ARTES&LETRAS CASTILLA-LA MANCHA

Arañar el cielo

Ildefonso Escribano es un misionero que desarrolla su labor humanitaria en las favelas de Colombia y un buen poeta

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No es escasa en nuestra tradición literaria y cultural la presencia de sacerdotes que también han sido escritores notables, o viceversa. Estoy pensando ahora en Carlos de la Rica y Rafael Alfaro (ambos vinculados a Cuenca y ya fallecidos), en el toledano José Luis Martín Descalzo o en el manchego Valentín Arteaga que además de escritor prolífico y buen poeta ha sido superior general de la orden de los Teatinos.

En esa línea traemos hoy a estas páginas de ABC Artes&Letras de Castilla-La Mancha a Ildefonso Escribano de la Torre, un misionero que desarrolla su labor humanitaria en las favelas de Río de Janeiro; y que además es poeta, un buen poeta. Nacido en Villanueva de Alcardete (Toledo) en 1933, fue ordenado sacerdote en 1959, hace ahora pues 60 años. Vive en esas favelas brasileñas donde «crecen juntos el trigo y la cizaña», según sus propias palabras.

El mismo confiesa sobre su escritura: «Mis versos son gritos de fe nacidos de la impotencia (también de resistencia) sentida ante una realidad que traspasa mis fuerzas».

En la editorial Mendaur y Fundación Digital Bible ha publicado recientemente dos títulos. El primero de ellos se llama Claros menhires y lo subtitula Apuntes sobre La Mancha, sin olvidar Cuenca. Se trata de un libro de temas humanos, laicos, en el sentido unamuniano de esta palabra que se refiere a todo lo que tiene que ver con el pueblo; los menhires del padre Escribano son los molinos manchegos y su verticalidad monumental es un símbolo de nuestro paisaje y de nuestra idiosincrasia.

El filósofo Ciriaco Morón Arroyo (Pastrana, 1935), catedrático emérito de la Universidad de Cornell (EE.UU.), que me dio a conocer estos libros, nos ofrece un bello epílogo a este libro en el que afirma que Escribano «presenta la tierra, el río el árbol y los molinos manchegos con el amor de fray Luis de León pero con un matiz propio que se podría formular así: con una identificación más intensa que la pura contemplación y goce sensoriales del clásico…».

En el otro libro, Vientos alisios, (en este caso aparecido en 2018 y publicado en las mismas editoriales) el autor nos traslada experiencias vividas, que son suyas pero que quiere hacer de todos. Habla de Brasil, de su esplendorosa naturaleza, de las injusticias sociales y de algunas de sus víctimas; pero también lo hace de su tierra de nacencia, de La Mancha toledana y conquense en que pasó sus primeros años; de amigos de aquí y de allá; del mar, el océano que une y divide continentes...

En uno de sus poemas nos confiesa el autor:

Qué no daría yo para dejarme/

El alma encerrada en mi verso/

Que fuesen mis palabras agua fresca sacada/

De mi pozo profundo.

Y en otro texto de tinte autobiográfico define la intención de su poesía: «Mis versos son gritos de fe nacidos de la impotencia (también de resistencia) sentida ante una realidad que ultrapasa mis fuerzas».

Una vida intensa, vivida con sentido y con compromiso, de la que brotan estos versos hondos para hacernos reflexionar.