Zapatero, con el semblante serio, admite la derrota del PSOE - REUTERS

Zapatero se resiste a acortar la legislatura pese a su fracaso

Tras asumir la debacle, advirtió de que «mi obligación es seguir ejerciendo la responsabilidad que los ciudadanos me han encomendado»

madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

El 6 de noviembre de 2010, volviendo de visitar a las tropas destinadas en Afganistán, José Luis Rodríguez Zapatero confesaba en el avión a un grupo de periodistas: «Yo he tenido mucha suerte con el PSOE. Espero que el partido la tenga conmigo». Palabras proféticas que anoche no se confirmaron porque deja al socialismo con los peores resultados de su historia, por debajo incluso del 30% de voto municipal que logró en mayo de 1995 un Felipe González agónico. Ayer, el PSOE solo ganó en votos en cinco de las 52 capitales de provincia y, sobre todo, perdió feudos como Castilla-La Mancha, Barcelona o Sevilla. Hace 16 años, los Bono y Maragall resistieron. Anoche, José María Barreda y Jordi Hereu no. Sólo el extremeño Guillermo Fernández Vara salva la cara de un partido que cuando hoy se levante será mucho menos poderoso.

El lunes pasado, en un encuentro en Sevilla con los informadores que han seguido la caravana electoral, Zapatero ya decía que aguantarían sin convocar elecciones generales. Otra cosa es que el PSOE se lo permita.Según reconocían estos días a ABC diversas fuentes territoriales, el cambio de ciclo que los españoles han certificado, y la consiguiente presión de su principal beneficiario, el PP, pueden hacer muy difícil ese objetivo; por más que CiU y PNV quieran apoyar el Presupuesto para evitar la mayoría absoluta de Mariano Rajoy.

Eso, por no hablar de la primera dificultad que se va a encontrar hoy la Ejecutiva Federal del PSOE: convocar primarias para elegir al sucesor de Zapatero en un partido en estado de shock. El viernes por la noche, con los focos de la campaña ya apagados, un destacado colaborador de la ministra de Defensa, Carme Chacón, reconocía a ABC que la ve «con muchas ganas» de medir su candidatura con la de Alfredo Pérez Rubalcaba, aunque habrá que esperar a esta semana, añadía, para ver qué hace. A buen seguro, van a ser muchos los dirigentes y cuadros socialistas que presionen a Chacón en los próximos días para que renuncie a enfrentarse con el vicepresidente primero y se reserve para el XXXVIII Congreso Federal, en el que se abrirá un nuevo tiempo para el PSOE.

Fue significativo, en este sentido, que al propio presidente del Gobierno, en su conversación sevillana con los periodistas, se le escapara un «si hay primarias...»; el mismo que en tantas entrevistas hace meses despachaba las dudas de los periodistas con un «por supuesto que habrá primarias, ¡faltaría más!». Anoche, en su primera comparecencia tras la debacle, Zapatero advirtió que serán hoy la Ejecutiva Federal y el próximo sábado, 28 de mayo, el Comité Federal, los que fijen «el calendario» de un proceso, que él solo garantizó que «se abriría». El matiz es que, aunque el proceso se abra formalmente, cabe la posibilidad de que Rubalcaba se presente en solitario si Chacón no lo hace. Entonces sería nominado directamente por el Comité Federal. Es decir, Carme Chacón tendrá que decidirse antes del sábado.

En esta última semana, la plana mayor del socialismo ya se había preparado para lo peor. Desde el «pinchazo» de Zapatero el domingo 15 en la plaza de toros de Zaragoza, los mítines fueron a menos. Incluso se cambiaron unos escenarios por otros más modestos de aforo, tanto en La Coruña, el jueves, como en el fin de campaña, el viernes por la noche. Y la guinda fue el anuncio de que la sede federal estaría cerrada ayer para celebraciones.Tan claro lo tenían que ayer, a las 20.01, con la puntualidad británica anunciada por SMS a los periodistas, compareció la portavoz del Comité Electoral, Elena Valenciano, a confesar sin tapujos: «Esta no será una buena noche para el PSOE».

Valenciano sorprendió por su pesimismo tan temprano, al señalar que «se confirman todas nuestras previsiones». Echó en todo momento la culpa de lo sucedido al «malestar» de los españoles con la crisis y la pérdida de puestos de trabajo, sin atribuir responsabilidades, para no tener que reconocer la moción de censura encubierta en que se ha convertido el 22-M para Zapatero.

Tres horas y media después, no salió José Blanco como estaba previsto. Fue el presidente del Gobierno quien dió la cara, al filo de las once y media de la noche, flanqueado por Blanco, Manuel Chaves, Valenciano, Leire Pajín, Elena Salgado y José Antonio Alonso, entre otros, para decir que él no quiere agotar la legislatura «por culminarla» sino para asentar las bases del cambio de modelo productivo y salir así cuanto antes de la crisis.

Blindar la legislatura

El «respeto al tiempo político de los mandatos» le parece fundamental en democracia, dijo, y adelantó que se va a poner en las próximas horas en contacto con los grupos que habitualmente prestan «apoyo» al Gobierno, básicamente CiU, PNV y Coalición Canaria, al objeto de blindar el final de legislatura en marzo de 2012. «A partir de ahora nuestra obligación es seguir ejerciendo las responsabilidades que los ciudadanos nos han encomendado en todos los ámbitos», recalcó.

Haciendo abstracción de los errores de campaña o de gobierno, Rodríguez Zapatero insistió en el argumento que ya había adelantado Elena Valenciano: «Era razonable esperar que el PSOE recibiese hoy un castigo en las urnas» porque los ciudadanos han expresado su malestar por la «inquietud» que les genera su futuro. «Lo asumimos y lo entendemos (...) No ha sido fácil explicar los órígenes, la naturaleza y las dimensiones de la crisis». Blanco añadiría sin micros que sus votantes se quedaron en casa. Hoy será él y no el secretario de Organización, Marcelino Iglesias, quien dé la cara ante los periodistas para explicar la reunión de la Ejecutiva Federal.

La ocasión lo requiere y, sobre todo, las numerosas preguntas que tendrá que contestar sobre el incierto panorama sucesorio que se abre en el PSOE con un resultado tan malo para afianzar a Rubalcaba o Chacón.