Pesca de bajura en O Grove
Pesca de bajura en O Grove - MIGUEL MUÑIZ
La explotación de los océanos

Petróleo, gas y minería submarina amenazan a la flota pesquera gallega

La Cooperativa de Armadores de Vigo está preocupada por las prospecciones en el caladero de Pocurpine, Gran Sol. Nambia, donde operan grandes firmas de la Comunidad, ha otorgado licencias para extraer diamantes y fosfatos

SantiagoActualizado:

Los yacimientos de petróleo, gas y minerales comienzan a agotarse en tierra. Desde hace unos años la industria extractiva ha lanzado su mirada hacia los todavía inexplorados fondos marinos, que cubren el 71% de la superficie del planeta. Pero la explotación de estos recursos podría poner seriamente en peligro la biodiversidad de los océanos y afectar a los recursos pesqueros. La cooperativa de armadores de Vigo (Arvi) comienza a alzar la voz contra la nueva amenaza. El próximo 12 de octubre presentará en unas jornadas organizadas por la Comisión Europea un informe de su Comité Asesor Científico Técnico. En él reclama que a la hora de conceder licencias de explotación se tenga en cuenta a la industria pesquera que ya está operando en los caladeros afectados.

El famoso Gran Sol —bautizado así por los pescadores galos por la abundancia de lenguado, sole en francés —es ya uno de los puntos afectados. En la zona operan actualmente entre 50 y 60 barcos gallegos. Pero desde hace algunos meses algunos de ellos se han visto obligados a modificar sus rutas de pesca. En el caladero Porcupine, situado en la costa irlandesa y rico en cigala, comenzaron en 2016 campañas sísmicas de búsqueda de petróleo y gas. Actualmente se está perforando a gran profundidad para abrir un pozo experimental. «Son campañas con un efecto en principio temporal sobre la fauna y sobre la flota pesquera, pero hay que considerar que las campañas sísmicas, y las perforaciones experimentales, son la puerta a la instalación de plataformas y a la explotación comercial de los yacimientos», explica Rebeca Lago en el informe de Arvi.

En Europa, la utilización de dinamita como arte de pesca lleva años prohibida por su impacto sobre los recursos, pero las prospecciones sísmicas, mucho más virulentas, sí se permiten. «El medioambiente sufre un trastorno importante y afecta a muchas especies», explica el gerente de la cooperativa de armadores de Vigo, Jose Antonio Suárez-Llanos, quien demanda una legislación clara que permita coordinar e integrar todas las actividades económicas que se desarrollen en los océanos. Suárez-Llanos reclama también que la industria extractiva esté sujeta a las mismas exigencias que se impone a la flota pesquera para no agotar los recursos del mar.

Para buscar petróleo en los fondos marinos desde un barco se lanzan cañones de aire comprimido durante 24 horas al día a lo largo de dos o tres semanas. El impacto acústico que se produce en los océanos es muy elevado y afecta al comportamiento de la fauna, que huye de la zona. En su informe, «Coexistencia de la actividad pesquera con las industrias del gas, el petróleo y la minería submarina», la investigadora Rebeca Lago cita diferentes estudios científicos que han probado su impacto en la pesca. En varios experimentos controlados el uso del aire comprimido disminuyó un 50% las capturas de diferentes especies.

A las ya consolidadas plataformas petrolíferas se une ahora otra amenaza incipiente, la extracción de minerales. Los fondos marinos son ricos en metales preciosos como oro, plata, cobre, manganeso o zinc, y también otros menos conocidos como el telurio, el cobalto o el vanadio. Algunos de ellos son imprescindibles para fabricar turbinas eólicas, pantallas de ordenadores o baterías para coches eléctricos. Hasta ahora no era posible acceder a los yacimientos, pero el desarrollo tecnológico y la fabricación de robots que circulan por los fondos marinos comienzan a convertirlos en el objeto de deseo de las compañías mineras.

África

«La minería submarina profunda tiene una escasa reglamentación directa», explica Rebeca Romero, quien demanda que la Unión Europea la incluya en la directiva de evaluación de impacto ambiental y la tenga presente a la hora de establecer «planes de ordenación de las distintas regiones o áreas marinas». A la Cooperativa de Armadores de Vigo le preocupan especialmente las prospecciones que se realizan en Namibia. En la zona, Galicia mantiene desde hace décadas intereses pesqueros. Cinco grandes compañías viguesas, Iberconsa, Pescanova, Pereira, Mascato y Copemar, han desplegado en el país una importante red de flota y plantas de procesado en tierra a través de empresas de capital mixto, en las que trabajan unas cinco mil personas. Del país africano llega gran parte del pescado congelado que se vende en las tiendas gallegas.

Pero los fondos marinos de Namibia también son ricos en diamantes y fosfato. «La licencia de minería submarina para la extracción de diamantes en Namibia abarca un área aproximada de 6.000 kilómetros cuadrados, de la que por el momento se han realizado campañas sólo en el 3% de la superficie», explica el informe. Pero la empresa que opera en la zona cree que encontrará diamantes en una cuarta parte de la superficie y confía en mantener la extracción por más de cuatro décadas. Incluso llegó a indicar que probablemente en un futuro el 95% de este tipo de mineral a nivel mundial proceda de la costa oeste de África. Las compañías gallegas esperan también la resolución del Tribunal Supremo de Namibia sobre el futuro de una posible explotación de fosfato a unos 130 kilómetros de Walvis Bay, otra zona de interés pesquero. La actividad se paralizó tras las denuncias por parte de varias asociaciones pesqueras del país de supuestas irregularidades en la aprobación de los estudios ambientales previos.

«Así como se regula la actividad de la pesca de arrastre por sus posibles repercusiones sobre el fondo marino, y se han creado zonas de protección para ecosistemas marinos vulnerables, se deben regular este tipo de actividades de minería que afectan sustancialmente a los fondos marinos», mantiene Rebeca Lago en su informe. La Cooperativa de Armadores de Vigo considera necesario que a nivel mundial se establezca una ordenación del espacio marino para que puedan coexistir las diferentes actividades económicas. Arvi también demanda una legislación clara que tenga en cuenta «tanto los aspectos biológicos del medio como los aspectos socio económicos de las industrias que operan en las distintas regiones marinas», según apunta en su informe.