MAYA BALANYA

Rajoy evita la autocrítica por el 21-D pero sus barones le piden reaccionar

El presidente limita el «efecto Cs» pero en el PP sí temen su avance más allá de Cataluña: «Son parecidos pero más atractivos», avisa un líder regional

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Tras el 21-D, el PP afrontó su peor resaca, la que produce la derrota rotunda y sin matices, como la registrada en Cataluña, donde se quedó en el peor resultado de su historia, al borde de la extinción. Mariano Rajoy presidió primero el Consejo de Ministros, en La Moncloa, y luego el Comité Ejecutivo Nacional del PP, en la sede nacional del partido, para hacer un análisis de las elecciones autonómicas catalanas. Sin un atisbo de autocrítica, el presidente del Gobierno sólo reconoció lo evidente, que los resultados habían sido muy malos para el PP y que «la gente no está contenta», pero no mostró ninguna intención de tomar medidas drásticas dentro de su formación.

El líder catalán, Xavier García Albiol, le ofreció dimitir en la misma noche electoral tras el naufragio electoral, que deja al PP con tres escaños en el Parlament. Pero Rajoy le pidió que no se precipitara y Albiol aceptó porque, según explicó, marcharse ahora supondría abrir una brecha mayor en la crisis de identidad del PP catalán. «Lo fácil sería irse», dijo ayer en Madrid. El líder catalán admitió que tienen pendiente un «replanteamiento profundo» en Cataluña. La número dos, Andrea Levy, habló de la necesidad de hacer «una reflexión sincera sobre qué hacer».

Un partido en «shock»

El PP sigue en «shock» aunque ninguno de los dirigentes alzó ayer su voz en Génova. Caras largas y mucha «frustración» tras ver el avance «espectacular» de Ciudadanos, que crece a su costa. «Nosotros hacemos el papel sucio y ellos se benefician», reflexionó un cargo nacional. Numerosas voces advierten en privado del temor a que la victoria de los de Albert Rivera en Cataluña se contagie a otras comunidades en 2019. «Quien no vea es que está ciego o no quiere verlo», avisó días antes un miembro del Gobierno. Pero Rajoy minimizó el impacto: « Las elecciones catalanas no son extrapolables». Recordó que hace un año le superaron por 100.000 votos a Cs en las generales. Podemos arrasó entonces y ahora también ha caído. El voto es variable.

Pese a los esfuerzos de Rajoy por calmar a sus barones, varios de ellos reconocen en privado su temor a que Rivera les siga comiendo terreno electoral. Y llaman a una reacción urgente antes de que lleguen las autonómicas de 2019. «Ciudadanos es un partido parecido al nuestro, pero mucho más atractivo. O nos ponemos las pilas o nos comen la tostada», opina un líder regional que alerta de signos preocupantes porque Cs les roba banderas y, con ellas, a sus simpatizantes.

Otros dos barones se quejaban ayer de la falta de visibilidad del PP. Toda la acción política se vuelca en el Ejecutivo y sus 134 diputados apenas tienen margen de tomar la iniciativa, en minoría. «El partido se ha gubernalizado mucho. O la marca PP empieza a venderse otra vez o estamos muertos. El Gobierno debe dar más espacio al partido», sostiene un veterano líder regional.

Descargar culpas

Mientras tanto, el PP continuó con la estrategia de culpar a Rivera de su retroceso en Cataluña por haber apelado al «voto útil» para concentrar todo el constitucionalismo en Inés Arrimadas. Su victoria en las urnas, 37 escaños, truncó las opciones de PSC y PP para sumar. Albiol repitió su censura contra Rivera: su «alegría de cinco minutos» el 21-D pero sin opción de gobernar. En el PP descargan también su fracaso en la «campaña mediática» en favor de la líder de Cs. «Se ha buscado descapitalizarnos», se quejó un miembro de la dirección nacional.

El presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, fue el único en hacer un examen claro de conciencia: «Es evidente que tenemos que mejorar. Cuando sacamos un mal resultado lo que no podemos es echarle la culpa a los demás», aseveró. El barón más importante del PP, el único con mayoría absoluta, elogió a Arrimadas, «una excelente candidata y una justa vencedora». Internamente, muchos señalan que Albiol no contaba con un perfil seductor y que al PP le falta equipo e implantación en Cataluña. Desde la cúpula también admiten que campaña electoral no cuajó, ni en los mensajes ni en la organización de actos. El PP lució triste en Cataluña con una militancia avejentada y escuálida: el aforo máximo fue de mil personas en el mitin final de Barcelona con Rajoy, donde se olvidó el típico reparto de banderolas. Noche y día con la de Cs.

Mejor desde La Moncloa

Rajoy compareció dio su diagnóstico del 21-D en La Moncloa, lo que hizo más institucional su mensaje postelectoral y desvió el dramatismo del varapalo sufrido por su partido. Cuando se le preguntó si asumía como propio el castigo que ha recibido el PP en Cataluña, Rajoy reconoció que hace suyo todo lo que ocurre a su partido, «como lo asumen todos los militantes en toda España». El conato de autocrítica quedó en ese punto muerto. El análisis fue más una descripción aséptica que un examen de lo que ha fallado y habría que cambiar. Pero el batacazo tiene solución, según el presidente, porque el PP es «fuerte, no se inventó hace un cuarto de hora», y está «bregado» en batallas electorales. La causa de esta derrota la encuentra sobre todo en el «voto útil» que se ha concentrado en Ciudadanos, que partía como principal partido de la oposición, pero también en que los electores han acabado votando en clave «autonómica», y no como si fueran elecciones generales, en las que el PP mejora resultado.

Sin atisbo de crítica interna, Rajoy sostuvo que el PP es un partido «fuerte» que unas veces gana, y otras veces pierde. Y confirmó su intención de mantener intactos sus planes políticos y parlamentarios en la legislatura. Como si el 21-D sólo fuera una piedra accidental el camino del PP, último en el Parlament con tres escaños y menos del 5% de los votos en Cataluña.

Rajoy aseguró que no adelantará elecciones generales, como le piden algunos: «Lo que nos faltaba», señaló.