Soraya Sáenz de Santamaría ayer tras los resultados
Soraya Sáenz de Santamaría ayer tras los resultados - Isabel B Permuy
La pugna por Génova: la lucha por comunidades

Compromisarios, espadas en alto

El apoyo de las comunidades determinarán el futuro de la formación popular

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Galicia: no se ve mal un pacto que corrija el voto militante

De puertas para fuera, el PP de Galicia -es decir, Feijóo- va a mantener una posición silente hasta «escuchar las propuestas» que presenten en los próximos días los ahora candidatos oficiales al congreso, y vea cómo se reordena el tablero, qué movimientos se producen de posibles pactos y alianzas. Y una vez que el terreno se despeje, podrá manifestar su opinión, «interpretando acertadamente» a la militancia.

Así lo explicitó ayer el secretario general del PPdeG, Miguel Tellado, quien además deslizó que «es tan legítimo que haya un acuerdo de los dos candidatos como que lo haya entre uno de ellos y otro de los precandidatos que no pasaron el corte», es decir, que no verían reprochable un pacto Casado-Cospedal para doblegar a Sáenz de Santamaría en el cónclave popular.

Tellado tampoco compró el argumento de la exvicepresidenta de que es la legitimada para presidir el partido por haber ganado el voto de los afiliados, y recordó que el sistema «es a doble vuelta», por lo que hasta entonces todo puede pasar. A su juicio, no sería «incoherente» que Casado ganara finalmente el congreso, pese a no haber sido el vencedor entre la militancia.

Bajo el mantra de que el éxito del congreso se medirá por el objetivo de la unidad del partido, Alberto Núñez Feijóo ya aclaró ayer que la integración no tiene porque lograrse obligatoriamente antes de la cita congresual, sino que puede fraguarse «durante y después», otro mensaje claro de que no necesariamente hay que forzar una candidatura unitaria para el refrendo de los compromisarios sino que, de quedar heridas, estas pueden coserse con posterioridad.

Feijóo también se felicitó ayer por el hecho de que Galicia cumpliera con su anunciada «neutralidad», y lo contrapuso a las direcciones de otros territorios donde sí se tomó partido por uno u otro candidato. De hecho, ningún dirigente relevante del PP gallego exhibió sus preferencias en todo este tiempo. La muestra más clara de esta neutralidad, según Tellado, es que Cospedal ganó en tres provincias -La Coruña, Pontevedra y Lugo, además del global gallego- mientras que Santamaría lo hizo contra todo pronóstico en Orense. «Los resultados avalan la neutralidad», sentenció.

Galicia se presentará en el congreso como la cuarta comunidad con un mayor peso, en virtud de sus 327 compromisarios entre natos y electos. En las votaciones del jueves, Cospedal se impuso en los entornos rurales y las ciudades de La Coruña, Ferrol, Santiago y Pontevedra; Casado lo hizo en la comarca de la capital lucense y en Vigo, la urbe más poblada de Galicia; mientras Santamaría venció en Orense ciudad y Vilagarcía. La exministra de Defensa aventajó en diez puntos a Casado y en doce a la exvicepresidenta.

Andalucía: el éxito de la alargada sombra de Javier Arenas

El abrumador respaldo obtenido por Soraya Sáenz de Santamaría en Andalucía (54,4% de los votos frente al 28,3% de Cospedal y el 16,2 de Casado) ha sido uno de los principales baluartes en los que la exvicepresidenta ha basado su ajustada victoria. Desde el principio, la nomenclatura regional del partido le ofreció un respaldo total, que ayer trataba de rentabilizar sacando pecho la dirección encabezada por Juanma Moreno.

No en vano, además de la abultada victoria en territorios que se tenían seguros, como Málaga, Huelva o Cádiz, Sáenz también consiguió imponerse en Granada, pese a las «recomendaciones» de la dirigencia del partido, y especialmente en Sevilla, donde los populares están abiertos en canal. Aquí sorprendió la magnitud de la derrota de María Dolores de Cospedal, avalada por el exministro y exalcalde hispalense Juan Ignacio Zoido.

Así las cosas, y ante el temor a lo que pueda estar por venir, el núcleo duro del PP-A lo fía todo ahora a un resultado en el congreso que no desvirtúe la opinión mayoritaria (aunque sea por poco) de la militancia. En este sentido, las llamadas a una lista unitaria de consenso fueron ayer la constante. Más contundente, Elías Bendodo, presidente de la formación en Málaga, quien apeló a la «coherencia» con los postulados habituales de su partido y permitir así que lidere la lista más votada. Sin más. Aunque exista lugar a la incertidumbre, se estima que el voto de los compromisarios que salen de Andalucía está «controlado».

En cualquier caso, el resultado en Andalucía deja otras variables de cara al futuro -y muy conectadas con el pasado- no menos importantes. Pues, aunque efectivamente la dirección se haya volcado con Sáenz de Santamaría, resultaría inocente eludir el trascendental papel que en los guarismos finales han tenido dirigentes como Antonio Sanz, mano derecha de Santamaría en su campaña, la exministra Fátima Báñez o, especialmente, Javier Arenas. El empeño «anticospedalista» del hasta ahora vicesecretario y exlíder regional explica mucho de lo sucedido en Sevilla.

Además, las victorias de Cospedal en Jaén, Córdoba y Almería dejan a las claras el resquebrajamiento de un partido que, seguramente muy temprano, tendrá que enfrentarse a las urnas cuando Susana Díaz convoque elecciones.

Madrid: el gran trampolín de Casado hacia la victoria

Madrid fue el gran motor de Pablo Casado en las primarias del jueves y será su catapulta en el congreso extraordinario del 20 de julio. El expresidente de Nuevas Generaciones, criado a los brazos de Esperanza Aguirre, arrasó con el 55 por ciento de los apoyos y su equipo asegura que hoy «el 95% de los compromisarios está con Pablo». El presidente de la Comunidad, Ángel Garrido, y su Gobierno regional hicieron campaña a favor de María Dolores de Cospedal, pero salieron trasquilados de las primarias.

Consejeros regionales como Rosalía Gonzalo o Enrique Ruiz Escudero se quedaron sin sitio en el congreso al no salir elegidos para compromisarios en sus distritos. «El cifuentismo ha muerto», decretaron desde la primera planta de Génova señalando la derrota del equipo heredero de Cristina Cifuentes y anunciando un nuevo tiempo.

La presidencia del PP de Madrid la ejerce hoy una suerte de gestora comandada por Pío García-Escudero, que se mantuvo neutral en la carrera interna. Garrido intentó ejercer el mando pero Casado se lo arrebató. Ayer, el presidente regional no quiso avanzar si apoyará al joven portavoz de Génova o a la exvicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en el congreso. Según dijo, toca «abrir un período de reflexión y escucharles» a ambos. Garrido señaló que «cuando llegue el momento, el partido valorará quién es la mejor persona, qué hombre o mujer puede encarar las elecciones con las mayores garantías de éxito», informa Ep.

Esa equidistancia levantó suspicacias en la candidatura de Pablo Casado, donde defienden que desde Sol debería marcarse un claro cierre de filas tras la abrumadora victoria entre las bases del PP de Madrid. En todo caso, aseguran tener controlados al 90% de los compromisarios.

Casado quedó el primero con el 54,5% de los votos (4.497), por delante de Cospedal (22%, 1.911 papeletas) y Santamaría (19,6% y 1.613 apoyos). «Soraya ganó en Coslada o en Rivas, pero ahí solo sacará uno o dos compromisarios», recalcan los «casados» de Madrid, entre los que destacan miembros de la ejecutiva del PP regional como Antonio García-Terol, Isabel Díaz Ayuso o Ana Camíns. «De 200 pueden sumar 15 o 20», insisten, muy seguros de la victoria en el congreso.

Madrid es la cuarta región que más compromisarios aporta al congreso del PP: 207 electos y 49 natos, esto es, 256 en total. Y volverá a ser la anfitriona del decisivo cónclave en el que saldrá proclamado el futuro líder del partido, el próximo día 21.

Comunidad Valenciana: movilización del aparato por Sáenz de Santamaría

En el tercer territorio con más peso, Soraya Sáenz de Santamaría ganó con el 43,88% de los votos, casi 500 más que Pablo Casado, quien quedó en segundo lugar con el 38,09%. María Dolores de Cospedal quedó la tercera con el 14,29% de los apoyos. Especialmente destacado fue el resultado de Alicante, donde la exvicepresidenta del Gobierno obtuvo el mayor número de votos, aunque llamativo el de la ciudad de Valencia, donde venció el vicesecretario de Comunicación.

El resultado favorece a la dirección regional, que en gran parte se había decantado por la ganadora. Otros, sin embargo, quedan tocados. Es el caso del mayor cargo institucional de los populares en la Comunidad Valenciana, el presidente de la Diputación de Alicante, César Sánchez, quien se posicionó con Cospedal.

Pasado ya un día del escrutinio, el objetivo está puesto en los compromisarios. La estrategia del aparato ha sido la de movilizarse desde el inicio del proceso en este sentido, más incluso que para recoger apoyos. «Puede que acabe habiendo más compromisarios que votos a favor de Soraya», remarcan.

En este territorio hay un total de 385 (185 de ellos en Alicante), entre los que se encuentran los natos. Es decir, cargos de la formación cuya posición es más probable que vaya en consonancia con la de la cúpula.

Si algo destacan fuentes de la formación es que no se puede extrapolar por bloques de candidatos. «No se va a cumplir que los que estaban con Cospedal y con Margallo ahora se vayan con Casado, eso es muy relativo. Hay gente a la que no le gusta la crítica que éste ha hecho a Rajoy o las personas que hay detrás de él», indican. «Además, no nos podemos permitir un nuevo presidente del PP imputado», añaden.

La dirección del PPCV aboga por un acuerdo en primer lugar, tal como manifestó ayer su presidenta, Isabel Bonig. De no ser así, dejó su postura clara: «Quien ha ganado a nivel de la Comunidad Valenciana es Soraya Sáenz de Santamaría y hay que respetar la voluntad de los militantes».

Bonig, a diferencia de otros miembros de la cúpula, había mantenido neutralidad hasta ahora por dos motivos. Uno, para que calara el mensaje de libertad total entre los militantes y, dos, por sus dudas entre Santamaría y Casado (uno de sus apoyos más importantes cuando quiso tomar medidas contra los concejales de Valencia por el caso Taula).