Protesta de los trabajadores de Alcoa en Madrid
Protesta de los trabajadores de Alcoa en Madrid - EP
CRISIS INDUSTRIAL

Alcoa mueve ficha para facilitar una venta al límite del plazo negociador

La empresa plantea parar la electrólisis pero planta una reunión con el Ministerio

El Gobierno ve «díficil» hallar soluciones; y la Xunta y la plantilla se le echan encima

M. Nespereira
SantiagoActualizado:

Una de cal y otra de arena. Alcoa abrió ayer una pequeña rendija por la que tratar de encarrilar la amenaza de cierre de sus plantas en La Coruña y Avilés. Lo hizo, sin embargo, después de plantar una nueva reunión con el Ministerio de Industria. Cuando solo faltan cinco días para que termine el plazo legal para negociar un ERE que afecta 700 trabajadores —y en mitad de la presión de administraciones y sindicatos para que el periodo se prorrogue seis meses más—, la multinacional se muestra ahora dispuesta a apagar la serie de electrólisis en las dos factorías para que se encuentren en perfecto estado si surge un comprador. «Esta es la respuesta», declararon ayer desde la compañía. Los trabajadores, mientras, se dejan mecer por la cautela sin dejar de reconocer que esto podría suponer un avance en el actual proceso negociador.

La crisis de Alcoa juega contra el reloj. Tiempo; más tiempo. Es la reclamación común de Gobierno y sindicatos para encontrar una salida próspera a las fábricas. De momento, fuentes de la dirección consultadas por EP insistieron ayer en que tanto una como otra «están afectadas por problemas estructurales». Es decir, grietas en las capacidades organizativas, productivas y tecnológicas que tienen como consecuencia una bajada en la «capacidad de producción» y en los «altos costes operativos». Aún así, la propuesta está encima de la mesa: Alcoa plantea «apagar la serie de electrólisis» para garantizar sus «condiciones óptimas». El complejo, precisan fuentes sindicales, no supone la totalidad de la actividad de las fábricas, pero sí la que mayor energía consume.

Indolencia del Gobierno

Mientras, la ministra de Industria, Reyes Maroto, se sitúa en el ojo de un huracán que suma las críticas de la Xunta, la plantilla y hasta de sus socios de mandato, Podemos, por su falta de iniciativa. Desde Palma de Mallorca, la socialista advirtió de que si la empresa «no quiere avanzar» resulta «difícil encontrar soluciones». «Hay que dar solución a las familias afectadas», afirmó, horas después de denunciar la actitud obstruccionista de Alcoa en la mesa de negociación. En su sintonía habitual con La Moncloa, el delegado del Gobierno en Galicia, Javier Losada, también dejó recado a la firma del aluminio. El «bloqueo», dijo, «es cierto»: «Necesitamos un cambio de criterio y de actitud por parte de la empresa».

Esa indolencia a la hora de presentar una hoja de ruta convincente y concreta es la que levanta ampollas en la Xunta. Desde la Consellería de Industria apuntan a este diario que lo urgente es conseguir que la empresa paralice el ERE; objetivo harto improbable si desde el Gobierno no se ponen «soluciones» al precio de la energía. Una de las claves que podría desenmarañar las conversaciones sería el Estatuto de las Empresas Electrointensivas, prometido antes de fin del año para buscar un marco estable al mercado. Pero de momento ni está ni se le espera. Sin él, también será difícil que encontrar inversores que apuesten por un sector de costes cambiantes.

Precisamente esa parálisis por parte del Ministerio fue la que denunció ayer el conselleiro de Industria en una entrevista en la Radio Galega. Francisco Conde describió como «decepcionante» el encuentro de más de seis horas mantenido en Madrid entre representantes del Gobierno, los ejecutivos de Asturias y Galicia, y las fuerzas sindicales. «El tiempo está a punto de agotarse y no tenemos una solución concreta por parte de Gobierno, que solo acudió a la reunión para pedir que se ampliase el periodo de negociación del ERE», aseguró.

En la esfera sindical, por su parte, reina el compás de espera. Sin más información que la que ha salido publicada en los medios, el secretario de la CIG en Alcoa, Julio Moskowich, mostró cierta desconfianza por el paso adoptado en la compañía. «La empresa está buscando minimizar el coste del cierre», previene. En su opinión, la parada de «las 140 cubas electrolíticas» de las factorías, en primer lugar, podría suponer un camino sin salida: «Pienso que será muy difícil que vuelva a arrancar». ¿Por qué? Porque el complejo electrolítico, una vez parado, «es muy difícil que vuelva a arrancar». «Eso está funcionando 24 horas al día los 365 días del año. Empezar de cero sale más caro que mantenerla funcionando», detalla Moskowich.

El próximo 15 de enero se llegará a otro punto de inflexión.Es el día marcado por la legislación para poner fin a las negociaciones del ERE. A partir de ese momento, Alcoa tendrá que comunicar su decisión a las autoridades laborales e iniciar, dependiendo de los acontecimientos, el desenlace de la crisis.