Cartel con la foto de Roberto García, desaparecido el 18 de febrero. En el vídeo, Manuel, hermano de Roberto, atiende a los periodistas esta mañana - ABC/Manuel Moreno

El vecino de enfrente, detenido como el presunto autor de la desaparición de un hombre en Casarrubios

La Guardia Civil ha registrado durante horas el piso del arrestado, el español José Valle, que vive a pocos metros de la casa de Roberto García

A primeros de semana, un hombre fue citado como investigado por su presunta implicación en los hechos como cómplice

Casarrubios del MonteActualizado:

Un vecino español de Roberto García Solana, que vive enfrente de su casa, está detenido por la Guardia Civil como el presunto autor de la desaparición del antiguo alguacil de Casarrubios del Monte, cuyo paradero se desconoce desde mediados de febrero.

Agentes de la Comandancia de Toledo han registrado este jueves durante más de siete horas la vivienda del arrestado, José Valle, para lo que han empleado perros adiestrados del Servicio Cinológico de la Guardia Civil. El sospechoso de la desaparición, que ha estado presente en el registro el mismo día que Roberto cumple 64 años, reside en un piso dúplex abuhardillado; concretamente, en un bloque de viviendas de la calle Postillón que se levanta justo enfrente de la casa de Roberto, quien vivía solo.

El presidente de la comunidad de propietarios, que lleva en el cargo nueve meses, ha dicho a ABC que no conoce al arrestado, del que no ha transcendido ningún dato desde fuentes oficiales. Ha explicado que, en el portal donde reside el detenido, la mayoría de los vecinos vive en régimen de alquiler, por lo que el movimiento de inquilinos es continuo. El bloque de viviendas, formado por tres portales, está compuesto por 34 pisos, algunos dúplex.

«Ha sido una sorpresa»

Desde primera hora de la mañana, los alrededores de esa calle estuvieron por la Guardia Civil, que ha contado con la colaboración de la Policía local. En la vivienda de Roberto, una casa de dos plantas en el número 10, han estado reunidos los familiares más cercanos después de conocer el arresto de un sospechoso. Ellos, que se enteraron de la captura por los medios de comunicación, tampoco conocen al detenido, a pesar de que reside a pocos metros del domicilio de Roberto.

«Nos hemos quedado con el cuerpo del revés. Pensábamos que era alguien del entorno, pero no tan cercano. Ha sido una sorpresa», afirmaba Almudena, sobrina del desaparecido, quien desconocía la identidad del detenido a las tres de la tarde. «No sabemos quién es. Lo que queremos es encontrar a mi tío, esté donde esté y como esté —se resignaba—. Ya nos da igual, queremos pasar la página». «El trabajo de la Guardia Civil, hasta ahora, ha sido excelente. Por lo menos ya tenemos algo de donde tirar», había manifestado antes Manuel, hermano de la víctima.

El sospechoso de la desaparición de Roberto ha sido detenido pocas horas después de que un español de unos cincuenta años fuera citado a declarar, en calidad de investigado, sobre su presunta relación como cómplice en los hechos. Ocurrió a primeros de semana, su abogada de oficio le recomendó que no declarase y el hombre está en libertad.

Al fondo, bloque de pisos en el que vive el detenido. La Guardia Civil ha inspeccionado el dúplex de la izquierda, en presencia del sospechoso, durante más de siete horas
Al fondo, bloque de pisos en el que vive el detenido. La Guardia Civil ha inspeccionado el dúplex de la izquierda, en presencia del sospechoso, durante más de siete horas - Manuel Moreno

Roberto desapareció el 18 de febrero. Ese día, su hermano Manolo le llamó y solo escuchó un mensaje: «El teléfono móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura». Le envió varios mensajes toda la jornada pero no obtuvo ninguna respuesta.

Por eso al día siguiente la familia de Roberto decidió denunciar su desaparición y también una persona realizó una extracción de dinero en un cajero automático con una tarjeta bancaria de Roberto, una operación que se volvió a repetir al día siguiente. Los reintegros se hicieron en dos cajeros de Eurocaja Rural, uno en Casarrubios y otro en El Álamo (Madrid). Según las grabaciones, la persona sospechosa era un hombre corpulento, alto y fuerte, que tapaba su rostro, por lo que la Guardia Civil y la familia siempre pensaron que la desaparición de Roberto se debió a un móvil económico.

Unos días después, el automóvil de Roberto fue localizado mal estacionado en El Álamo, a 7 kilómetros de Casarrubios. El vehículo ocupaba dos plazas en el estacionamiento situado enfrente del cementerio, por lo que la familia de Roberto está convencida de que lo había aparcado otra persona.

El hombre siempre seguía las mismas rutinas, lo que hace pensar a sus parientes que, el día de la desaparición forzosa de Roberto, éste iba a ver a su hermano Manolo, que vive a 150 metros del lugar donde apareció el automóvil.

En estos meses, decenas de efectivos de la Guardia Civil y de Protección Civil, familiares, amigos y vecinos de Roberto lo han buscando a pie, a caballo o en vehículos en varias batidas, incluso en las márgenes y dentro del cauce de un tramo del río Guadarrama entre El Álamo y Casarrubios.

Periodistas y cámaras de televisión en las inmediaciones de la vivienda del detenido
Periodistas y cámaras de televisión en las inmediaciones de la vivienda del detenido - M. Moreno

Durante 30 años, Roberto fue alguacil de esta localidad toledana, de unos 5.500 habitantes censados, donde es muy apreciado. No tenía enemigos ni enemistades, según su familia. «Lo de mi hermano se ha cocido en el pueblo de Casarrubios», ha repetido su hermano Manolo siempre que le han preguntado.

Roberto, cuyo teléfono móvil ha estado apagado desde su desaparición, era un hombre de costumbres. No se levantaba temprano, se iba luego a sus viñas, comía en un restaurante de Casarrubios, se marchaba a un bar para charlar de caza o de fútbol, y se acostaba sobre las diez de la noche.

También era una persona reservada, por lo que su familia duda mucho que contara a gente de su alrededor que acababa de vender un piso pequeño, por el que le habían pagado unos 30.000 euros. «Lo que habrá sufrido el pobre hombre», se lamentaba su vecino Gregorio, apoyado en su garrote, detrás del cordón policial.