El autor confeso de la muerte de Diana, durante la reconstrucción del crimen
El autor confeso de la muerte de Diana, durante la reconstrucción del crimen - EFE
GALICIA

La defensa del Chicle pide dos años y medio por una «inesperada e indeseada» muerte

Sostienen que confundió a Diana con una «mujer de raza gitana» y que la asfixió de manera accidental

Santiago Actualizado: Guardar
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La defensa del autor confeso de la muerte de Diana Quer solicita para el Chicle una pena de dos años y medio de prisión por un delito de homicidio imprudente. Frente a la petición de la Fiscalía y de la acusación particular, que coinciden al reclamar la prisión permanente revisable, la abogada de Abuín reduce los hechos a una actuación «instintiva» que desembocó en una «inesperada e indeseada situación». Según el escrito al que ha tenido acceso ABC, el Chicle se topó de frente con Diana mientras estaba robando gasolina de los camiones de los feriantes y la confundió con «una mujer de raza gitana». Suscribiendo la versión que Abuín ofreció durante la reconstrucción de los hechos el pasado junio, el acusado se le acercó de frente a la muchacha y «para contenerla e impedir que lo delatara» le echó la mano al cuello y «al irse Diana hacia atrás, con la mano izquierda le cogió la cabeza por detrás, sin ser consciente de la presión que estaba ejerciendo, cayendo al suelo de espaldas».

Así, en poco más de cuatro líneas, zanja la defensa la muerte de la joven que, según este relato, falleció por una asfixia accidental. «Cuando José Enrique reaccionó vio que la muchacha no se movía y que tenía los ojos abiertos (...) le dio varias palmadas en la cara para ver si reaccionaba y al comprobar que estaba muerta, al no cerrar los ojos ni dar señales de vida, cogió el cadáver en brazos y lo llevó corriendo hasta donde estaba estacionado su coche». A continuación, y siempre según la versión que el Chicle sostendrá durante el juicio, la tendió en el asiento trasero y fue a buscar su bolso y su móvil, «que habían caído al suelo».

Sobre lo que aconteció en la nave de Asados -escenario que la fiscal y la familia define como lugar del crimen y en el que Abuín pasó alrededor de una hora- la abogada se limita a indicar que «le quitó la ropa por temor a que quedaran en ella pelos o vestigios suyos» y lo introdujo en el pozo por los pies «con la intención de hundirlo». En ningún momento del escrito se hace referencia a detalles que la investigación dejó al descubierto, como la aparición de una brida alrededor del cuello de la joven o algunos de los golpes que reveló la autopsia. Tampoco se explica el tiempo que el Chicle pasó en la nave, ni si regresó días más tarde a acabar de hundir el cuerpo con dos bloques de hormigón.

Un relato exculpatorio

A la luz de esta narración, la letrada solicita dos años y medio de prisión teniendo en cuenta la atenuante de confesión, sobre la que apunta que indicó el escondite del cadáver «aún cuando no se habían reabierto diligencias y pudo acogerse a su derecho fundamental a guardar silencio y no confesarse culpable». Ni la fiscal ni la familia tienen, por su parte, en cuenta que el Chicle acabó guiando a los agentes hasta el pozo, porque lo hizo transcurridos quinientos días del crimen y después de que su mujer lo dejase sin coartada. A través de este relato exculpatorio que deberá sostener sobre el jurado popular encargado de juzgar a Abuín, su abogada indica que al día siguiente se deshizo de la ropa de la joven en un contenedor de la localidad coruñesa de Padrón.

Con todos los escritos sobre la mesa, solo queda esperar a que se marque una fecha de juicio -previsiblemente después del verano- para que a través de las pruebas recabadas y los testimonios se concluya lo que realmente sucedió aquella fatídica madrugada.