Luis Ojea - La semana

26-M: Las otras elecciones

Pase lo que pase, los resultados del próximo domingo reordenarán el tablero político de Galicia y fijarán las condiciones con las que empezarán a disputarse las autonómicas del próximo año

Luis Ojea
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El próximo domingo los gallegos deciden simultáneamente muchas cosas. Explícitamente deciden la composición de 313 corporaciones municipales y seleccionan a sus representantes en la Eurocámara, sí, pero, además, implícitamente se dirimen otras cuestiones. De estas elecciones, y de su lectura combinada con las generales, saldrá el nuevo tablero político en el que se disputarán el año que viene las autonómicas. En un tiempo político tan acelerado y volátil como el actual cualquier conclusión debe ser considerada provisional, pero, a la espera de los resultados de la próxima semana, ya se pueden deducir un par de conclusiones sobre el horizonte al que nos podemos enfrentar en los próximos meses.

Primero. El equilibrio interno en el bloque de la izquierda ha cambiado. El rupturismo se hunde y el PSdeG adquirirá en los próximos meses el papel de fuerza motriz de la oposición. Uno de cada cuatro ciudadanos que en 2016 había apoyado al populismo se bajó del tren el 28-A. Si, como indican las encuestas, el 26-M se consolida esa tendencia y las mareas pierden las alcaldías de Santiago, La Coruña y Ferrol se acentuará el proceso de descomposición de ese espacio político.

La derrota electoral acelerará la implosión de En Marea. Podemos ya intentó desbancar a Luís Villares como portavoz en el Hórreo tras el fracaso de las generales. Una operación arriesgada que tras el 26-M retomarán y que probablemente acabe en una fractura del grupo parlamentario y la marcha, unos u otros, al Mixto. Una versión 2.0 de lo ocurrido con AGE, pero esta vez sin viento de cola para poder reinventarse. Quizás personajes como Martiño Noriega o Xulio Ferreiro estén dispuestos a desmentirse a sí mismos y pretendan sobrevivir a su derrota saltando a la escena gallega. Quizás monten un nuevo chiringuito. Y quizás incluso escenifiquen otra falsa confluencia. Sea como fuere, a las próximas autonómicas concurrirán varias marcas del rupturismo y ello aboca a ese espacio político a una posición periférica en el tablero político.

En este nuevo mapa político de la izquierda, el PSdeG está llamado a liderar la alternativa al gobierno de Feijóo. Pero Gonzalo Caballero no es siquiera Pedro Sánchez. El líder del socialismo gallego no ha sido capaz de hilvanar un discurso propio ni de construir un relato solvente. En cada intervención pública que protagoniza se ahoga en naderías. Y todas esas limitaciones se visualizarán más nítidamente ahora que Caballero parece dispuesto a dejar de huir del Parlamento y asumir un acta en el Hórreo.

Y segundo. A diferencia de lo que ocurre en la izquierda, donde se percibe una tendencia de fondo, el 28-A no parece haber supuesto un punto de inflexión en el bloque de la derecha. El resultado de las generales en ese espacio político parece responder más a circunstancias coyunturales que a un fenómeno estructural. El 26-M confirmará o desmentirá la hipótesis, pero, a priori, se intuye que la inflamación de Vox está remitiendo y que Ciudadanos carece de músculo para sostener el pulso en unos comicios en clave gallega.

Conforme avanza la campaña, sin Rivera como protagonista, la formación naranja se vuelve a diluir. La proyección de la marca nacional suma, pero no encubre en unas elecciones de este tipo la ausencia de programa ni las evidentes limitaciones de sus candidatos. Las encuestas apuntan a una expansión muy limitada. Este partido saldrá de las urnas sin ningún alcalde en Galicia y está por ver que sus concejales puedan ser llave para la formación de gobierno en alguna de las plazas en las que compiten. Menos aún Vox, que, según los sondeos, podría quedarse fuera de todos los concellos de esta comunidad.

Es probable que la derecha alternativa al PP naufrague el 26-M. Ello confirmaría que Ciudadanos está abocado a tener un rol secundario en la escena política gallega y que Vox podría incluso quedar excluido de la ecuación. Ello favorecerá la reunificación del voto del centroderecha en Galicia en los próximos meses.

Los indicios que tenemos sobre la mesa hoy por hoy apuntan hacia esas dos conclusiones. Pero son hipótesis pendientes de confirmar el próximo domingo. Pase lo que pase, en cualquier caso, el 26-M reordenará el tablero político de Galicia y fijará las condiciones con las que empezarán a disputarse las autonómicas del próximo año.

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