Felipe González, expresidente del Gobierno, en la capilla ardiente de Alfredo Pérez Rubalcaba - EFE

El PSOE rechaza la presión de Felipe González para integrar a los afines de Rubalcaba

La dirección cuestiona sus palabras tras el fallecimiento del exvicepresidente y en federaciones distantes con Sánchez se pide centrarse en el 26-M

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Las palabras del expresidente del Gobierno Felipe González reclamando a la dirección de Pedro Sánchez que aproveche el grado de unión que ha experimentado el partido en el adiós a Alfredo Pérez Rubalcaba para hacer una «reflexión interna» y «volver a integrar talento», han generado un importante nivel de rechazo en el seno del PSOE.

Con estas palabras pronunciadas en una entrevista en Antena 3, González se refería a las personas que compartieron la primera fila del partido en los tiempos en que Rubalcaba estuvo al mando en Ferraz. El expresidente del Gobierno dijo haber compartido con Rubalcaba la «sensación de tristeza» por ver que nombres como Elena Valenciano y José Blanco eran apartados de la reciente elaboración de listas electorales. Ambos fueron eurodiputados en el periodo 2014-2019 y ahora no tienen el horizonte claro.

Pero en el PSOE las palabras de González sentaron ayer muy mal. Diferentes fuentes socialistas consideran «de mal gusto», incluso «una vergüenza» que se asocie este planteamiento a los recientes acontecimientos. Desde la dirección del partido los más prudentes optaban por el silencio como forma de distancia: «sin comentarios», rechaza un alto mando de la dirección. Otros miembros de la Ejecutiva federal, en cambio, entraban de lleno a confrontar con el planteamiento de Felipe González. «Demuestra lo alejado que está de la realidad. Nadie está en eso ahora mismo en el PSOE», critica.

En ese sector cercano a Rubalcaba siempre tuvo un rol destacado la que fuera su portavoz en el Congreso de los Diputados, Soraya Rodríguez. Ahora es candidata de Ciudadanos al Parlamento Europeo, y aunque sea en calidad de independiente está teniendo un rol activo en actos de campaña e incluso su rostro aparece en el cartel electoral de la candidatura que encabeza el economista Luis Garicano.

Su caso, que los socialistas han denunciado como un claro ejemplo de transfuguismo, ha dotado de argumentos a la dirección para cuestionar las críticas de este sector. «Yo estuve integrado 20 de los 30 años que estuve como militante durante los que no ocupé ningún cargo. Que se integren ellos también. ¿O es que para integrarse hay que estar en un cargo público u orgánico?», cuestiona este dirigente.

La obsesión de la dirección federal es reducir a la mínima expresión los casos que pueden ser susceptibles de entrar en la categoría a la que se refiere González. Tanto en Ferraz como en otros ámbitos territorios consultados se reduce esa consideración a la figura de Elena Valenciano, número dos en la etapa de Pérez Rubalcaba. Tras la «deserción» de Soraya Rodríguez se rechaza que haya muchos más casos de personas con una trayectoria y unas capacidades objetivas que puedan animar a contar con ellos. «Son pocos los talentosos. Sánchez ya ha ejecutado sus venganzas y ahora empezará a ser generoso», vaticina un alto mando de una federación mediterránea. Este dirigente insiste en que «hay pocos casos significativos», y lo reduce casi exclusivamente a Valenciano.

La excusa de la renovación

Se rechaza además desde la dirección federal incluir en esa consideración a José Blanco, número dos del partido con José Luis Rodríguez Zapatero de 2000 a 2011. «No irá en listas pero no se irá de vacío. La relación es buena», aseguran fuentes socialistas. Su momento podría llegar en los nombramientos que sucederán a la formación del Gobierno que Sánchez quiere tener listo para la segunda mitad de junio.

Y es que la dirección que salió de las primarias y del Congreso extraordinario de 2017 entienden que el papel de figuras que han ocupado lugares tan destacados debe ser similar al puesto que ha ocupado el exministro Jordi Sevilla el último año al frente de Red Eléctrica. O del secretario de Organización, Óscar López, como presidente de Paradores. «En la situación en la que cogimos el partido, tanto de previsión electoral como con todo lo que había pasado de convulsión interna, la noticia sería no haber hecho renovación», explica un sanchista de primera hora. «¿Qué clase de renovación sería esa?», se pregunta otro.

Existen casos como el de Antonio Hernando, a quien en Ferraz rechazan incluir en este apartado de rubalcabistas agraviados. Se aduce que fue «prácticamente el número dos del partido» en el primer mandato de Sánchez y que les unía una fuerte relación de amistad. Pero que los acontecimientos sucesivos al cese de Sánchez como secretario general, con Hernando aceptando ser el portavoz de la gestora, produjeron una ruptura de la confianza.

En Ferraz por ejemplo se pone en valor que se haya encontrado hueco para César Luena o Juán Fernando López Aguilar en la lista para el Parlamento Europeo. También se recuerda que se integró a Patxi López en la dirección o que Rafael Simancas, que apoyó su candidatura, ha sido el número dos de Lastra en el Congreso.

Pero las palabras de González no solo desagradaron en la dirección federal y en sus entornos más afines. Desde una federación con tradicionales problemas con Sánchez se cuestiona la oportunidad de este planteamiento: «Nosotros lo único que tenemos que hacer es nuestra campaña. No estamos a otra cosa». Este sentimiento también se expresa desde la federación andaluza, que ha sido la más damnificada en la reciente confección de listas para Congreso, Senado y Parlamento Europeo. «Ahora se está a otra cosa. Ahora mismo en nuestra cabeza solo existen convocatoria electorales», aseguran desde el entorno de Susana Díaz.