Elecciones AndalucíaLas cuentas de la derecha para desalojar al PSOE del poder en Andalucía

Tras 36 años de gobierno socialista, los andaluces han apostado claramente por un cambio político en su comunidad. Queda por ver cómo articulan PP, Ciudadanos y Vox el giro histórico en la Junta de Andalucía

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El reloj de Andalucía está marcando la hora que parecía que nunca iba a llegar. La hora de un Gobierno regional sin el PSOE. La única autonomía de España en la que siempre había gobernado un mismo partido, la región de Europa donde más años llevaba unas mismas siglas en el poder está a un paso de vivir un relevo inédito. Es la hora de la derecha, abocada a un acuerdo a tres bandas - PP, Ciudadanos y Vox- para ejecutar lo que parece un mandato diáfano de las urnas: la voluntad de que el socialismo abandone la Junta de Andalucía tras casi cuatro décadas de gobierno.

Tras el sorprendente resultado de ayer, las cuentas están claras: el PSOE no tiene opciones de seguir en el poder. Sus paupérrimos 33 escaños, doce diputados menos que el peor resultado de este partido en su historia (45 diputados en 1994), no le dan opciones de gobernar junto a Adelante Andalucía, la coalición de Podemos e IU que se había ofrecido como muleta para la investidura. Contra todo pronóstico, las dos fuerzas de izquierda se han quedado muy lejos, a cinco escaños, de los 55 diputados que otorgan la mayoría absoluta de la Cámara, imprescindible para la investidura. La única posibilidad de que Susana Díaz continuase en el Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Junta, sería que Ciudadanos ofreciese sus 21 escaños en una triple alianza con socialistas y comunistas, una hipótesis impensable, toda vez que la formación de Albert Rivera ha reiterado durante toda la campaña electoral que no apoyaría en ningún caso a la hasta ahora presidenta, y menos aún con Adelante Andalucía en el acuerdo. La euforia y los gritos de «¡ahora sí, ahora sí!» anoche en la celebración de Ciudadanos eran elocuentes.

Con este resultado, Andalucía está en la hora de un acuerdo a la derecha del PSOE, el escenario que parecía imposible en el granero socialista. La música del acuerdo es ensordecedora, pero queda por discutir la letra del mismo. Lo normal, en función de los resultados, sería que el candidato popular, Juanma Moreno, fuese elegido presidente de la Junta de Andalucía con los votos de Ciudadanos y Vox, que sumarían 59 escaños, cuatro por encima de la mayoría absoluta.

Hay que discutir las condiciones del acuerdo. Las tres fuerzas son imprescindibles para el cambio, y todas pretenderán poner sus condiciones. El PP sufre un importante desgaste, siete diputados menos que en la convocatoria de 2015, pero ha sido la fuerza más votada en el bloque alternativo. Mantiene una ventaja apreciable sobre Ciudadanos, 2,5 puntos y cinco diputados, por lo que Moreno aspirará legítimamente a presentarse como candidato.

Ciudadanos argumentará a buen seguro su fuerte subida, de nueve a 21 escaños, por lo que se sentará en la mesa de negociación como fuerza emergente y pieza clave de la hecatombe socialista, ya que parece evidente que mucho voto del PSOE se ha refugiado en la formación naranja.

Y hay que esperar a ver cómo llega Vox al Parlamento andaluz. El partido de Santiago Abascal, que presentaba candidato a la Junta al polémico exjuez Francisco Serrano, es la gran sorpresa de las elecciones, logrando un éxito casi sin precedentes en la política andaluza: sólo Podemos, en 2015, tuvo un mejor estreno en las elecciones autonómicas, con 15 diputados. Vox llega con fuerza para imponer condiciones.

Es la hora del adiós al socialismo en la Junta, pero también la hora de que las fuerzas a la derecha del PSOE demuestren su capacidad de negociación. La experiencia previa es nula, dado el apoyo de Ciudadanos al PSOE en la anterior legislatura y la irrelevancia de Vox en el panorama político regional hasta la noche de ayer. Los tres partidos deberán debatir si conforman un gobierno de coalición o si simplemente apoyan a un candidato de consenso y sellan un pacto de legislatura similar al que Marín ya firmó con Susana Díaz en 2015.

Hasta anoche, Andalucía había vivido diez elecciones autonómicas que terminaban invariablemente de la misma forma: con el PSOE abocado a mantenerse en el poder, ya fuera solo o en compañía de otros. Pero, como ocurre cuando llega la primavera, es el momento de ajustar la hora en el reloj: anoche empezó la cuenta atrás hacia una nueva era.