Los migrantes que quedaban a bordo del barco saludan momentos antes de desembarcar en la isla de Lampedusa
Los migrantes que quedaban a bordo del barco saludan momentos antes de desembarcar en la isla de Lampedusa - EFE

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RomaActualizado:

El Open Arms abandonó ayer el muelle del puerto comercial de Lampedusa y llegó en la tarde a Porto Empedocle, en la provincia de Agrigento (Sicilia). El barco está bajo secuestro por orden de la Fiscalía y debe esperar si es confirmado o no. De momento, la ONG canta victoria, tras haber podido desembarcar en Lampedusa en la medianoche del miércoles a los 83 inmigrantes que estuvieron 19 días a bordo.

El fiscal de Agrigento Luigi Patronaggio decretó el secuestro preventivo de la nave al comprobar la «situación explosiva» que se vivía a bordo, «en condiciones emocionales extremas». Los inmigrantes tenían «terror de ser repatriados». El magistrado vio inevitable incautar la nave, lo que conllevaba automáticamente el desembarco de las personas a bordo. Se puso así fin a la odisea. La Comisión Europea reiteró ayer su voluntad de proceder cuanto antes a repartir los inmigrantes entre España, Alemania, Francia, Luxemburgo, Rumanía y Portugal. Para el Open Arms, «la justicia italiana impuso el sentido común y la humanidad a este disparate; en la misión más difícil que hemos vivido hasta ahora».

Queda la incógnita de lo que sucederá con el barco, pues la Fiscalía también lo investiga por favorecer supuestamente a la inmigración clandestina. Es de suponer que, resuelto el problema humano, se prolongue la incautación. Así lo confirman los precedentes. En el puerto de Licata (Sicilia) llevan meses incautadas otras dos naves de ONG, la Mare Jonio y la Sea Watch.

La última palabra sobre el Open Arms la tendrá la justicia, a pesar de que el ministro del Interior, Matteo Salvini, se mostró eufórico cuando el 5 de agosto el Senado aprobó su decreto sobre seguridad con multas hasta de un millón de euros a las embarcaciones humanitarias, además de su incautación.

Salvini pretendía obtener un gran efecto propagandístico, pero diversos expertos y profesores de Derecho constitucional advirtieron que «la ley viola la Constitución en varias partes; la solidaridad es un deber y no puede ser castigada». De hecho, el presidente de la República, Sergio Mattarella, promulgó la ley, pero le añadió una carta advirtiendo claramente que debía ser respetada la obligación de prestar «socorro a cualquiera que se encuentre en el mar en condiciones de peligro».

Hasta ahora, la justicia le ha sido favorable al Open Arms, comenzando por el fallo del Tribunal administrativo del Lazio (TAR), que anuló la prohibición de Salvini para entrar en aguas italianas. Ayer mismo el Open Arms celebraba la segunda sentencia del TAR, ordenando el desembarco inmediato. El Open Arms espera ahora que la Fiscalía le permita levar anclas y partir de Porto Empedocle. Llevará su tiempo. La justicia italiana es lenta.