos de venta en el mundo para sus diferentes líneas de productos, con unos 9.000 empleados. Pero Giorgio Armani no se conforma: sigue realizando además proyectos de expansión. Por ejemplo, ante el éxito extraordinario que ha tenido su club nocturno en Milán, le gustaría abrir un local «en cada capital importante del mundo». El grupo Armani tuvo unos ingresos de 2.650 millones de euros en el 2015 (último balance conocido). «Ni siquiera en mis sueños más audaces hubiera imaginado llegar a este punto», señala Armani a «How to spend it», que recuerda las etapas de la carrera del estilista, desde que en 1980 vistió al actor norteamericano Richard Gere en «American Gigoló», y subrayando, por otro lado, que cada minuto se vende un frasco del perfume Acqua di Giò, a 52 euros.

En su carrera llena de éxitos, Armani ha tenido que sacrificar los afectos por el trabajo. Ha sido su elección: «Mi trabajo es mi vida. Eso es seguro».