El Chicle, junto a agentes de la Guardia Civil, durante una reconstrucción
El Chicle, junto a agentes de la Guardia Civil, durante una reconstrucción - MIGUEL MUÑIZ
Caso Quer

El calvario judicial del Chicle

Investigado por la violación de su cuñada y a punto de ser juzgado por el intento de rapto de Boiro y por el crimen de Diana, el horizonte vital de Abuín está ligado a la cárcel

SantiagoActualizado:

Cuando en diciembre del 2017 lo arrestaron por la muerte de Diana Quer, sobre José Enrique Abuín ya pesaba una condena de dos años y medio de cárcel por narcotráfico. El Tribunal Supremo la había ratificado, pero el Chicle pidió la suspensión de la pena ante la Audiencia de La Coruña en un intento por zafarse de las garras de la justicia. Mientras esperaba la respuesta de los tribunales, este narco de poca monta siguió con la vida que había llevado hasta el momento, siempre rayando el delito y los entornos más lumpen de la zona. Era, aseguran algunas fuentes, un viejo conocido para los agentes del lugar, que sabían de su relación con el clan de los Fanchos y de su fama de trapichero. Una dudosa popularidad que el propio Abuín engordaba hablando de su breve paso por prisión —apenas seis meses— tras su detención en la Operación Piraña. El caso se remonta al año 2007 e inaugura el expediente penal del hombre que ahora se enfrenta a una prisión permanente revisable por la violación y el asesinato de la joven Diana Quer en agosto de 2016.

Quienes conocen a Abuín coinciden al afirmar que tras su puesta en libertad volvió «crecido» de la prisión. Y, que, lejos de abandonar la senda que lo había llevado a ella, retomó sus malas amistades. Pendiente de la condena por el caso Piñata (durante el que los agentes encontraron droga escondida en la vivienda familiar de Asados), el Chicle se dedicaba a robar gasolina de los camiones y al marisqueo ilegal. Pero en este historial delictivo ya figuraba una sospecha aún mayor, la de la agresión sexual. La acusación por la que Abuín fue investigado se produjo en 2005 y la presunta víctima fue su propia cuñada.

Según reza la denuncia a la que tuvo acceso ABC, los hechos se produjeron cuando Abuín subió a su coche a la chica, de 16 años, camino del instituto. El Chicle sacó un cuchillo de la guantera con el que intimidó a la joven hasta que llegaron a una zona poco transitada, en el municipio coruñés de Lousame. Sin abandonar el turismo, le pidió a la hermana de su mujer que se desnudase y se pusiese un camisón que él mismo le pasó. Después —explica la denuncia presentada en su día— la violó y, cuando acabó, se deshizo del preservativo y la amenazó de muerte diciéndole que mataría a su hermana, a su sobrina, y que después se suicidaría si contaba algo de lo sucedido. La denuncia se archivó porque la mujer de Abuín le dio cortada, pero la muerte de Diana azuzó este viejo fantasma del pasado por el que el Chicle podría acabar ante el juez. Esa es, al menos, la intención de la magistrada del Juzgado de Instrucción número dos de Noia que ordenó reabrir la causa al encontrar similitudes en el modus operandi entre estos hechos y otros atribuidos —caso Quer y Boiro— al mismo sospechoso, lo que en su opinión refuerza los indicios de veracidad de la denuncia. Además, nuevos testigos podrían ayudar a clarificar si la cuñada del Chicle fue la primera de sus víctimas sexuales.

Primera cita

A espera de que estas pesquisas concluyan, José Enrique Abuín tiene por delante un año complicado en lo judicial. Un calvario para el autor confeso del crimen de Diana, de 41 años, que arrancará en cuestión de pocos meses —se baraja que antes del verano— con el juicio por el intento de rapto y violación de una muchacha en Boiro en las Navidades del 2017. Ésta será la primera cita del acusado con el banquillo para responder por los delitos de detención ilegal y agresión sexual en grado de tentativa y de amenazas, robo y lesiones. Por todos ellos, la fiscal del caso pide 15 años y medio de prisión, además de una indemnización de 15.000 euros para la víctima, que sufrió lesiones físicas y también psíquicas. Precisamente, y sobre el estrés postraumático que le diagnosticaron, la joven llegó a publicar en sus redes sociales un mensaje —publicado en exclusiva por ABC— en el que advertía que «poco a poco me estoy recuperando porque esto no va a poder conmigo y voy a luchar a por todas. Solo espero que ese malnacido que me jodió la vida lo pague».

En el caso de Boiro, conato de lo que pudo ser un nuevo caso Diana Quer, el Ministerio Fiscal entiende que el acusado tenía como objetivo «sexualmente»la víctima y que para ello el Chicle no escatimó en amenazas. Así lo recoge el escrito de acusación al transcribir las palabras con las que Abuín trató de atemorizar a la chica para que se metiese en el maletero. «Si sigues gritando córtoche, métete no coche e dame o móvil», le dijo mientras le ponía «un objeto metálico no identificado» en la nuca. La chica pudo salir de él porque dejó una pierna colgando, pero el Chicle «volvió a cogerla de nuevo con fuerza hasta introducirla en el coche con empujones y golpes». La salvaron dos chavales que pasaban por la calle y que al oír los gritos se aproximaron al vehículo, que tenía el maletero abierto y cubierto con una manta. Tras cruzar con ellos una mirada amenazante, Abuín arrancó el turismo y se fue, pero los testigos se quedaron con la matrícula y con el modelo, una pista vital para la Guardia Civil a la hora de ligar este delito con la desaparición de Diana y actuar.

Prisión permanente en juego

La decisión del tribunal sobre si en este caso hubo una planificación previa para cometer una agresión sexual será determinante de cara a la vista por el caso Quer, que podría celebrarse tan solo unos meses después, a la vuelta del verano. En este caso será crucial demostrar el móvil sexual y que a Diana, como defiende la familia y la fiscal, la ataron y la llevaron a la nave de Asados para violarla. Y, una vez cometida la agresión, el Chicle la estranguló con una brida y la arrojó a un pozo de 10 metros de profundidad. A diferencia del proceso de Boiro, este crimen será juzgado por un tribunal popular ante el que el Chicle deberá aclarar cada uno de los múltiples indicios que juegan en su contra y que podrían conducirlo a la prisión permanente revisable. De no ser así, y no probarse la agresión sexual, el sumatorio de penas a las que se enfrenta José Enrique Abuín se aproximaría al medio siglo teniendo presente que en el caso de Boiro se enfrenta a 15 años de prisión y que por el crimen de Diana solicitan una condena de 20 años por detención ilegal, que se sumaría a la del delito de asesinato, con una pena mínima de 15 años. Un horizonte vital que lo esposa, sin remedio, a los barrotes de una celda.