Juan Claudio de Ramón y Aurora Nacarino-Brabo, durante la presentación del libro
Juan Claudio de Ramón y Aurora Nacarino-Brabo, durante la presentación del libro - FUNDACIÓN RAFAEL EL PINO

Los jóvenes que heredan la España de la Transición: «Nuestra generación tiene que preservar, aceptar y mejorar la herencia que nos dieron»

Aurora Nacarino-Brabo y Juan Claudio de Ramón coordinan «La España de Abel», un ensayo coral con cuarenta voces, plurales y diferentes, que reflexionan sobre lo que es ser español y que ponen su vista en el país que está por venir

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La España de Francisco Goya se dibujaba cruel, herida por las batallas que enfrentaron al pueblo contra la Francia de Napoleón. También como una nación dividida en una lucha fraticida entre sus ciudadanos. Su cuadro «Duelo a garrotazos» es para muchos la fotografía que desde el siglo XIX define a España como un país al que se le presupone condenado, generación tras generación, a una lucha cainita que desdeña sus logros y sus virtudes.

Contra esa fotografía, «La España de Abel» (Deusto, 2018), un ensayo coral coordinado por Juan Claudio de Ramón y Aurora Nacarino-Brabo, recoge los testimonios de cuarenta jóvenes «de todo el espectro ideológico» que ahondan en lo que significa ser español. Voces que diseccionan los acontecimientos de una generación que nació al albor de la democracia y que ponen su vista en el país que está por venir.

¿Con qué objetivo nace ‘La España de Abel’?

Juan Claudio de Ramón: El año pasado después de los sucesos del otoño catalán nos dimos cuenta de que a España le faltaba un relato. Se nos ocurrió que una manera interesante de empezarlo era pedir testimonios a gente joven de su manera de vivir España.

En el libro se ahonda en la idea de la memoria. ¿Busca borrar el complejo de ser español?

Aurora Nacarino-Brabo: Es un libro que surge en un momento que casi podíamos decir que habíamos tocado fondo con los sucesos de otoño en Cataluña. Queríamos señalar aquellas cosas que sí hacemos bien o que sí nos gustan de nuestro país.

J.C. de Ramón: Uno de los propósitos era elevar la autoestima. El libro está escrito bajo la hipótesis de que esa falta de autoestima no es necesariamente la norma y que nuestra generación encuentra motivos para sentirse a gusto siendo españoles… No tanto para orgullosos, pero sí afortunados.

Muchos de los ejemplos que se citan para referirse a español como identidad son culturales. ¿Es la cultura un elemento de unión en esta generación?

A.N-Brabo: Creo que ser español es eso. Puedes ser español de muchas maneras y por eso podemos sentirnos cómodos con la idea de ser español gente muy diversa. Que Machado pueda ser un referente para una generación muy posterior como la nuestra y desde puntos políticos distintos creo que está bien.

J.C. de Ramón: Poetas como Machado o Alberti no son patrimonio de ninguna ideología, como tampoco lo son las canciones de Mecano. Son cosas que están para el disfrute de todos.

Entonces, ¿la cultura hace patria más que la ideología o la política?

J.C. de Ramón: Por supuesto, al final un país donde solamente la ideología contase para trenzar lazos sería un país insufrible. E inviable además.

En el libro, y fuera de él, se habla de forma recurrente de reformar la Constitución. ¿Es realmente necesario? ¿La Carta Magna está caduca?

A.N-Brabo: Pretender reformar un texto no significa que esté caduco. Las mejores constituciones son aquellas que tienen la flexibilidad suficiente para adaptarse a los cambios políticos y sociales. Hay dos peligros cuando uno habla de la Constitución: uno es pensar que nada de lo hecho tiene validez. Y otro es quizá sacralizarla, porque hacen que sean frágiles. Una constitución de cristal es rígida, pero también es frágil. Sería una buena idea actualizarla pero no emprender un proceso de reforma si no se dan los mimbres para alcanzar un consenso

J.C de Ramón: Los problemas que tenemos de convivencia los imputo más a un problema de cultura política que de defectos de la Constitución. Ahora bien, puede no ser el problema pero reformarla allí donde se generen consensos adecuados sí que puede ser parte de la solución.

Mirando al futuro, ¿cuál creen, en su opinión y sin ser portavoces de los autores del libro, que es la tarea de esta generación joven que hereda la democracia y Constitución de la Transición?

J.C. de Ramón: Preservar y aceptar la herencia que nos dieron la generación constituyente, y mejorarla.

A.N-Brabo: Creo que el papel de los jóvenes es siempre ser críticos con el sistema, pero hay un momento en el que tienen que asumir responsabilidades. Cargar el sistema sobre sus hombros. Creo que el 15-M es un momento muy importante en nuestra generación. Seguramente no trajo muchos de los cambios que algunos esperaban pero sí significó una cosa relevante: permitió acelerar un relevo generacional. Creo que nuestra generación tiene que ser protagonista de un nuevo tiempo en España.

Para cerrar el círculo… ‘La España de Abel’ nace tras el 1-O y el desafío secesionista. En su opinión, ¿qué ha supuesto en la sociedad española?

J.C. de Ramón: Bajo mi punto de vista, el procès nos hizo pensar que España nos gusta más de lo que solemos admitir y que no nos hacía tanta gracia perder el país que habíamos construido. Y no estaba en el guion que hubiera un número considerable de españoles que sacara la bandera, o que la comprase para ir a una manifestación…

A.N-Brabo: Por primera vez en décadas se tenía la sensación de que todo se podía ir al traste, y que la respuesta que es capaz de suscitar sea la proliferación de banderas en los balcones o la participación en manifestaciones cívicas creo que es una prueba de madurez democrática.