Sánchez junto a Delgado, en la cita de ayer con las asociaciones de Memoria Histórica en Madrid
Sánchez junto a Delgado, en la cita de ayer con las asociaciones de Memoria Histórica en Madrid - EFE

Sánchez maniobra para culpar a Iglesias de la repetición electoral

Aplaza a septiembre cualquier contacto político, vuelve a rechazar la coalición y ultima un programa para situar a Podemos en la tesitura de rechazarlo

Madrid Actualizado: Guardar
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El portazo del PSOE a la última oferta de Unidas Podemos, remitida la pasada semana, fue una buena muestra de que en el seno de los socialistas se ha llegado a una conclusión: si no logran gobernar en solitario, habrá nuevas elecciones el 10 de noviembre.

En el entorno del presidente cunde la sensación, y así lo transmiten, de que se aproxima una nueva campaña electoral. Sánchez, por el momento, se manifiesta a partir de sus gestos y de las decisiones. El secretario general del PSOE retomó ayer su agenda de reuniones con diferentes colectivos. Lo hizo sin querer detenerse ante la prensa, besando a una vecina que encontró a su paso y en un acto de partido. Ingredientes todos de una campaña electoral.

En su primera reunión de la mañana, con asociaciones de Memoria Histórica, le acompañó la ministra de Justicia. Siendo un acto de partido resultó curioso que con tal de no atender él mismo a los medios de comunicación fuese la minista de Justicia en funciones, Dolores Delgado, sin responsabilidad orgánica en la formación y que no participa de las negociaciones políticas, la que atendiese a la prensa.

La cesión de Podemos

Delgado manifestó que «la disyuntiva» no debe ser entre un Gobierno de coalición o elecciones, que es exactamente el marco que quiere imponer la formación de Pablo Iglesias. Existen, manifiesta el PSOE, «otras opciones» de alcanzar un acuerdo pero siempre «en torno al programa» que los socialistas están elaborando con la «ayuda» de estos colectivos sociales.

El planteamiento de los socialistas es sencillo. En primer término se seguirá ganando tiempo. Este tipo de encuentros con colectivos sociales se prolongará durante toda la semana. De hecho su agenda semanal como presidente del Gobierno en funciones solo incluye en los próximos siete días la reunión del Consejo de Ministros del próximo viernes. De hecho, ayer por la tarde se reunió también con organizaciones científicas.

Al igual que hizo antes de las dos semanas alejado de los focos, Sánchez intenta transmitir una sensación de gran actividad, siempre eso sí protegido del escrutinio de los medios. Tras dejar pasar estos días, para desesperación de sus potenciales aliados, será «a primeros de septiembre» cuando puedan iniciarse conversaciones con el resto de formaciones.

A partir de la próxima semana se activará una cuenta atrás de tres semanas antes de que el 23 de septiembre se disuelvan las Cortes y se convoquen elecciones generales. El problema es que, al margen de Pablo Iglesias, nadie parece tener incentivos suficientes como para moverse de sus posiciones y evitar las cuartas elecciones generales en cuatro años.

Sánchez quiere comprobar si el líder de Podemos teme tanto las urnas como para doblegarse a sus pretensiones o si por el contrario el choque es total. Si esto sucediese y se abre el camino hacia las elecciones, ambos partidos deben prepararse para una campaña electoral muy diferente a la del 28 de abril, donde ambas fuerzas evitaron la hostilidad. Este hecho es mencionado por quienes en el PSOE atisban alguna preocupación respecto a la repetición electoral. El riesgo más citado es el de que exista una elevada abstención en el electorado de la izquierda. Pero de momento estos temores no son generalizados ni públicos. Se sigue a pies juntillas el dictado que Sánchez ha marcado: o la rendición de Iglesias o nuevas elecciones generales.

«Hay alternativas entre la repetición de elecciones y el gobierno de coalición» , dijo ayer Delgado. El argumento de los socialistas para rechazar una fórmula que llegaron a aceptar en julio no es excesivamente sólido. El más incuestionable es una cuestión de voluntad. Se aduce que «en julio quedó claro que esa coalición era imposible».

Ningún impedimento formal impide retomar ahora esa vía, más allá de la voluntad de Sánchez de no hacerlo. La justificación es la «desconfianza» en Unidas Podemos. La esperanza de La Moncloa es la convicción de que mejorarían el resultado en unas próximas elecciones.

Solo programa

«Con Unidas Podemos se hablará pero sobre políticas», dijo ayer la ministra de Justicia en funciones volviendo a rechazar así la fórmula del Gobierno de coalición. Sí quiso tener el gesto de volver a definir a la formación de Pablo Iglesias como «nuestro socio prioritario». Como si el PSOE no hubiera acudido hace pocos meses a unas elecciones con un programa electoral, los socialistas pretenden aprovechar estos encuentros para elaborar «un programa de progreso».

Se ofrecerá a Iglesias hacer sus aportaciones. Pero el objetivo real de este texto es poner a Iglesias ante la disyuntiva de permitir o no un Gobierno que desarrollaría unas políticas que, aseguran en el PSOE, incluirán muchas de las prioridades de la formación de Iglesias.

El otro argumento que repiten ahora sin cesar los socialistas es que existen «aspectos de Estado en los que no hay acuerdo necesario para un Gobierno de coalición». Una cuestión que no pareció importar a los socialistas cuando en las negociaciones de julio aceptaron una fórmula que convertía a Irene Montero en vicepresidenta del Gobierno. El Congreso de los Diputados debate hoy en la Diputación Permanente si Pedro Sánchez y varios ministros deben comparecer en el pleno. Aseguran en el PSOE que «importan poco» posibles presiones de Podemos votando diferente al PSOE.