En la imagen, Pedro Corral junto a su perro en el Parque del Oeste, que se configuró en los años de la guerra en una de las líneas de frente que separó las dos Españas. Al fondo, un fortín de hormigón de los soldados
En la imagen, Pedro Corral junto a su perro en el Parque del Oeste, que se configuró en los años de la guerra en una de las líneas de frente que separó las dos Españas. Al fondo, un fortín de hormigón de los soldados - ÓSCAR DEL POZO
ENTREVISTA A PEDRO CORRAL

«Los extremos son los que rompen la convivencia de todos en una nación»

El Concejal del PP en el Ayuntamiento de Madrid que dio una lección sobre la memoria histórica a Carmena anuncia que su partido tomará medidas contra los criterios adoptados por Ahora Madrid para cambiar el callejero

Madrid Actualizado: Guardar
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Nos citamos con Pedro Corral en uno de los lugares donde se libró una de las guerras de trincheras más duras de la Guerra Civil: el Parque del Oeste (Moncloa-Aravaca). El concejal del grupo municipal popular espera en el intercambiador de Moncloa y, según camina con su perro «Pote», al que rescató de una perrera, le frena un ciudadano. «Felicidades. ¿Es usted el que ha hecho esa intervención del callejero franquista?», le pregunta. Corral se queda sorprendido. «Sí», contesta. «¡Ah! Enhorabuena. Estuvo genial». En un tramo de 100 metros, por esta misma razón, le vuelven a parar.

A Pedro Corral se le escapan pocos detalles de la Guerra Civil española. Es un apasionado de la temática desde que era un niño y se ha documentado sin descanso para entender un conflicto que arrasó con la vida de miles de personas y condujo a una larga dictadura. El pasado miércoles aleccionó a la bancada de Ahora Madrid y a la propia alcaldesa, Manuela Carmena, sobre los errores históricos que han cometido en su revisionismo a cuenta del callejero franquista y el perjuicio que conlleva querer aplicar la memoria histórica como la dictadura de Franco, dijo, «cancelando la mitad de la Historia».

–Usted ha sido concejal del Área de Cultura durante dos años. ¿Le llegaron peticiones de ciudadanos para cumplir la ley de Zapatero y borrar las reminiscencias de la dictadura?

–No. Ni una sola reclamación ni petición, ni siquiera de alguien que le molestara que hubiera una calle determinada. Esa es mi experiencia. Al final del mandato, sí recibimos una reclamación de un abogado que exigía al Ayuntamiento de Madrid la retirada de los símbolos, escudos, placas e insignias relacionadas con el régimen franquista. También nos envió un largo listado de calles que, a su juicio, había que cambiar, pero que en su inmensa mayoría quedaban fuera de la exigencia del artículo 15 de la ley.

–¿Por ejemplo?

–Por ejemplo, pedía que se quitara por franquista la calle a Rodríguez Santamaría, subdirector de ABC asesinado junto a cuarenta obreros de las rotativas. A ninguna de estas personas se las puede identificar como franquistas, porque fueron asesinadas antes de que hubiera un bando franquista como tal.

–¿Le llegasteis a contestar?

–Sí. Le dijimos que en ningún edificio municipal de Madrid existía placa, insignia o escudo relativo al régimen de Franco que hubiera que quitar, eran de otras administraciones y le recomendamos que se comunicara con ellas.

–Es la misma denuncia en la que se basó el PSOE para aprobar por urgencia en el Pleno del pasado noviembre el cambio del callejero...

–Exacto.

–Usted tuvo la responsabilidad de aplicar la Ley de Memoria Histórica como actualmente la tiene Celia Mayer (Ahora Madrid).

–Cierto, pero le voy a decir la verdad: no consideramos que fuera una prioridad para los madrileños. La prioridad era y sigue siendo el empleo, la atención social y la mejora de los servicios públicos. El cambio del callejero no iba a ayudar en nada a los más de 200.000 madrileños en paro, y ahora tampoco como reconoció la propia Manuela Carmena cuando dijo que para ella no era un tema prioritario.

–¿Qué le preocupaba más a la gente en lo que concernía a su área de Gobierno cuando fue delegado?

–El estado de las instalaciones deportivas, los abonos, la calidad del servicio de las bibliotecas...

–El Ayuntamiento se ha encargado de ajustar el pago a la cátedra que dirige la hijastra de Fidel Castro, con sesgo izquierdista, para evitar un concurso público ¿qué opina?

–Que se ajustan al límite para que sea un contrato menor, 18.000 euros, y no convocar un concurso público–ríe–.

–¿Van a tomar alguna medida?

–A Mayer le hemos pedido que despida a estos asesores que han demostrado trabajar muy poco, sin ningún rigor y hacerlo además con sectarismo. Queremos saber por qué se ha decidido que sea esta institución la elegida. Trabajaremos porque se cuente con expertos más plurales y objetivos para redactar el Plan Integral de Memoria. No nos pueden vender que su labor de revisión histórica de más 300 calles va a ser imparcial y conciliadora, cuando ya se ha visto su carga de parcialidad y sectarismo.

–Los aliados de gobierno de Carmena, los socialistas, reconocieron que no habían contado con ellos para el listado de 30 calles que se cargarán antes del verano. ¿Con ustedes?

–No han contado con nadie, no han sido consensuados, muchos quedan fuera del artículo 15 de la ley y han cometido errores imperdonables, que incluso caen dentro de la figura penal de la calumnia.

–Usted fue asesor parlamentario del PP en el Congreso de los Diputados cuando se redactó la Ley de Memoria Histórica. ¿La veía innecesaria?

–Sí. A lo largo de la democracia se aprobaron medidas de reparación a las víctimas mucho más sensibles y eficaces que toda la Ley de Memoria Histórica, que reparaban injusticias, por ejemplo, en cuanto a pensiones a militares republicanos, reconocimientos de antigüedad y grados. Además todo se había hecho por consenso entre todas las fuerzas políticas.La ley de Zapatero fue fruto de una estrategia política por rearmar el discurso de la izquierda utilizando como referente una visión de la República edulcorada hasta grados letales para diabéticos.

–¿Cual es la lección que usted sacaría de todo aquel pasado violento de la España del siglo XX?

–La gran lección es que al final son los extremos los que rompen la convivencia de todos en una nación.