La aduana, ahora cerrada, de Beni-Enzar (Marruecos) - EFE

El último desplante marroquí reduce en un 25% el tráfico de contenedores en el puerto de Melilla

El Reino alauí cerró unilateralmente la aduana melillense hace 38 días; puede provocar pérdidas de 100 millones de euros

El presidente melillense avisa a Sánchez, que todavía no ha visitado a Mohamed VI: «Un Ejecutivo débil es una presa fácil»

MadridActualizado:

En juego hay mucho más que la relación entre Melilla y Marruecos, hasta el pasado 31 de julio dos buenos vecinos. Aquel día, el país africano decidió cerrar de forma unilateral la aduana comercial terrestre entre ambos territorios, lo que se traduce en un importante perjuicio económico para la Ciudad Autónoma, históricamente puerto de entrada al continente africano para toneladas de mercancías que desde ahí viajan a Marruecos. Después de 38 días con esta frontera comercial cerrada, las autoridades portuarias hacen balance y advierten de que el tráfico de contenedores que desembarcan en el puerto de Melilla se ha reducido ya en un 25 por ciento.

«Fue un gesto de hostilidad». Así califica el cierre unilateral de la aduana de Beni-Enzar (Marruecos) el presidente de Melilla, Juan José Imbroda, quien advierte que lo preocupante no son las consecuencias pasadas o presentes de dicho movimiento, «sino el futuro». Según sus cálculos, si la situación no cambia y se alarga un año, la Ciudad Autónoma perderá «100 millones de euros» por culpa del desplante marroquí, gesto que deja ver las costuras de la política Exterior española. «El Gobierno es débil y en algunos sentidos torpe. Pedro Sánchez no fue a Marruecos en su primera visita oficial y si eso lo han hecho todos los presidentes, no es porque les guste, sino por algo», clama Imbroda quien, conocedor como pocos de Marruecos por su cercanía geográfica, advierte a ABC de los problemas que conlleva la debilidad parlamentaria del Ejecutivo socialista: «Un Gobierno débil es una presa fácil». Las autoridades marroquíes, por descontado, también están al tanto.

No es la primera vez que España choca con Marruecos en los escasos tres meses que lleva Sánchez en La Moncloa. Desde el Ejecutivo presumen de las buenas relaciones con el país vecino, que sin embargo ya ha mandado varios avisos al Gobierno. El primero fue a principios de julio, con la oleada de pateras en el Estrecho que colapsó los mecanismo de acogida en Andalucía. Acto seguido, después de que el ministro del Interior anunciara su intención de quitar las concertinas de las vallas fronterizas, Ceuta sufrió hasta dos saltos masivos y violentos a su verja, saldados con 29 guardias civiles heridos y con más de 700 irregulares en territorio nacional. El cierre de la aduana entre Beni-Enzar y Melilla, hecho que adelanto El Confidencial, es el último capítulo de la serie y golpea a España en materia comercial.

Sin esconderse

El Gobierno marroquí, de hecho, no se escondió al manifestar los motivos que le llevaron a cerrar la aduana de un día para otro y sin contar España. «Es una medida normal y soberana para desarrollar el nuevo puerto -de Beni-Enzar-», aclaró el ministro portavoz del Ejecutivo africano, Mustafa Jalfi.

«Alrededor del 70 por ciento de la mercancía que llega a Melilla es para Marruecos», expone Aurelio Acedo, jefe del departamento de Explotación y Planificación de la Autoridad Portuaria melillense, quien ejemplifica así la gran influencia que tiene el país africano en una parte de la economía de la Ciudad Autónoma. «Aquí hay mucha gente que se dedica a esto. Muchos camioneros, transportistas, empresas que llevan mercancías de Melilla a Marruecos... Y si hay pocos contenedores, sobra personal», remarca Acedo, quien confirma que, en estos primeros 38 días de aduana cerrada, el golpe comercial se traduce en «un descenso del 25 por ciento» en los contenedores recibidos por el puerto de Melilla.

Fuentes conocedoras del caso profundizan en el significado del cierre aduanero. Consideran que, más allá de un aviso, supone una declaración de intenciones de Marruecos. Hasta el momento del conflicto, el transporte de contenedores era, en la zona, competencia casi exclusiva del puerto de Melilla. Ahora las autoridades marroquíes estarían interesadas en potenciar sus puertos en la zona para que sean capaces de recibir esos mismos contenedores. Si lo consiguieran, los empresarios marroquíes evitarían el sobrecoste que les supone hacer llegar sus mercancías a Melilla para después consignarlas hasta Marruecos.

Desde los ministerios de Hacienda y Exteriores defienden que trabajan en solucionar este nuevo frente conflictivo en las relaciones bilaterales entre España y Marruecos. La próxima semana, incluso, está planteada una nueva reunión entre ambas partes para abordar un asunto en el que, como denuncia Imbroda, Marruecos ha actuado de forma «desleal» y ante el que el Gobierno tampoco ha dado la talla. El presidente de Melilla insiste en que el conflicto no es una mera disputa comercial entre vecinos y recalca que trasciende de cualquier pérdida económica: «Esto va, fundamentalmente, de un ataque a la línea de flotación en la relación entre los dos países».