Los desafíos del Gobierno: gasto público
ED CAROSIA

Los desafíos del Gobierno: gasto público

La nueva etapa encara enormes desafíos, desde el empleo y la educación de la nueva generación a la recuperación del respeto entre instituciones y el valor de la persona ante el Estado

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No es casualidad que cientos de miles de ciudadanos de España y del resto del mundo desarrollado hayan salido a la calle a la vez a expresar su cabreo literalmente soberano. Razones para el pataleo no faltan.

Unos están hartos de que el 1% de arriba gane siempre (hasta cuando se pierde) mientras que el otro 99% no gana nunca. Otros, de que los gobiernos hayan sido tan generosos con dinero de otros que tiraran la casa por la ventana cuando las cosas iban bien y que negaran la realidad cuando el edificio se derrumbaba.

No entienden que los gobiernos no hayan pedido cuentas a los artífices del estropicio.

Y peor aún, la mayoría empieza a dudar que sus voces sean realmente escuchadas, desconfía de un sistema político opaco, neciamente partidista y con vías limitadas de participación ciudadana y rendición de cuentas.

Las últimas décadas no han sido nada malas para España. Nunca en la historia habíamos disfrutado de un período de mayor prosperidad económica. Pero la fiesta terminó, el dinero fácil se agotó, el crecimiento se frenó, la competitividad del modelo económico tocó techo, el Estado dejó de ingresar y el crédito se secó cuando más se necesitaba.

Austeridad de los mercados

Ahora los mercados demandan austeridad para seguir prestando, mientras la economía demanda inversión y transformación para seguir creciendo, y los más débiles—parados y jubilados sin patrimonio—protección para seguir tirando.

Resolver este puzle será complicado y doloroso. Y sólo si el ciudadano de a pie se siente con voz real, estará dispuesto a soportar la carga que le toque. De ahí que los esfuerzos por mejorar el funcionamiento de la democracia española sean tan importantes como los esfuerzos para enderezar la economía. Sin lo uno difícilmente se conseguirá lo otro.

Al nuevo Gobierno le espera una etapa de austeridad tan necesaria como peligrosa.

Excesivo gasto

Un gasto excesivo llevará a España a la insolvencia y al desastre financiero y económico. Pero un tajo presupuestario sin buena puntería puede sumir a España en una sangría económica de penosa recuperación.

España puede sobrevivir sin aeropuerto en Ciudad Real, con copago sanitario o con menos kilómetros de AVE, pero se juega su futuro si no mejora dramáticamente la educación y la investigación, si no facilita la innovación e incentiva la creación de empresas, que son la base de la competitividad. También se juega su modelo de convivencia si deja de proteger a los más débiles.

No queda más remedio que apretarse el cinturón (pero sin asfixiarse) y reinventar el modelo económico para ganarse la vida en una economía mundial cada vez más competitiva. Los que más recursos tienen, tendrán que apoquinar. Y los que menos, aguantar. Y entre todos habrá que mejorar el modelo de democracia (empezando por los partidos y el sistema de representación) para que todo el mundo sienta que tiene verdadera voz y oportunidad.

Si las cosas se hacen bien, aún hay esperanza de que España emerja más próspera y más justa. Si no, nos espera una década pérdida.