Los cronistas catalanes se muestran españoles más allá de la geografía
Una bandera nacional ondea sobre banderas catalanas en la Plaza Cataluña de Barcelona - abc

Los cronistas catalanes se muestran españoles más allá de la geografía

La vocación hispánica de la Cataluña medieval

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La búsqueda de los orígenes nacionales como justificación del nacionalismo entendido como ideología y proyectos políticos ha sido un común denominador del nacionalismo catalán en sus diferentes fases. Si en el siglo XIX el objeto no era poner en duda la «nación española» sino afirmar la pluralidad «sociológica y étnica» de España, en el siglo XX esta historiografía de corte romántico pretende poner las bases de la negación de España como nación, limitando su existencia histórica y contraponiéndola a una historia e identidad catalana que la precedía en el tiempo.

Así, parte de los esfuerzos de la historiografía romántica nacionalista ha sido justificar la escasa tradición de España, que tendría, a lo sumo, doscientos o trescientos años de historia, contraponiéndola a la existencia de una Cataluña más que milenaria. Estos esfuerzos por crear una identidad catalana ancestral en contraposición a una identidad española moderna e impuesta por las armas, no sólo traiciona el legado científico de Vicens Vives, que acusaba a estos historiadores de «manipular la realidad histórica», como apunta Aurell, sino que va en contra de la propia evidencia científica.

¿Cómo explicar si no el fervor hispánico de los autores catalanes de la propia Edad Media? Un fervor que aparece reflejado en la mayoría de cronistas catalanes que expresan un sentimiento hispánico que va más allá de conceptos meramente geográficos.

Y es que al contrario de lo que afirman algunos historiadores nacionalistas, sobre el significado puramente geográfico de la palabra España, lo cierto es que los escritores medievales no hacen otra cosa que reforzar el discurso hispanista de los autores godos, rememorando la unidad perdida por la invasión árabe y considerándose a sí mismo como naturales de España, aunque sirviendo a diversos reyes.

Conciencia de pertenencia

Siguiendo la magnífica obra de Luis González Antón, «España o las Españas», las crónicas de esta época, centradas muchas de ellas en un reino o, incluso, en un monarca, enmarcan siempre sus historias en las «ystories d’Espanya, les conquestes d’Espanya, los pobladors d’Espanya o los reyes de Espanna». De esta forma, conviven en una misma crónica la conciencia de pertenecer a una unidad política mucho más amplia que la delimitada por el monarca.

Esta unidad surge de la convicción del pasado común godo de todas las tierras de España. La historiografía nacionalista, ha querido ver en la Marca Hispánica y su relación con los francos como un hecho diferencial de Cataluña dentro de España. Una Cataluña que miraría a Europa desde la Edad Media en comparación a una Castilla encerrada al sur de los Pirineos.

Nada más lejos de la realidad. Los cronistas medievales son conscientes de sus raíces góticas comunes con los demás reinos y así lo expresan. Si Ramón Berenguer I se atribuye la autoridad de la legitimidad goda a la hora de redactar leyes y fueros, cronistas posteriores como Carbonell hacen referencia a la «Hespanya Gothica», o un Mieres que reafirma el origen godo de catalanes y aragoneses.

Respecto a Ramón Berenguer I cabe recordar que el jurista Socarrats señala como este conde «que dio los Usatges, se tituló dominador de España», mientras que Ramon Berenguer III en el Liber Feudorum Major se titula «Marqués de Barcelona y las Españas».

El godo Guifré el Pilós

Es más, la propia creación de Guifré el Pilós como mito fundador de Cataluña tiene connotaciones godas. Así, Pere Antoni Beuter hablará de él como «natural español» y Francesc Calça y Francesc Diago lo llamarán godo.

España como realidad política es común en todas las crónicas catalanas de la Edad Media. Así se aprecia en los Gesta Comitum Barcinonensium, en el Recort de Gabriel Turell o en el Libre de feyts d’armes de Catalunya, del falso Bernat Boades. Como explica Luis Suárez, en la España medieval existía una «conciencia de unidad. Los reyes de España compartían un principio de legitimidad que los hacía solidarios. De ahí que interviniesen constantemente unos en los asuntos de otros».

Así, Turell escribe: «tanta bella obra como se muestra en Spanya», el falso Boadas hace un cántico a España al afirmar «la princessa de totes les provincies, que be.n és Spanya per la sua gran riqueza, e bellea e noblea, e per la bellicorositat dels seus naturals, ente totes les del món».

Es más, el falso Boadas clarifica de manera nítida lo que entiende por España y lo que entiende por Cataluña al afirmar: «Cuando vinieron (los cartagineses) a España, toda la tierra estaba divida en muchas y diversas regiones… y en esta parte que hoy llamamos Cataluña, estaban los ilergaones».