Las fiestas en «Sanse», a lo grande

GUILLERMO D. OLMO
MADRID Actualizado: Guardar
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Como todos los años, Sanse ardió de nuevo en las postrimerías del verano. Y lo hizo prendido por las ganas de fiesta de una concurrencia cada año que pasa más multitudinaria. Ayer, arrancaron las fiestas de San Sebastián de los Reyes. Y lo hicieron a lo grande, con un encierro, dinámico e impecable. Un minuto y cincuenta segundos de carreras callejeras y emoción, en las que participaron más de 2.000 personas, y que dan paso a lo que serán siete días con sus siete noche de celebraciones y pasión taurina.«MC» No pudieron tener mejor arranque las fiestas en homenaje al Santísimo Cristo de los Remedios, que cada año se celebran en la «Pamplona chica» y cuyos encierros se han convertido en unos de los más populares de la geografía nacional.

A las ocho de la mañana, puntual, atronó el chupinazo que anunciaba la suelta de los toros de la ganadería de Francisco Javier Arauz de Robles. Unos morlacos que completaron el recorrido agrupados y a un ritmo que permitió a los mozos ajustarse a él. No hubo sobresaltos. Un encierro limpio, que se saldó con 16 heridos leves.«MC2»Todos lo son por diferentes contusiones. Dos de ellos por asta de toro. En cualquier caso, se trata de un balance positivo para lo que suele acontecer en estas lides.

A la hora del encierro, en las calles de San Sebastián, convivían los madrugadores corredores, preparándose para lo que más les gusta con los supervivientes de otra maratón más larga: la de pasarse toda la noche bebiendo y festejando.

A eso de las seis y media, cerraban las casetas instaladas por las peñas y otras agrupaciones cívicas frente a la avenida de los Reyes Católicos. Un tropel de muchachos «etilizados» asumía de mala gana el fin de la fiesta. Algunos daban rienda suelta a su ebria irritación reventando botellas, vacías claro, contra el asfalto.

Con el alba, el ruido de los vidrios rotos fue dejando paso a la bucólica melodía de los cencerros de las reses. El ejército de noctámbulos se retiró en su gran mayoría al vallado que rodea todo el trazado del encierro y dejaba paso a los «profesionales», a los corredores. El Ayuntamiento ha redoblado los esfuerzos para evitar que participe nadie que no esté en condiciones. Según reconocía un corredor foráneo, «la cosa está bastante controlada».

«Aquí se corre muy bien»

El «cambio de guardia» daba lugar a escenas pintorescas. Como la de un grupo de corredores que realizaba estiramientos junto a una pareja de recién casados. Ella, Laura, hacía ya muchas horas que había dejado de preocuparse por la cola de su vestido de novia. «Venimos de nuestra boda. Nos casamos ayer y llevamos de fiesta desde entonces, pero somos de aquí y no queríamos perdérnoslo». A su lado un borracho, renegaba de «los antitaurinos».

Jacinto, un mozo de Loeches, presumía a pocos metros de los novios: «Yo llevo 20 años corriendo encierros». Curtido en mil «batallas», algunas tan prestigiosas como los «Sanfermines», cuando le preguntaban su secreto para haber salido ileso de todas ellas, respondía jocundo: «¿Secreto?, pues correr y que no te pille el toro». Así de simple. Lo bueno para él y para los amantes de los encierros es que los de «Sanse» no han hecho más que empezar.