Tumba de Carmen Franco Polo, hija de Francisco Franco - ISABEL PERMUY / Vídeo: El embrollo de Franco se le atasca al Gobierno

El traslado de Franco a la cripta de La Almudena: «No lo entiendo, si al Valle no va casi nadie»

Vecinos y comercios temen que la llegada del dictador a la cripta de La Almudena altere la convivencia

MadridActualizado:

A poco más de medio kilómetro de la Plaza de Oriente –emblema de las «muestras de adhesión inquebrantable» al régimen franquista–, la cripta de la Catedral de la Almudena, en el número 90 de la calle Mayor, ha sido durante décadas uno de los rincones «secretos» más bellos de Madrid. Al menos, así lo consideraban sus visitantes hasta el pasado 29 de septiembre. Ese día, los medios de comunicación se hicieron eco del escrito de alegaciones presentado por los nietos de Francisco Franco ante el Ministerio de Justicia, por el que se oponen a la exhumación; si bien, en el caso de producirse, anunciaban su intención de enterrar al dictador en la cripta de la catedral, donde disponen del correspondiente derecho de inhumación.

La cripta saltó entonces al primer plano mediático, lo que ha despertado el consecuente revuelo en la zona. Flores con los colores de la bandera de España adornan desde hace días la tumba donde descansan la hija del dictador, Carmen Franco Polo, y su marido, Cristóbal Martínez-Bordiu, marqués de Villaverde. «Me ha sorprendido ver que está a ras del suelo, pensaba que tendrían un mausoleo separado por una barandilla o algo parecido», confiesa Carlos, un visitante convencido de que la nueva ubicación lo único que puede traer son problemas. «No entiendo por qué quieren sacarlo del Valle de los Caídos; salvo en días concretos, es un sitio apartado al que no va casi nadie», añade.

Más allá de la creciente polémica, lo cierto es el probable desembarco del féretro ya está siendo aprovechado por algunos guías turísticos para ampliar el recorrido de sus rutas. «Antes solo entraban en la Catedral y ahora ves a grupos que bajan hasta la cripta», desvela una dependienta, no sin dejar una frase definitoria: «Tocará adaptarse a los nuevos tiempos».

«Que haya respeto»

Aunque la afluencia –en su mayoría, turistas nacionales y extranjeros– aún no ha variado en demasía, la duda es casi inevitable para todos aquellos que deciden cruzar el portón: «¿Dónde está la tumba de la familia de Franco?», preguntan curiosos a la entrada. A pesar de que nadie en la cripta asegura temer la situación que podría generarse, la risa nerviosa del vigilante denota, cuando menos, cierta intranquilidad. «Mientras vengan con respeto, no hay ningún problema», sostiene Antonio, quien, apostado en el flanco más próximo a la sepultura, vende collares y rosarios a dos y tres euros: «La gente compra igual que antes».

Fuera del templo se abre paso el parque Emir Mohamed y la singular Cuesta de la Vega, dos puntos alejados del bullicio urbano, concentrado tradicionalmente en la calle de Bailén. Allí, el trasiego de peatones y coches es continuo. «No he visto que estos días hayan venido más personas, este ya es un sitio muy frecuentado», advierte un camarero de un bar cercano. En ese sentido, desde el Gremio de restauradores de la Plaza Mayor y el Madrid de los Austrias, con cerca de 60 comercios agrupados, no creen que los restos de Franco supongan un «atractivo turístico»; al menos en comparación «con toda la riqueza» que alberga la histórica barriada. «En la calle de Atocha está enterrado Lope de Vega y en el convento de las Descalzas Reales, Juana de Austria, la hermana de Felipe II», apuntan, con la convicción de que su presencia podría suponer un elemento de distorsión.

Opinión de los comercios

Desde el punto de vista comercial, los hosteleros son conscientes de los perjuicios que conllevan las aglomeraciones o manifestaciones, celebradas principalmente en la Puerta del Sol y la Plaza Mayor. «Con los partidos de fútbol lo notamos muchísimo. Cuando hay Champions y viene la afición rival, los flujos habituales se alteran muchísimo», inciden, con la preocupación de que este tipo de encrucijadas tengan lugar en la Plaza de Oriente y sus alrededores. «Esa parte del Madrid de los Austrias siempre ha estado más retirada y ahora, con su llegada, podría contaminarse un poco».

En una línea similar, los residentes señalan también la particularidad de que se produzcan concentraciones, con el añadido del «probable componente de la conflictividad, venga de la corriente que venga». «Dados los eventos, manifestaciones o la creciente proliferación de las viviendas turísticas, no estamos a favor de que se genere cualquier situación adicional que pueda suponen una mayor concurrencia de personas», resumen desde la Asociación de Vecinos Ópera-Austrias. Los actos violentos o desperfectos en el mobiliario urbano están muy latentes en un vecindario acostumbrado a convivir con el fulgurante ritmo de acontecimientos en las calles del centro. «Una cosa es eso y otra que tengamos follones o que la Policía no nos deje pasar», protesta una mujer en un portal muy próximo a la catedral.

Críticas al Gobierno

De vuelta a la cripta, un matrimonio recién llegado de Alicante asiente con sorpresa al enterarse de que los restos de Franco puedan acabar ahí. «Nos acabamos de enterar de que este era el sitio», revela él. Su esposa tiene claro que hay cosas más importantes que trasladar al dictador. «Es mucho más grave que tengamos políticos aliados con dictadores actuales que sí que representan una amenaza», comenta, sin entender por qué el Gobierno de Pedro Sánchez tiene como prioridad la exhumación del cuerpo.

«Con la que está cayendo en España, creo que el Gobierno se debería dedicar a solucionar los problemas de la gente, que son muchos, por encima de esto», remarca el presidente de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, Pablo Linares. «Han generado un problema innecesario», sentencia. La preocupación del Ejecutivo de Sánchez ante la nueva tesitura es manifiesta. Cuestionado por ello, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, aseguraba hace días que la Iglesia no puede oponerse a la decisión de la familia de enterrar a Franco en la cripta de la Catedral y que no tienen «inconveniente en acoger a nadie».