En las tripas del guardián de Rota
Llegada a la base de Rota del destructor estadounidense «Donald Cook» - antonio vazquez

En las tripas del guardián de Rota

Con la llegada del destructor «Donald Cook», la base española se convierte en plataforma de proyección de EE.UU. para derribar misiles enemigos

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Égida, del latín «aegis»: escudo o coraza de piel de cabra; protección que hacía invulnerables a Zeus y Atenea. Precisamente a esta divina defensa de la mitología helena recurrió la industria del armamento estadounidense cuando pergeñó a finales de los años sesenta un sistema capaz de detectar, rastrear y derribar objetivos (misiles, aviones o buques) con misiles guiados. Lo llamaron «Sistema de Combate Aegis».

Ahora la empresa Lockheed Martin, heredera de aquella tecnología, desarrolla su última versión, que incluye la defensa antimisiles balísticos desde buques de guerra; 26 navíos tienen ya esa capacidad provistos con los misiles SM-3 (22 estadounidenses y 4 japoneses). Uno de ellos, el destructor estadounidense USS «Donald Cook», tiene desde el martes su base en Rota, como parte naval del «escudo antimisiles de la OTAN» para el Mediterráneo.

Esta es la mayor aportación cualitativa que realiza en estos momentos España a la Alianza Atlántica y que se verá completada en 2015 cuando otros tres destructores (USS «Ross», USS «Carney» y USS «Porter»), de la misma clase Arleigh Burke, tengan también su base en unas instalaciones militares impulsadas tras el acuerdo «Franco-Eisenhower» hace 60 años. En total, 1.100 marinos con sus 3.000 familiares se asentarán en la base y poblaciones de alrededor.

Suficientes misiles»

Martes, mediodía del 11 de febrero (35 aniversario de la Revolución iraní). El «Cook» ancla en el muelle 1 de la base. Tras la ceremonia de bienvenida accedemos al buque engalanado que debe su nombre a un héroe de la guerra de Vietnam. El equipo de relaciones públicas de la US Navy nos tiene preparada una visita de unos 45 minutos a los periodistas acreditados, se admiten todo tipo de preguntas.

–¿Cuántos misiles SM-3 lleváis a bordo? (La primera, la más indiscreta).

–No estamos autorizados a decir el número. Lo que sí le puedo asegurar es que suficientes para proteger a la zona asignada de defensa, a este buque, aviones, navíos o submarinos aliados que se requiera.

Quien responde es la suboficial Diana Junco –costarricense de nacimiento, 19 años en la US Navy la contemplan–. Pertenece al grupo de navegación, donde es una jefa especialista en operaciones.

Tras visitar el puente de mando, nos adentramos en el CIC del buque, siglas por las que se conoce al Centro de Información de Combate. «Desde aquí identificamos los misiles o aviones, también los buques... y activamos cualquier tipo de defensa combativa», nos explica la suboficial Junco en una sala donde tan solo se advierte un monitor encendido, con las instalaciones de la base de Rota.

Novatos

En el buque de 154 metros de eslora, con una dotación de 338 marinos, existe una categoría laboral extraoficial mayoritaria: los «pelones», como se les conoce en Rota. Son aquellos muchachos que se inician en una misión en el exterior. A estos novatos pertenece Elihu Santos, natural de Texas y que con 21 años ya espera a su quinto hijo, una unidad familiar numerosa que le da derecho a alojarse en las mismas viviendas de la base. «Mi servicio es por tres años. Cuando supe que mi primer destino iba a ser España me puse muy contento. Mi mujer también. Pensamos que sería la mejor oportunidad para nuestros hijos, sobre todo por el gran sistema de enseñanza que existe en España».

Este tejano, criado en México y Puerto Rico, es uno de los encargados del sistema de lanzamiento vertical Mk-41 del «Cook» que junto a los propios misiles SM-3 y, sobre todo, el radar SPY-1 conforman la «columna vertebral de la protección que nuestra Alianza da a toda la población europea contra la amenaza de la proliferación de misiles balísticos», en palabras del embajador estadounidense, James Costos, durante la ceremonia de bienvenida.

Rota: «pieza central»

«La amenaza». He ahí el concepto voluble al que quiere dar respuesta la OTAN, con carácter disuasorio primeramente, con estos cuatro buques en un incierto Mediterráneo (Libia, Siria, Egipto, Túnez...) donde los estados de hoy pueden convertirse en terreno abonado para los grupos terroristas de mañana.

El propio secretario general de la Alianza Atlántica, el danés Anders Fogh Rasmussen, reconoció la importancia de Rota («pieza central»): «Por primera vez, un buque de la Armada de EE.UU. equipado con el sistema de defensa antimisiles Aegis está permanentemente basado en Europa». Otros países, como Holanda, Polonia, Rumanía o Turquía, hacen sus aportaciones al «escudo antimisiles» de la OTAN con radares y lanzaderas de misiles terrestres.

Además de interceptar misiles balísticos de corto y medio alcance (de 150 a 3.000 kilómetros), los destructores estadounidenses, con capacidad para proyectar aviones no tripulados, llevarán a cabo otras misiones, como informó en Rota el secretario de la Armada estadounidense, Ray Mabus: «Desarrollarán misiones de cooperación en seguridad con nuestros socios y amigos en África y Oriente Próximo».

Apoyo a «países amigos»

Esta declaración de intenciones, unida al hecho de que el acuerdo con España contempla la posibilidad de que los destructores lleven a cabo «sus misiones de carácter bilateral u OTAN en aguas internacionales» (nunca en la misma base de Rota o aguas españolas), abre la puerta a otro tipo de operaciones en apoyo a países «amigos» como Israel, un ámbito de colaboración hacia el cual se muestra proclive la OTAN como con otros estados de Oriente Próximo. He ahí otra clave.

Por todo ello, no es de extrañar que horas antes de echar anclas en territorio español el Ministerio de Defensa iraní anunciase el «éxito» de la prueba de un nuevo misil («Bina») con capacidad para alcanzar un objetivo a a 2.000 kilómetros (Israel, en otras palabras). Para contrarrestar esa y otras amenazas, en el Mediterráneo estará «Aegis», el escudo con base en Rota.