Madre e hija guardaron durante años el rencor hacia Carrasco
La hija detenida, Montserrat Triana - abc
Asesinato de Isabel Carrasco

Madre e hija guardaron durante años el rencor hacia Carrasco

Montserrat Triana, de 35 años, fue despedida de la Diputación en 2011. Se querelló meses más tarde, pero tras dos años esperando sentencia ésta le fue desfavorable hace solo cuatro días

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La rabia había estado creciendo durante más de dos años en su interior. Ingeniera de Telecomunicaciones, Montserrat Triana Martínez González, de 35 años estuvo trabajando cuatro y medio en la Diputación de León. En mayo de 2011 fichó por última vez. El enfado por su salida fue «mayúsculo», señalaron antiguos compañeros, quienes entonces entendieron que con el tiempo, la situación se tranquilizaría. [Un policía local entrega el arma que mató a Isabel Carrasco]

Sin embargo, no fue así, la ira no se apagó ni en ella ni en su madre, de 55 años, quien cada día seguía pasando sus horas empleada para esa misma administración, en la que había compartido patrón con su hija. Ambas tenían claro una culpable: Isabel Carrasco, decían que había sido cosa suya, y lo han seguido manteniendo hasta el último momento, cuando presuntamente han optado por la peor solución que podrían haber encontrado a sus problemas: acabar con la vida de su exjefa, con la que también había compartido siglas la joven, que concurrió en el 2007 en las listas del PP en el Ayuntamiento de Astorga, localidad de la que procedía y en la que aún vivían sus padres. Ocupó el número siete.

Hija y esposa del jefe de la Policía Nacional en la capital maragata, las dos detenidas como presuntas autoras del asesinato de Carrasco pertenecen a una familia «normal», explican sus vecinos. Recuerdan como Montserrat se mudó en 2007 a León, cuando empezó de interina como ingeniera en la Diputación, institución entonces capitaneada por Javier García Prieto. Luego llegaría Isabel Carrasco, y al principio todo iba bien, pero hubo un punto en el que la relación comenzó a torcerse. Al parecer, una serie de «encargos» de la presidenta a su trabajadora hicieron despertar discrepancias de criterios hasta que en 2011 cesó su relación laboral.

Montserrat fue empleada de la Diputación y culpaba a Carrasco de su desempleoAntes, en 2010, la Corporación provincial había convocado una plaza para convertir ese puesto interino en plaza de funcionario. Pero la oposición no fue ganada por Montserrat Triana, que quedó segunda. La Diputación contrató al ganador, con lo que despidió a la también afiliada al PP. Sin embargo, poco después, el titular de la plaza pidió una excedencia y abandonó la plaza. La Diputación no llamó otra vez a Montserrat Triana para ocuparla, sino que decidió suprimir la plaza, lo que agudizó el enfado de la ingeniera. Montserrat Triana entendió siempre que esas diferencias habían propiciado que no continuara. A ello, se sumó que en 2011 su nombre no figurara en las listas del PP en Astorga, como así había sido cuatro años antes, cuando por no demasiados votos no tuvo plaza de concejal.

La situación se torció aún más cuando siete meses después, llegó una carta en la que la Diputación le exigía la devolución de un complemento que se le había abonado y se entendía que no le correspondía. Eso fue el colmo para madre e hija, que iniciaron una batalla legal para reclamar que, al menos, ese dinero se quedara en su cuenta.

Meses de litigio

Meses y meses de litigios después decidieron ayer llevar el rencor a un nivel injustificable. Hace tan solo cuatro días había recibido la sentencia: desfavorable para sus intereses. Con guantes para no dejar huellas y un gorro que tapara su rostro salieron presuntamente de casa con arma en mano. Sabían dónde encontrarla a su presa. Tras varios años trabajando en la Diputación les era de sobra conocido dónde residía, aunque habitualmente va acompañada y el acercamiento y la huida podían complicarse. Se investiga si habían vigilado y esperado ese momento en el que estuviera sola. Lo cierto es que ayer, por casualidades, así fue.

Tras salir a las cuatro y media del restaurante del hotel Conde Luna, acudió a su hogar a cambiarse de ropa para regresar a la sede del PP en la que había estado previamente y donde la esperaban para dirigirse a un acto de campaña electoral de Rajoy en Valladolid. Entre su domicilio y el del partido dista un puente y pocos metros más, por lo que nadie la acompañaba. Fue entonces, cuando cruzaba el río, el rencor se convirtió en varias balas que consumieron la vida de Isabel Carrasco.

No está totalmente confirmado quién de las dos apretó el gatillo, aunque la Policía cree fue la madre, que pero sí que tras los disparos, según varios testigos, pudo oírse: «Está muerta, está muerta». A escasos metros del lugar del crimen fue apresada la madre a bordo del coche familiar, un Mercedes, en cuyo maletero se encontraron los guantes y gorro con los que se habrían ocultado.

«La venganza personal» fue su móvil, según fuentes policiales. Mientras, en Astorga, donde aún vivía los progenitores no «se lo podían creer». «Amable y respetuosa», decían de la madre, y «simpática» de su hija.